2 de mayo de 2014

Filosofìa de la ciencia y de la Tècnica: Reportaje a Mario Bunge

Mario Bunge: “Hoy día la ciencia asusta tanto a la izquierda como a la derecha” Uno de los pensadores contemporáneos más destacados, reflexiona sobre la educación,la economía, la comunicación e Internet El premio Príncipe de Asturias de Humanides opina que "la búsqueda de información hace que todo sea más rápido, pero obstaculiza la creatividad y la imaginación" Mario Bunge (Buenos Aires, 1919), es “un filósofo de la ciencia curioso”. Estudiante primero de física y luego de filosofía, doctorado con una tesis sobre cinética del electrón relativista, fue profesor en Argentina, de donde emigró por motivos políticos en 1963. Tras pasar tres años dando clase en varios países, en 1965 llegó a Canadá. En la universidad McGill de Montreal enseñó y hoy sigue siendo profesor emérito. Bunge visita Madrid de paso para Génova porque, subraya, “de allí es mi señora”. En Génova pasará dos meses, corrigiendo la versión inglesa de sus memorias: “Voy viendo que hay pasajes muy locales que quiero cambiar. Espero publicarlas en septiembre”. Serán las memorias de un lúcido testigo del siglo XX, un observador atento de la realidad analizada bajo el prisma materialista que le define, combatiendo las escuelas filosóficas “que no ayudan a buscar la verdad”, las doctrinas que anulan al ser humano y, de paso, las falsas ciencias, de la homeopatía al psicoanálisis, siempre con grandes dosis de razón y de humor. Premio Príncipe de Asturias de Humanidades y Comunicación en 1982, sus libros están publicados en España por Gedisa y por Laetoli. Algunas obras clave Tecnología, ciencia y filosofía (1963). Seudociencia e ideología (1985). Crisis y reconstrucción de la filosofía (2002). Intuición y razón (2005). Tratado de filosofía (2008). Las seudociencias, ¡vaya timo! (2010). Pregunta. ¿Puede haber filosofía fuera de la ciencia? Respuesta. Puede. La mayor parte de los filósofos no saben nada de ciencia, pero están varios milenos atrasados y no pueden profundizar en cuestiones importantes, que han sido ya respondidas por la ciencia, como por ejemplo qué es la vida, la psique, la justicia… P. Usted ha dicho que la ciencia y la técnica son los motores del desarrollo ¿Cómo está afectando la crisis a la producción de conocimiento? R. De una doble manera. Primero se han reducido en casi todas partes los fondos para la investigación y, segundo, hay una crisis ideológica y hoy la ciencia asusta tanto a la izquierda como a la derecha. Antes los únicos enemigos de la ciencia estaban en la derecha; hoy hay muchos izquierdistas que confunden la ciencia con la técnica y creen que es ante todo una herramienta en manos de las grandes empresas. P. ¿Aprenderemos algo de esta crisis? R. Los golpes no enseñan nada, no creo que aprendamos de esta crisis, sobre todo si los gobiernos siguen pidiendo consejo a los economistas que contribuyeron a crearla, a los partidarios de políticas sin regulación. P. Usted ha dicho que la técnica, a diferencia de la ciencia básica pero a semejanza de la ideología, no siempre es moralmente neutral ni por lo tanto socialmente imparcial. ¿Cuál es su juicio global sobre la actual expansión de las tecnologías de la información y sus aplicaciones? R. Todo avance técnico tiene aspectos positivos y negativos, desde el teléfono celular al iPad, que han facilitado la adquisición de información pero están destruyendo la sociedad, que se está aislando cada vez más. Están teniendo un efecto desolador, por ejemplo se leen menos libros cada vez. Antes los estudiantes dedicaban 25 horas semanales a estudiar, pero ahora ya son 15 y dentro de unos años serán 10 o 5. Las bibliotecas están vacías. P. ¿El avance y la facilidad de la comunicación es positivo para la investigación? R. La búsqueda de información hace que todo sea más rápido, pero obstaculiza la creatividad y la imaginación. Antes, cuando uno no encontraba algo en la biblioteca tenía que inventarlo o reinventarlo, exigía más esfuerzo, ahora se exige menos y eso no es bueno. P. En la biología contemporánea hay una fuerte tendencia a la genomización que lleva al determinismo genético. ¿Qué opina de ello? R. Los biólogos auténticos no son deterministas genéticos. Hoy se habla de epigenética, el estudio de las transformaciones que va sufriendo el genoma por la acción del ambiente. Se creía que el genoma estaba blindado contra el ambiente pero hoy sabemos que puede combinarse químicamente y que esas mutaciones pueden heredarse. Sabemos que una rata separada de su madre tendrá una progenie socialmente inadaptada. P. ¿Es una nueva forma de determinismo genético? R. No, no es determinismo. Hay dos determinantes, los genes y la experiencia. Es como preguntar qué longitud tiene una cancha de fútbol. Lo que importa no es solo la longitud, es también la anchura, el área, lo mismo pasa con lo heredado y lo aprendido. Es inútil nacer con una gran carga genética si se nace en un desierto, un desierto cultural o político que haga imposible la búsqueda de ideas nuevas. P. Cajal, con cierta ironía, escribió que el ser humano tiene una glándula de creer que se va extinguiendo poco a poco pero que aún sigue presente. ¿Qué opina usted del auge de las falsas ciencias? R. Hay algo paradójico. Cuanto mayor es la educación de una persona tanto más dispuesta esta a creer en seudociencias, porque se entera de su existencia. La paradoja es que la educación, tal y como está, en vez de hacer que la gente piense en forma científica hace que se vuelva más supersticiosa. Es muy común encontrar especialistas científicos que se hacen tratar por psicoanalistas o por homeópatas. Se enseñan ideas, pero no a discutirlas; la enseñanza sigue siendo dogmática” P. ¿Qué se puede hacer? R. Hay que cualificar la manera de enseñar, que sigue siendo muy dogmática. Se enseñan ideas pero no se enseña a discutirlas. La finalidad de la educación es educar, no evaluar. Claro que necesito saber si el trabajo ha sido eficaz o no, hace falta alguna manera de evaluar, pero no con los exámenes, que solo valoran la memoria y hacen que el proceso de aprendizaje sea aterrador en vez de ser agradable y hasta excitante. P. Hay un cierto rechazo actual de la sociedad hacia la ciencia, en cuestiones como las vacunas. ¿A qué se debe? R. Es parte de la rebelión de los ineducados. Hay dos clases de rebeldes, los que saben algo y los que no saben nada y se rebelan contra todo y creen que todos los organismos del Estado, incluso las escuelas, son parte de una conspiración para dominar a la gente. Es la noción del saber entendido solo como un arma política. Se puede utilizar como arma política, pero la ciencia tiene una finalidad, estimular y satisfacer la curiosidad. P. ¿Qué les diría a quienes consideran que la historia, la sociología o la psicología no son ciencias? R. La historia es mucho más científica que la cosmología. El buen historiador busca y da evidencia de prueba, a diferencia de los cosmólogos fantasistas, como Hawking. La historia es la más científica de las ciencias sociales. P. ¿Y la economía? R. Es una semiciencia. P. ¿Cómo imagina el mundo en el 2050? R. No me animo, no soy profeta. Puede que siga degradándose, puede ser que encuentre un camino más razonable. En este momento la situación mundial está muy mal, el mundo está dominado por un imperio, como lo estaba el mundo mediterráneo a final del imperio romano, y ese imperio se está expandiendo. P. ¿Será más rápida la ciencia resolviendo problemas, como la degradación ambiental, por ejemplo, o la degradación correrá más? R. El mito moderno es que las tecnologías de la información nos van a salvar, que mejorarán la sociedad y salvarán la naturaleza, pero es un mito completo. Con un ordenador no se cultiva el trigo, aunque conviene que el tractor tenga reguladores electrónicos, pero los grandes avances en la agricultura se deben a la genética y a la ingeniería, que ha construido máquinas mejores. P. Entonces, ¿se atreve a hacer un pronóstico? R. Me dan rabia los profetas porque confunden sus deseos con las posibilidades. Para hacer predicciones hacen falta leyes y no tenemos leyes de evolución de la sociedad. (El Paìs, mayo de 2014)

27 de abril de 2014

Filosofìa de la Ciencia y de la Tècnica: El aprovechamiento de las TIC

Chile, el país de AL que mejor aprovecha las TIC, revela informe Chile es el país de América Latina que más aprovecha las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), seguido de Puerto Rico y Panamá, según el informe elaborado cada año por el Foro Económico Mundial y hecho público hoy. Mientras que México, ubicado en el octavo lugar de América Latina, es el que más puestos retrocedió al situarse en la posición 79, cuando en 2013 estaba en la 63. El indicador mide la capacidad de 148 economías de aprovechar las TIC para mejorar el nivel de conocimiento y bienestar de su población y se basa en 54 datos del Índice de Habilidad para la Conectividad (NRI, Networked Readiness Index). A pesar de que Chile se sitúa en primera posición en América Latina, pierde un puesto con respecto al año anterior, dado que ahora ocupa la plaza 35 y el año pasado estaba en la 34, lugar que ahora ostenta España. Puerto Rico también ha reculado, pues se encuentra en la posición 41 y en 2013 estaba en la 36. Panamá, que a nivel latinoamericano es el tercer país mejor situado, ha mejorado y ha subido al 43 desde el 46. A Chile, Puerto Rico y Panamá les siguen Costa Rica (posición 53, la misma que en 2013), Uruguay (pierde cuatro puestos y se sitúa en el 56), Colombia (plaza 63 y hace un año 66) y Brasil (lugar 69 frente al 60 de hace un año). Ecuador, por su parte, ocupa el lugar 82, frente al 91 de hace un año, mientras Perú, en la plaza 90, mejora considerablemente respecto a 2013 cuando ocupaba la 103. El resto de países latinoamericanos se sitúan en el ránking de la siguiente forma: República Dominicana (93ª posición), El Salvador (98ª), Argentina (100º), Guatemala (101ª), Paraguay (102ª), Venezuela (106ª), Honduras (116ª), Bolivia (120ª) y Nicaragua (124ª). A nivel global, el índice lo encabeza Finlandia, seguida por este orden por Singapur, Suecia, Holanda, Noruega y Suiza, todos ellos con la misma posición que en el índice de 2013. Estados Unidos progresó dos puestos y se sitúa en séptimo lugar, seguido de Hong Kong que avanzó seis plazas. Corea del Sur subió de la undécima posición a la décima y el Reino Unido, en el noveno puesto, es el único de los primeros diez países del ránking que ha retrocedido, en concreto dos escalones. En su informe, el Foro afirma que “se han realizado pocos progresos para limitar la brecha numérica que separa los países que hacen un uso óptimo de las tecnologías y el resto”. “Este poco progreso es inquietante para los países emergentes y en desarrollo que corren el riesgo de no aprovechar los aspectos positivos de las TIC, especialmente la innovación, la competitividad económica y la inclusión social”, concluye. (de Periòdico Digital Sin Embargo, Mèxico. Abril de 2014)

14 de abril de 2014

Etica y Deontologìa Profesional: La impunidad en Internet

Internet y la impunidad de ser invisibles El anonimato es terreno fértil para todo tipo de atropellos. Platón cuenta la historia de Giges, un pastor que encuentra un anillo mágico que vuelve invisible a su portador. ¿Qué haríamos con ese anillo? ¿Qué haríamos si se nos concediera la invisibilidad? ¿Seguiríamos comportándonos de la misma forma que hasta ahora? ¿O usaríamos este poder para satisfacer los intereses egoístas que usualmente dejamos de lado? Los griegos antiguos abordaron estos interrogantes a través de la leyenda del anillo de Giges. Narrada en La República de Platón (a través de su hermano, que pretendía exponer la posición del sofista Trasímaco), cuenta la historia de un pastor común y corriente llamado Giges. Este encuentra sin pretenderlo un anillo mágico que, al girarlo, vuelve invisible a su portador. Una vez que Giges descubre su nuevo poder abandona su humilde vida y utiliza la sortija para seducir a la reina, asesinar al rey y ocupar finalmente su lugar. De más está decir que algunos puntos de esta historia fueron una fuente de inspiración para la aclamada obra El Señor de los Anillos. Lejos de ser una mera anécdota, la historia sugiere una visión pesimista del hombre: sólo frente a la mirada externa o a la posibilidad de un castigo las personas son capaces de comportarse correctamente, mientras que la ausencia de estos factores desataría una codicia sin fin. El hombre, pues, sería constitutivamente egoísta; y la moral, sólo un factor represivo meramente exterior: una forma disimulada de gestionar ese egoísmo. Más contemporáneamente, la película Hollow Man (traducida aquí como El hombre sin sombra), protagonizada por Kevin Bacon y dirigida por Paul Verhoeven, presenta una historia muy similar a la de Giges. Esta vez, un científico trabaja en una fórmula para la invisibilidad y, cuando la descubre, la utiliza en sí mismo, abusando sexualmente de su vecina y asesinando a su equipo para mantener en secreto su poder. La razón que me lleva a reflotar este antiguo relato es, curiosamente, su actualidad. La invisibilidad de Giges no es otra cosa que la posibilidad de actuar sin el temor de ser juzgado. El avance de la tecnología posibilitó la generación de situaciones que reproducen la de Giges. El anonimato que permite en ocasiones Internet hace posible que muchos de sus usuarios realicen todo tipo de atropellos, basados en la creencia de que no serán descubiertos. Como hombres que publican fotografías de escenas sexuales o desnudos de sus ex amantes (obtenidas en la confianza de la intimidad), en las que se cuidan muy bien de no revelar su nombre, sin dudar en arruinar la vida ajena. Abundan también los foristas anónimos que incorporan a su rutina diaria la expresión de comentarios resentidos, apenas disimulados con un halo de justicia, en periódicos u otras páginas muy leídas que los permiten. Otros, en cambio, apuestan por la propagación de rumores difamatorios de las personas que envidian (a veces inventándolos y otras sólo reproduciéndolos). Paradójicamente, en todos estos casos el internauta parece tener un cierto afán de protagonismo: no es difícil adivinar que contempla con vanidad las repercusiones de su destructiva obra. Es decir que, bajo condiciones de aparente invisibilidad, muchas personas actúan hoy como lo hiciera Giges. Su conducta sugiere que su verdadera naturaleza es fuertemente egoísta, y que lo único que la limita cotidianamente es la mirada desaprobatoria del otro (no así la de quienes disfrutan de su “picardía”). Por suerte no todos actúan de esta manera, y de tanto en tanto surge un reverso de Giges: en septiembre pasado, un hombre humilde de Tucumán llegó a juntar trabajosamente los 20.000 pesos que necesitaba para un trasplante de corazón, cuando fue asaltado y despojado del dinero; luego de difundirse la noticia, una donante anónima le reintegró el monto por medio de un tercero para que su nombre no sea difundido. LA GACETA Nicolás Zavadivker - Doctor en Filosofía, profesor de Etica de la UNT. (La Gaceta Literaria, abril de 2014)

11 de noviembre de 2013

Filosofìa de la Ciencia y de la Tècnica 2

"Mucho Facebook, ¿poca concentraciòn?" En un anuncio televisivo actualmente en emisión, dos niños dibujan a sus familias. Uno de ellos dibuja a papá, mamá y a sus hermanos, todos con un móvil pegado a la oreja. Lo que el spot quiere transmitir es una oferta con acceso ilimitado al móvil. ¡Usad el móvil todo lo que queráis! ¡Correo electrónico, vídeos, Facebook, Instagram, WhatsApp! Pasamos muchas horas pegados a una pantalla. Por trabajo, pero cada vez más por placer, porque es útil para comunicarnos, nuestra prioridad. Comprobar si hemos recibido un nuevo mensaje electrónico (cosa que solemos hacer varias veces al día, obsesión recientemente bautizada como infobesidad), mantener varias conversaciones en grupo por WhatsApp, consultar confesiones y noticias a través de Facebook, Twitter y otras redes sociales… Y lo hacemos en todo momento: mientras vemos la televisión, comemos o incluso en plena obra de teatro (algunos teatros optan, en ocasiones, por permitir el uso del móvil durante la función para que compartan lo que ven en redes sociales). Todos (o la mayoría) hemos caído víctimas del influjo digital. Los menores también. En Estados Unidos y Alemania, los adolescentes pasan siete horas y media diarias usando medios digitales. Los menores leen mucho, pero han cambiado el soporte y lo hacen de manera diferente Algunos autores han alertado sobre los efectos que estos procesos tienen en la mente. Lo hizo Nicholas Carr, quien decidió abandonar la vida ultrainformada y se mudó a las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil e Internet llegaba mal, con su obra Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Y también Manfred Spitzer, director de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Ulm y del Centro de Transferencia de Conocimientos para las Neuronas y el Aprendizaje, con Demencia Digit@l. El primero resumía así los efectos de Internet en sí mismo: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”. ¿Le está pasando eso a más gente? ¿Le cuesta zambullirse en un libro o ha dejado de hacerlo por comprobar sus mensajes en Facebook? Spitzer, por su parte, escribe lo siguiente en su libro (editado en español por Ediciones B): “La afirmación de que la competencia en las nuevas tecnologías tenga una correspondiente repercusión positiva no ha sido demostrada en absoluto por el momento. Es estúpido también que justamente la neurociencia sospeche antes bien lo contrario. Y es que algunos estudios demuestran que el cerebro crece justo allí donde se utiliza. Y el enunciado al revés es también válido. Si no se utiliza el cerebro, entonces se atrofia”. A Spitzer le preocupa cómo afecta el aumento de la tecnología en el cerebro de los niños. Su opinión es que tener más acceso a estas pantallas no les viene bien: “La utilización de ordenadores en edades muy tempranas en la guardería puede motivar trastornos de la atención, y a una edad posterior, todavía en edad preescolar, puede conducir a trastornos de la lectura”. Desde la Federación de Editores de España, sin embargo, no creen que los menores lean menos. “Frente al tópico generalizado, es el sector más lector”, dice Antonio María Ávila, secretario de la federación, cuyo Anuario 2012 concluye que el 84,6% de los menores lee en su tiempo libre. “Y es lógico, están escolarizados al 100%. Pero hay dos tipos de lectura, una práctica y otra más reposada. Lo que sucede al leer digitalmente, a través de una tableta o del ordenador, es que uno siente más la necesidad de comentar lo que lee con todo el que pueda”. Un experto: “La lectura profunda se ha convertido en un esfuerzo” Eva Martín, madrileña de 13 años, está de acuerdo con Ávila. Ella juega a Minecraft en el ordenador, usa “mucho” Facebook y Twitter, pero también lee casi todas las noches un libro en la cama. “Tengo tiempo para leer y para comunicarme por WhatsApp. Son cosas distintas. Me gusta hundirme en la lectura. Ahora estoy leyendo Las lágrimas de Shiva, que es misteriosa e interesante. Me lo han pedido en el colegio. Y he escrito un cuento de 28 páginas de un niño que encuentra un anillo mágico, que es la puerta a una casa muy extraña”. ¿Se nota el cambio en los institutos? Según Amparo Torralbo, profesora de Lengua y Literatura en el IES Joaquín Araujo, de Fuenlabrada, se nota el cambio en su manera de escribir. “Me acuerdo de la primera vez que vi ‘catalán’ escrito con k. ¡Hay que ser burro!, pensé. Vemos errores gordísimos que pueden deberse a las nuevas tecnologías y veo que afecta a los chicos, a su expresión, porque te plantan una abreviatura enseguida”. En cambio, mantienen el nivel de lectura, afirma esta profesora. “Leen lo mismo que antes, pero de otra manera, se lo descargan en vez de comprar el libro físicamente. Cambian el soporte. Pero que lean o no depende más de sus gustos e intereses. Aunque muchos tienen una dependencia total del móvil”. Torralbo tiene un hijo adolescente al que le encanta jugar con la videoconsola y, como muchos padres, le ha puesto límites: solo puede usarla el fin de semana. Adriana Díaz, cacereña de 24 años, lee directamente desde su móvil. “Se ve peor que en papel, pero… Es una novela ligera tipo Cincuenta sombras de Grey que me recomendaron”. Díaz aporta otra pista: confiesa que le cuesta ver una película entera. “Es que son dos horas, se me hace difícil mantener la atención… Una serie se me pasa más rápido. Creo que hemos perdido la capacidad de concentrarnos. Todo se ha vuelto más rápido, más en pequeñas píldoras”. “Estamos pendientes de muchas cosas, pero sin llegar a solidificar nada”, dice un profesor José Antonio Luengo, psicólogo educativo, imparte clases de Técnicas de Comunicación en Educación en la Camilo José Cela y dice que, aunque la creencia generalizada es que vamos a peor, él no lo cree. “Es cierto que nuestros chicos pasan mucho tiempo enganchados a las pantallas y a las tabletas. Básicamente están desarrollando procedimientos de comunicación diferentes a los ordinarios, pero que también son importantes. Lo importante, lo que debemos estudiar, es si en la escuela se introduce y se trabaja de forma eficaz la interpretación de textos y la escritura en formato digital. Es importante que sigan manejando el libro en papel y de esto depende que en educación primaria lean textos y hagan resúmenes. Eso se hace y se va a seguir haciendo en la escuela”. No hay que mirar hacia otro lado porque los adolescentes viven en la era digital y se comunican con todo el mundo, opina Luengo. El experto cree que las escuelas tienen un reto, que es enseñarles habilidades para la lectura digital. “El profesor tiene que saber que hay una serie de habilidades que él puede aprender. Esa es una asignatura que tiene el docente también para la que no estamos suficientemente formados”. A pesar de todo, Luengo cree que el cambio no está afectando a la capacidad de lectura de los más jóvenes. “Sí están leyendo, aunque sea en el Facebook, están adquiriendo las claves de la lectura. Yo creo que nuestros chicos cuando elaboran un texto o hacen un comentario están poniendo negro sobre blanco sus ideas. Lo que sucede es que en la lectura en pantalla, la lectura profunda es incompleta. El problema es que pasamos demasiado tiempo en ese tipo de lectura y dedicamos menos a la más sosegada. La captura no es la misma cuando lees una página en papel sin interrupciones. En la lectura digital hay una cierta dispersión. Vas de una pantalla a otra, el texto te lleva a un vídeo y luego a un mapa, y la concentración es menor, aunque la cantidad de lectura es mayor”. Cómo mejorar la lectura digital Consejos elaborados por el psicólogo educativo José Antonio Luengo para mejorar la lectura digital de los jóvenes: - Cuando entre a través de la pantalla en un texto del que tenga que sacar conclusiones, no dude en seguir determinadas orientaciones del propio texto que te lleven a otras referencias, no dude en moverse siguiendo sus consejos. Pero hágalo con un cuaderno y un lápiz a mano para ir registrando ideas y observaciones. - Al terminar la lectura del texto, elabore un resumen de lo que ha leído en seis o siete líneas. No se vaya a la cama o a jugar con la videoconsola sin haberlo hecho antes. Si no ordena las ideas, las perderá y olvidará. - Después de haber sacado una idea, de haberte ido a otra página, de haber hecho un esquema, procura volver a leer el texto original en una situación en la que no interrumpa nada, sin pinchar los hipervínculos, como si estuviera leyendo en un libro. Según los expertos, hay un nuevo fenómeno que afecta cada vez a más personas: la atención parcial continua. Es lo que sucede cuando pasamos mucho tiempo ante una pantalla, “que estamos pendientes de muchas cosas, pero sin llegar a solidificar nada”, describe Luengo. “Algo así como ‘el que mucho abarca poco aprieta”. Para luchar contra el fenómeno, cree que debemos buscar un equilibrio. “El libro en papel nos permite una vida interior que es indispensable vivir y que no es tan fácil de experimentar cuando se está ante una pantalla que permite ir de un sitio a otro. Hay que equilibrar el abordaje de los textos. Porque la incapacidad que estamos observando en los alumnos les impide tener ese mundo interior. Es importante que interpreten bien lo que leen. Les digo, pinchad y leed, pero volved a la página original y haced anotaciones de lo que habéis leído”. Isidro Moreno, profesor de Tecnologías de la Información y la Comunicación en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid, incluye una nueva referencia: el conocimiento puzle. “Internet y todos los dispositivos móviles hacen que los jóvenes interpreten el mundo mediados por las tecnologías, se crea un conocimiento puzle o una sociedad mosaico. Mis alumnos manejan los medios con bastante soltura, pero se quedan solo en la parte externa de los medios, no profundizan. No les da tiempo, nadie les ha preparado y los profesores no estamos preparados en ver qué hay detrás”. “Todo esto va en detrimento de la lectura clásica, tradicional”, continúa Moreno. “Pero nos falta tiempo y sosiego para sentarnos y leer. Y cuando a los más jóvenes se lo facilitas, lo hacen, pero hay que facilitar que se dé esa situación y crearles la necesidad. Por suerte la gente joven es muy lista”. La gente que maneja libros electrónicos dedica más tiempo a leer que antes En la Fundación Sánchez Ruipérez han hecho varios estudios (en los que han participado 300 personas) sobre el impacto de la lectura digital en menores y adultos. “Desde 2008 defiendo que lo digital va a cambiar la forma de leer”, dice Luis González, director de la fundación, que explica sus conclusiones: “Esta fundación cree que lo importante no es obsesionarse con cuánto leen las personas. Todos los estudios que manejamos nos dicen que los niños leen más ahora que los de hace 10, 20 y 30 años, tanto en número de libros como en frecuencia. La gente que maneja libros electrónicos dedica más tiempo a leer que antes. Luego, en el caso de las tabletas hay otro componente positivo y es que conecta unos con otros, al contrario de los libros confinados. La desventaja es que, al tener Internet en la tableta, me salen comunicaciones continuamente y me despisto. A partir de ahora vamos a tener varios tipos de lecturas: una lectura de navegación muy superficial y esa forma de ojear se va a trasladar a la lectura de libros digitales. Y luego va a haber una lectura más pausada”. González recuerda la primera vez que leyó en un Kindle: “Subrayé una frase y el aparato me informó de que 17 personas en el mundo habían subrayado la misma frase. Me pareció muy potente e inquietante”. Él también alude a la necesidad de buscar un equilibrio. “La lectura profunda es fundamental porque te genera una capacidad de abstracción mucho mayor, te obliga a mantener un concepto a lo largo de muchas páginas. Si nos dedicamos solo al pimpam pimpam, nos devaluamos como lectores. Yo ahora me defino como un lector posdigital. Personas que hemos asumido esto y nos reencontramos con la lectura en verano y nos entregamos a una lectura más lujosa y placentera que cuando solo teníamos el papel”. De El Paìs- sociedad, noviembre de 2013

4 de noviembre de 2013

Etica Informàtica/Filosofìa de la ciencia y de la tècnica.

"Dime qué posteas y te diré quién eres" Una nueva disciplina conocida como Tecnología Predictiva es capaz de interpretar lo que ponemos en las redes sociales para adelantarse a nuestros deseos y ofrecernos desde ofertas hasta consejos para llegar a una cita Por Débora Slotnisky El film de ciencia ficción Minority Report está situado en 2054, en un contexto en el que el crimen fue erradicado en Washington porque como el futuro podía predecirse, los culpables eran condenados antes de delinquir. A más de una década del estreno de esta película protagonizada por Tom Cruise, es posible afirmar que algunos basamentos de esta obra se están haciendo realidad no en cuanto a la delincuencia, pero sí en relación a que las empresas pueden saber de antemano qué van a hacer sus clientes y consumidores. MUCHA INFO No estamos hablando de bolas de cristal ni trucos mágicos, sino de maquinarias informáticas y matemáticas que encuentran correlaciones entre observaciones y hechos dispares de miles de millones de personas. En definitiva estamos hablando de Big Data, es decir, soluciones que dan respuesta al crecimiento desmesurado de la generación de información, brindando estructura y explotando y ordenando datos de todo tipo como texto, imágenes, comentarios en las redes sociales y conversaciones telefónicas, entre otros, para que las organizaciones obtengan más información tanto sobre el mundo en general como sobre cuestiones muy específicas. Por ejemplo, Google puede predecir epidemias antes que cualquier institución especializada, al analizar las búsquedas de salud de cada región del mundo. El Instituto de Tecnología de la Universidad de Ontario, en Canadá, logró disminuir la mortalidad de los bebes prematuros con unas herramientas que permiten detectar los síntomas de los recién nacidos tempranamente, al correlacionar en tiempo real los datos provistos por los equipos de monitoreo y el diagnóstico médico. En el nivel local, Asociart ART descubrió que el 2% de su cartera de siniestros poseía una probabilidad judicial ocho veces superior al promedio de litigios potenciales. "Implementamos una solución que analiza todos los siniestros de nuestra cartera para conocer en detalle su propensión a la judicialidad. Esto nos permite realizar acciones preventivas, mejorar las estrategias de suscripción (segmentando entre casos con mínimo y alto riesgo) y mejorar la estimación financiera respecto de la pérdida esperada", explica Leonardo López, subgerente de Planeamiento y Organización de la empresa. En definitiva, las corporaciones pueden contar con predicciones muy precisas sobre nosotros, y esto es lo que se llama Tecnología Predictiva. La Tecnología Predictiva les permite, por ejemplo, ofrecer a los consumidores justo lo que ellos desean y, así, detectar oportunidades de negocio, incrementar sus ventas, fortalecer su imagen de marca y, por supuesto, aumentar sus ganancias. "Desarrollamos una solución llamada Prophet, que permite saber cuánto dinero recaudará un film que aún no ha sido estrenado. Para esto analizamos los comentarios que las personas ponen en Internet sobre la película en las instancias previas. Una vez que está en cartelera medimos, por ejemplo, los sentimientos de los tweets que hablan del film y lo traducimos en cantidad de dinero de recaudación para obtener así un resultado más preciso", explica Bernardo Huberman, senior HP Fellow y director del Social Computing Lab de los HP Labs, y agrega que esta misma tecnología se puede aplicar en cualquier otro campo, ya sea para saber de antemano cómo reaccionarán los consumidores ante un nuevo producto o para que los políticos y gobernantes conozcan los alcances de una manifestación que se está gestando. LA REVELACIÓN DEL MISTERIO ¿Pero cómo puede saberse lo que haremos? Para predecir el futuro, las soluciones tecnológicas investigan y extraen información muy detallada y precisa sobre lo que la gente habla en Internet, en especial en las redes sociales. Todo lo que las empresas saben acerca de nosotros y luego utilizan para anticiparse a lo que haremos surge de los datos que nosotros mismos volcamos de una u otra manera en la Red, casi sin darnos cuenta. Así es posible que un usuario después de quejarse varias a veces en el centro de atención al cliente de una determinada empresa, e incluso chequear los sitios de otros proveedores, reciba una promoción exclusiva con un suculento descuento. No se trata de una casualidad. La compañía sabe que este cliente está analizando cancelar los servicios y contratar a la competencia. "Los call center no dan abasto para atender las llamadas y los mensajes de los usuarios. Con estas soluciones es posible identificar a los clientes más importantes para atenderlos primero y determinar cuándo un usuario está a punto de abandonar la compañía, para retenerlo de inmediato. Para eso, lo que se hace es, por ejemplo, tomar las grabaciones de las conversaciones telefónicas con el centro de atención al cliente, pasarlas a texto y luego analizar el contenido", detalla Leonardo González Barceló, Latin America Big Data Sales Leader de IBM. A pesar de las conclusiones asombrosas que arrojan las soluciones que ya están en el mercado, Jeff Jonas, que es uno de los máximos gurús del mundo en tecnología analítica, actualmente IBM Fellow y Chief Scientist del IBM Entity Analytics Group, asegura que aún hay mucho por crecer al respecto. "El índice de precisión de las predicciones será mayor en el futuro, y el tiempo de respuesta de las empresas será aún más veloz. Incluso estará disponible no sólo para las organizaciones, sino para el usuario final. Por ejemplo, si dos amigos tienen previsto encontrarse en un bar, el primero llega, pero el segundo está demorado, ambos smartphones se comunicarán entre sí automáticamente y analizarán, en función del tránsito y la distancia, entre otras variables, un plan B para que ambas personas se encuentren cuanto antes, de manera tal que le avisarán a sus respectivos dueños de la situación, y le recomendarán opciones de bares para que ellos decidan a cuál dirigirse", adelanta el ejecutivo. EL GRAN DILEMA "No se puede predecir cualquier cosa, sino aquellos temas sobre los que la gente está hablando en el mundo online. Por eso tenemos que recordar que no todo es predecible, ya que hay personas que no están conectadas", aclara Huberman. Lejos de asustarnos por lo que las organizaciones puedan saber acerca de nosotros, los entrevistados recomiendan considerar y releer los términos y las condiciones de uso que cada empresa nos pide que aceptemos como contraprestación del servicio que nos ofrece, y esto abarca no sólo sitios, sino también aplicaciones móviles de todo tipo, incluyendo las de juegos y ocio, y las funciones que ofrecen las redes sociales. "Casi nadie lee este texto, y es ahí donde se especifica qué hará la empresa con nuestros datos personales, como venderlos o compartirlos, y con las interacciones que tengamos en este sitio de aquí en adelante para saber qué buscamos, entre muchas otras cosas", explica Jonas. El ejecutivo de HP coincide, y sobre la base de esta situación plantea una realidad: "Nada de lo que uno hace en la computadora queda entre el dispositivo y el usuario". El dilema está planteado: si hay información personal que no estamos dispuestos a revelar, entonces no podremos acceder a determinados servicios. Por el contrario, si volcamos todos nuestros datos en Internet, las empresas sabrán más sobre nosotros, y eso se plasmará en más servicios. Al ritmo en el que avanza la tecnología, quizás en 2054 los films similares a Minority Report ya no serán de ciencia ficción, sino basados en historias reales.. La Naciòn digital, noviembre de 2013

15 de octubre de 2013

Etica Informàtica: La moral y las redes sociales.

Facebook, adalid de la moral del siglo XXI ¿Qué pensarías si descubrieras que tu existencia cotidiana, las cosas que te gustan y comentas, las fotografías de tu cumpleaños y de tu perro, están en manos de un programa de ordenador que gobierna con mano de hierro y decide qué es aceptable y qué no? No es una novela de ciencia ficción, es Facebook. La red social por excelencia, que actualmente cuenta con más de 1.000 millones de usuarios, emplea un potente software para analizar maquinalmente los contenidos y publicaciones de los perfiles y decide lo que debe ser borrado por violar “las normas comunitarias”. En teoría, los análisis de estos contenidos se basan en denuncias previas de los usuarios, pero la opacidad es la tónica general en Facebook, por lo que nunca se sabe a ciencia cierta qué le motiva a actuar contra unos contenidos o contra otros. Lo que sí está claro es que, si una fotografía o un artículo no pasan los filtros del programa todopoderoso, éste los bloquea sin piedad. El problema surge cuando este software, que obviamente no puede pensar por sí mismo, detecta como inapropiado un contenido que no lo es y bloquea al desprevenido y bienintencionado usuario. En teoría, la empresa de Mark Zuckerberg también cuenta con trabajadores que revisan estos contenidos pero, según explica Guillermo Perezbolde, vicepresidente de marketing y publicidad de la AMIPCI (Asociación Mexicana de Internet), “como hay tantos sitios que revisar, en ocasiones es el software el que da de baja automáticamente algún contenido sin que el ojo humano lo revise y por eso a veces parece que se bloquean contenidos de forma arbitraria”. Precisamente, la arbitrariedad a la hora de eliminar publicaciones es una de las grandes quejas de los usuarios de Facebook, que han visto cómo la red bloqueaba fotografías personales e incluso imágenes de obras de arte que ya habían sido expuestas en galerías o museos. Y es que Facebook no entiende mucho de arte contemporáneo. Bien lo sabe, Erik Ravelo, artista cubano al que Facebook censuró recientemente una de las fotografías de su serie "Los Intocables". Se trataba de un conjunto de imágenes en las que se veía a adultos -un sacerdote, un turista sexual, un soldado…-que portaban a su espalda a niños crucificados, víctimas de los abusos en todo el mundo. Al aparecer, la imagen contra la pedofilia en la Iglesia, en la que el sacerdote llevaba crucificado a un niño en ropa interior, fue marcada como ofensiva por muchos usuarios y eliminada. ¿Está justificado que una imagen sea bloqueada si a un grupo de personas no le agrada una fotografía o su mensaje? Y, más importante, tras siglos de lucha por la libertad de expresión e información, ¿podemos afirmar que existe censura en Facebook? Para Perezbolde “censura como tal no la hay”, sino que se trata de una serie de prácticas que buscan “proteger la moralidad de los usuarios de contenido no apto, especialmente a los menores”. Sin embargo, Raul López Parra, editor de la Revista Mexicana de Comunicación, considera que sí se puede hablar de “censura”, pero puntualiza: “el tipo de censura de Facebook no atenta contra la libertad de expresión ni la libre circulación de ideas”. “Lo que sí se puede criticar es que Facebook no pone en un lugar más visible la información sobre políticas de uso. Es como las letras pequeñas del contrato que nadie lee pero que aparecen cuando uno menos se lo espera”, añade. Ahora bien, ¿cuáles son las líneas rojas de Facebook? O dicho de otra forma, ¿qué estímulos hacen saltar las alarmas del software omnipresente? Uno de los ámbitos más controlados por Zuckerberg es la pornografía y los desnudos en general. De hecho, como explica López Parra, “a veces se censuran fotografías que no son pornográficas pero hieren susceptibilidades de algunos usuarios”. En general, Facebook no acepta representaciones integrales del cuerpo humano, ya sea fotografías o dibujos. Aunque sí permite obras de arte “tradicionales”- no te preocupes Rubens, “Las tres gracias” no corren peligro. Otro campo de actuación prioritario para esta red social es la violencia explícita, ya sea entre personas o contra los animales. Y aquí surge de nuevo la polémica: ¿debe ser bloqueada por herir sensibilidades una fotografía explícita de un animal torturado cuya difusión pretenda denunciar esta práctica? ¿Y de un grupo de cadáveres resultado de un bombardeo? En ambos casos, el programa no podría valorar las intenciones de quien postea y se guiaría ciegamente por sus parámetros preestablecidos. Facebook también pone especial cuidado en el tema de violaciones a los derechos de autor, aunque en este caso no se hace para salvaguardar la “moralidad” de los usuarios, sino que, según comenta López Parra, se debe “al carácter comercial con el que Facebook busca rentabilizar a las marcas que pagan por aparecer anunciados”. En contraste con la severidad que presenta frente a estos temas, Facebook tiene serios problemas para limitar o restringir el acoso en la red a otros usuarios. Según Perezbolde, el bulliyng es la gran asignatura pendiente de Zuckerberg “porque cuesta detectarlo. Si el software no lo identifica, se pueden colar ese tipo de contenidos”. La falta de eficacia de Facebook para frenar a tiempo las campañas de difamación y amenazas a usuarios saltaron a la palestra con casos como el de las adolescentes Amanda Todd y Rebecca Sedwick, que se quitaron la vida tras sufrir un largo proceso de ciberacoso. Uno de los grandes interrogantes al analizar el proceso de censura de contenidos en Facebook, es averiguar cómo se valoran las denuncias de los usuarios. ¿Cuánta gente debe sentirse molesta para que el software actúe: 10, 100, 1.000 personas? La red social no se pronuncia al respecto. Para López Parra, éste es un punto crucial: “supongamos que un día Mark Zuckerberg, o un trabajador cualquiera, ve un contenido que no le gusta y ordena que lo censuren, sería la voluntad de una persona y no un grupo dentro de la empresa que discute cuándo se debe censurar. Creo que Facebook sí debe informar sobre el proceso de toma de decisiones respecto a las políticas de censura”. Lucìa Màrquez. RNW Latinoamèrica. Octubre de 2013

20 de septiembre de 2013

Etica en los RRHH

Etica y Deontología. La ética en las organizaciones. El hombre, desde los primeros años de su existencia, va creciendo con las ideas de “bien” y de “mal”, que le son inculcadas en su hogar, y luego reafirmadas, o incluso modificadas, por la sociedad en que vive. El modo de inculcación es casi siempre vivencial, y a veces sistemático, por ejemplo, a traves de la acción de la escuela y los medios masivos de comunicación. Pero es aproximadamente a partir del umbral de la adolescencia, que la persona piensa y reflexiona por sí sola, y se pregunta acerca de qué es lo bueno y qué es lo malo, por qué son malas algunas acciones y por qué otras son buenas, cuáles son los fundamentos de la moral, y cuál es la regla de moralidad a la que tiene que ajustar sus acciones. Estas, tal cual ya se ha visto, son las cuestiones que hacen al problema ético. Y son la prueba de que en todas las culturas existe un “hecho moral”, un “fenómeno moral” detrás del cual se esconde un sentido de responsabilidad. Dentro de la conciencia, se puede experimentar que todas las acciones van acompañadas de una sensación de responsabilidad sobre cada cosa que se hace. Las personas se sienten responsables de aquello que eligen y ejecutan libremente. Cuando la persona adulta se dispone a la reflexión, no puede escapar al planteo del problema ético. Quizás la reflexión como tal tarde en aparecer, pero al fin llega. Así, cada persona ansía saber si es realmente buena. Las apariencias de una moralidad puramente exterior no engañan a nadie, ni siquiera al propio sujeto. El cumplimiento de las leyes positivas no es suficiente, a veces, para hacer de la persona un ser “moralmente bueno”, pues hay muchos actos humanos que escapan a las leyes, y porque además no todas las leyes humanas son moralmente buenas, más allá de que debieran serlo. Efectivamente, la “moralidad” y la “legalidad” no son conceptos convertibles, y en los hechos no siempre un acto legal es moral, ni siempre un acto moral es legal. La única manera de juzgar bueno o malo moralmente un acto humano, es comprobar si se adecua, o no, a una determinada pauta, norma o criterio moral. De esta manera, si se llega a conocer mediante la reflexión filosófica, cuál es la norma de moralidad, se contará con el instrumento necesario que permitirá juzgar buena o mala una determinada acción. Por lo tanto, si armoniza con la norma establecida como resultado de una racionalización madura, será moralmente buena. Caso contrario, será mala, en proporción al grado o nivel de desarmonización. Por eso se concluye que la Ética debe constituir una estructura normativa, pero en tanto tal no es “vacía”, sino que es también un contenido de “valores”. La norma orienta, evita los desvíos, allana el camino, proporciona tranquilidad en el obrar, cuando el sujeto consciente procede con buena voluntad. Esto supone que existen “valores morales” que satisfacen el sentido del acto humano que se realiza; que hay “bienes” que perfeccionan la naturaleza humana mediante el ejercicio de actos virtuosos; que hay “fines” a los que se apuntan en la vida, y a los que se desea llegar voluntaria y libremente. En tanto la Ética proporciona normas para regular la conducta humana en general, cualquiera sea el estado, la edad, la profesión o el oficio de la persona, se puede hablar de una “Ética General”. Pero hay determinadas actividades humanas, como por ejemplo, las profesiones, que generan en quienes las ejercen obligaciones y derechos específicos, que no incumben a quienes no las ejercen. La Deontología no constituye una Ética aparte, sino que es la misma Ética que se refiere a las actividades concretas de cada profesión, especificando las aplicaciones que derivan racionalmente de los principios generales, e intentando conciliar estos últimos con las reglamentaciones del Derecho Positivo de cada país, para el ejercicio válido de cada profesión. El “objeto material” de la Ética son los actos humanos, considerando en esta categoría aquellos actos del hombre que se hacen conscientemente, libremente, y con el uso de la razón. El “objeto formal” de la Ética es la relación que los actos humanos tienen con la norma ideal de la conducta humana, de modo que puedan ser calificados como buenos o malos. El término “deontología profesional” hace referencia al conjunto de principios y reglas éticas que regulan y guían una actividad profesional. Estas normas determinan los deberes mínimamente exigibles a los profesionales en el desempeño de su actividad. Por este motivo, suele ser el propio colectivo profesional quién determina dichas normas y, a su vez, se encarga de recogerlas por escrito en los códigos deontológicos. A día de hoy, prácticamente todas las profesiones han desarrollado sus propios códigos y, en este sentido, puede hablarse de una deontología profesional periodística, de una deontología profesional médica, deontología profesional de los abogados, etc. El término deontología procede del griego: to deon (lo conveniente, lo debido) y logía (conocimiento, estudio…); lo que significa, en términos generales, el estudio o la ciencia de lo debido. El objeto de estudio de la Deontología son los fundamentos del deber y las normas morales. El concepto de deontología fue acuñado por Jeremías Bentham en su obra Deontología o ciencia de la moral, donde ofrece una visión novedosa de esta disciplina. Para Bentham, la deontología se aplica fundamentalmente al ámbito de la moral; es decir, a aquellas conductas del hombre que no forman parte de las hipótesis normativas del derecho vigente, aquellas acciones que no están sometidas al control de la legislación pública. Esto sugiere una de las intenciones de la redacción de los códigos deontológicos: explicitar la dimensión estrictamente moral de una profesión, aquellos comportamientos exigibles a unos profesionales, aunque no estén delimitados jurídicamente, o quizá, por ello mismo. La primera alusión al término deontología la hizo Bentham en su obra Science de la Morale (París, 1832). Con dicha alusión al, se quiso dotar de un enfoque algo más liberal al concepto de ética y convertir en un concepto laico el término, hasta entonces religioso, “moral”. En otras palabras, pretendía lograr la fórmula kantiana, esquivando la carga de subjetividad de la moral y la ética. Se apela así al racionalismo, con un mecanicismo casi matemático con el que valorar los comportamientos por su utilidad. Sin embargo, el intento de Bentham por cambiar el contenido de la moralidad por un concepto más “aséptico” y menos valorativo, no logró esa transformación por el mero hecho de acuñar un nuevo término. Es decir, aun hoy, cuando nos referimos al término deontología, seguimos relacionando ésta con la ética y/o la moral. Bentham considera que la base de la deontología es el utilitarismo, lo que significa que los actos de las personas se consideran buenos o malos en función de la felicidad global que puedan generar. Según este marco teórico, el fin de una acción debe ser conseguir la máxima felicidad para el mayor número de personas. De este modo, toda acción que conduzca a ese fin, será aceptada como moralmente correcta. ¿Qué es aquello a lo que podemos denominar bien en sí o bien incondicional? En nuestro contexto sociocultural actual, es la dignidad de cada persona, que debe ser admitida y garantizada jurídicamente y defendida políticamente. La dignidad es aquello que debe constituir el núcleo principal de toda ética filosófica y de toda deontología profesional que se precie. A través de la deontología, la ética profesional adquiere un reconocimiento público; y es que la moral individual se hace trascendente en el campo de la profesión. La deontología surge como una disciplina que se ocupa de concretar normas en el ámbito profesional para alcanzar unos fines. Si se parte de considerar a la ética como una ciencia filosófica-normativa y teórico-práctica que estudia los aspectos individuales y sociales de la persona, bajo la luz de la razón, y teniendo siempre como fin el “bien honesto”, o la honestidad, se podrán deducir los siguientes elementos: a- Objeto material: realidad que constituye el objeto de estudio. En ética es la persona, el ser y la configuración virtuosa o viciosa que se dé a sí o cada uno a través de las acciones. Son susceptibles de calificarse como éticas pues, las acciones humanas que son libres (dependen de la voluntad de la persona). b- Objeto formal: Punto de vista según el cual las acciones son calificadas como buenas o malas. Se denomina “moralidad” y se basa en valores y normas. c- Conocimiento (Ciencia): Aquello que se sabe de manera cierta y sus causas. Doctrina ordenada que constituye una rama particular del saber humano. d- Disciplina filosófica: La ética como disciplina filosófica intenta a través de métodos de análisis y experiencia propios de la filosofía, elaborar los conceptos y argumentos para comprender la dimensión moral de la persona. Todo profesional está y debe estar sometido a controles sociales más o menos rigurosos que permitan exigirle responsabilidades de muy diversa índole en relación con sus actos, de ahí la necesidad de establecer unos principios éticos. Independientemente de la propia conciencia, que debiera ser quién más rigiera el cumplimiento de los códigos morales, existe la figura de los colegios profesionales para mantener, promover y defender la deontología. Éstos vigilan el cumplimiento de determinados niveles de exigencia, de competencia y de calidad en el desempeño del trabajo de sus colegiados. El Estado, al convertir a los colegios profesionales en corporaciones a través de mecanismos legales, propicia el modo de mantener la deontología profesional. Les encarga funciones públicas y les dota de la potestad de imponer una determinada disciplina a todos los profesionales pertenecientes a este colectivo. Para que se pueda pedir responsabilidad por actuaciones profesionales se precisan dos requisitos: la independencia y la libertad. El profesional debe ser independiente en el momento de tomar decisiones y debe ser enteramente libre de ejecutarlas. La deontología es de sumo interés para el mundo profesional, y en concreto, para profesiones que comportan una elevada responsabilidad social (médicos, abogados, docentes, psicólogos, periodistas…). Esa deontología busca un equilibrio entre un determinado estilo de vida moral (el denominado êthos o carácter moral) y un alto nivel de profesionalidad técnico-científica. Esta doble dimensión ha de tratarse con armonía y equilibrio para una mayor dignificación de cualquier actividad laboral. Una de las diferencias cuando hablamos de "ética" y "deontología" es que la primera hace directamente referencia a la conciencia personal, mientras que la segunda adopta una función de modelo de actuación en el área de una colectividad. Por ello, con la concreción y diseño de códigos deontológicos, además de autorregular esta profesión, se invita al seguimiento de un camino muy concreto y a la formación ética de los comunicadores. De forma teórica, podríamos diferenciar dos grandes grupos: la ética social y la ética individual. Dentro de la ética individual se diferencia, también, una ética interpersonal que es la que rige el comportamiento que tenemos en relación a otros individuos. Aquí se puede situar la ética profesional ya que rige el comportamiento del profesional en su actividad laboral. Los principios que rigen la profesión se obtienen a través de métodos similares a los de la ética general: dialógico, inductivo y deductivo. Para conocer el fundamento ético y moral de un código ético, se requiere el estudio de la actividad profesional en sí misma y no es suficiente la labor de un filósofo que desconozca la profesión. La ética de las profesiones se mueve en el nivel intermedio de las éticas específicas o “aplicadas”. El profesional se juega en el ejercicio de su profesión no sólo ser un buen o mal profesional sino también su ser ético. No acaba de ser considerada una persona éticamente aceptable quien en todos los ámbitos actuase bien y cumpliese con sus deberes menos en el ejercicio de sus responsabilidades profesionales. La ética general de las profesiones se plantea en términos de principios: el principio de beneficencia, el principio de autonomía, el principio de justicia y el principio de no maleficencia El deontologismo plantea los temas éticos en términos de normas y deberes. Los principios se distinguen de las normas por ser más genéricos que éstas. Los principios ponen ante los ojos los grandes temas y valores del vivir y del actuar. Las normas aplican los principios a situaciones más o menos concretas, más o menos genéricas. Las normas suelen hacer referencia a algún tipo de circunstancia, aunque sea en términos genéricos. Pero también los principios se hacen inteligibles cuando adquieren concreción normativa y hacen referencia a las situaciones en las que se invocan y se aplican. En términos generales un principio enuncia un valor o meta valiosa. Las normas, en cambio, intentando realizar el principio bajo el que se subsumen, dicen cómo debe aplicarse un principio en determinadas situaciones. Tanto las normas como los principios son universales aun cuando el ámbito de aplicación de los principios sea más amplio y general que las normas específicas que caen bajo dicho principio. Desde la perspectiva de la ética profesional, el primer criterio para juzgar las actuaciones profesionales será si se logra y cómo se logra realizar esos bienes y proporcionar esos servicios (principio de beneficencia). Como toda actuación profesional tiene como destinatario a otras personas, tratar a las personas como tales personas, respetando su dignidad, autonomía y derechos sería el segundo criterio (principio de autonomía). Las actuaciones profesionales se llevan a cabo en un ámbito social con demandas múltiples que hay que jerarquizar y recursos más o menos limitados que hay que administrar con criterios de justicia (principio de justicia). Y, en todo caso, habrá que evitar causar daño, no perjudicar a nadie que pueda quedar implicado o afectado por una actuación profesional (principio de no maleficencia). En un sentido vulgar se habla de deontología en referencia al buen hacer que produce resultados deseables, sobre todo en el ámbito de las profesiones. Un buen profesional es alguien que, en primer lugar, posee una destreza técnica que le permite, en condiciones normales, realizar su tarea con un aceptable nivel de competencia y calidad. Las reglas del buen hacer –perfectum officium, acción llevada a cabo conforme a los imperativos de la razón instrumental– constituyen, sin duda, deberes profesionales. Y esto no es en modo alguno ajeno al orden general del deber ético. Aún más: las obligaciones éticas comunes para cualquier persona son, además, obligaciones profesionales para muchos En definitiva, cuando nos refiramos a una profesión determinada, podemos hablar de la existencia de una ética y de una deontología determinada. La primera se podría centrar en determinar y perfilar el bien de una determinada profesión (aportación al bien social) y la deontología, por su parte, se centraría en definir cuáles son las obligaciones concretas de cada actividad. La “conciencia individual” implica la condición de ser una conciencia responsable. La “conciencia ética” nos responsabiliza en la forma de trato hacia esas otras personas. Además de estas dos hay una clase de conciencia más, constituida como un concepto muy importante relacionado con la deontología profesional: la conciencia profesional. La “conciencia profesional” es una dimensión esencial de la conciencia ética, a la que se añade la responsabilidad que cada persona tiene. Se manifiesta en un comportamiento socialmente responsable acerca de los deberes específicos de una profesión después de haber interiorizado, asumido y personalizado un código de valores referentes a dicha profesión, para después analizar, aplicar y resolver problemas específicos de la profesión con la mejor competencia y rectitud posibles y socialmente exigibles. Se puede hablar de cuatro niveles de la conciencia profesional: 1) Nivel individual, pues la conciencia profesional es intransferible e individual, nadie es responsable por ninguna otra persona. 2) Nivel de los deberes específicos, aprendidos, asumidos y personalizados por socialización ética. Cada persona tiene que haberse socializado en el código deontológico de su profesión. 3) Nivel de madurez y equilibrio psíquico, pues para que la conciencia profesional pueda funcionar hay que gozar de un grado de madurez mínimo. 4) Aptitud profesional para el ejercicio digno de una profesión. Las costumbres y la responsabilidad profesional Las costumbres son normas que crean una sociedad y que le dan un hecho jurídico palpable. Tienen al igual que ocurre con las leyes, consecuencias cuando son violadas. El profesional debe regirse por su código de ética propio, pero también tiene que tener en cuenta un marco de costumbre. La gran mayoría de los autores coinciden al señalar que el fundamento de la responsabilidad es la libertad de la voluntad. El sentimiento de responsabilidad también se puede ir desarrollando a lo largo de la trayectoria vital y profesional de una persona. Una profesión cualquiera debe tener un periodo de aprendizaje, una preparación previa especializada y casi siempre formal, que se debe completar con una formación permanente que se completa con el paso del tiempo y la vivencia de distintas situaciones en la vida profesional a las que enfrentarse. Colegios profesionales Los Colegios Profesionales, tal como los define la ley, “son corporaciones de derecho público, amparadas por la ley y reconocidas por el Estado, con personalidad jurídica propia y plena capacidad para el cumplimiento de sus fines, entre los que se encuentra la ordenación del ejercicio de las profesiones”. Además, son las corporaciones que elaboran los códigos deontológicos. Los códigos deontológicos cumplen una triple función: a) Fijar una serie de criterios de carácter científico-funcional para el ejercicio de la profesión, con el objetivo de dar operatividad y eficacia a las actividades ejercidas en el ámbito cubierto por las normas establecidas. b) Refundir orientaciones éticas para el ejercicio de la profesión y plasmarlas en códigos de deontología profesional. c) La posibilidad de imponer sanciones disciplinarias a los colegiados que incumplan los dictados de los códigos deontológicos. Esta función tiene la singularidad de conferir a éstos relevancia jurídica estatal, lo que otorga a la deontología ciertas coincidencias con el Derecho en lo que se refiere a la utilización de un procedimiento judicial. Una diferencia importante entre la deontología profesional y el derecho reside en el origen de estos dos órdenes normativos reguladores del ejercicio de una profesión. La fuente del derecho es el poder legislativo del Estado -que emana del ejercicio de la Soberanía Popular-, mientras que el origen de la deontología profesional no es "estatal", sino que emana del propio colectivo profesional, y desde una labor de autorregulación. En casos excepcionales, la iniciativa de un código deontológico puede partir del Estado o de una entidad supraestatal, como es el caso paradigmático del Código deontológico de los periodistas del Consejo de Europa, aunque es una condición necesaria que el colectivo profesional lo incorpore a su actividad y ejerza una labor de autorregulación. Sin estas dos condiciones, este código normativo se convertiría en derecho y no en deontología profesional. Por lo tanto, no es necesariamente excluyente de la deontología profesional un código de origen externo a la propia profesión, si pasa por el filtro de la autorregulación. En el caso de las profesiones que requieren colegiación profesional, como la abogacía y la medicina, existe una institucionalización de la sanción. Sin embargo, hay profesiones como el periodismo, que se ejercen sin colegiación obligatoria. En estos casos, el incumplimiento de las normas deontológicas lleva aparejada una sanción similar a la que corresponde a la vulneración de las normas morales: mala imagen pública, reproche, expulsión del grupo, etc. Esto las diferencia de las profesiones de colegiación obligatoria, caracterizadas por la institucionalización de la sanción. Pero no implica falta de gravedad. Un profesional puede considerar que una sanción por infracción del código de deontología profesional tiene más importancia que una sanción administrativa. Retomando la idea de que la deontología profesional es uno de los órdenes reguladores del ejercicio de una profesión, en una situación intermedia entre el derecho y la moral, es necesario hacer una serie de precisiones. Las normas de la deontología profesional, aun sentidas como vinculantes entre los miembros del colectivo, se alejan del carácter coercitivo del derecho. El derecho es siempre coactivo, y la deontología profesional puede o no imponer sanciones y, en el caso de aplicarse, son menos graves que las impuestas por el derecho. La sanción más grave que puede imponer la deontología profesional es la exclusión de la profesión. Por otro lado, las sanciones de la deontología profesional en aquellas profesiones que no exigen para su ejercicio la colegiación obligatoria son sanciones sociales difusas; es decir, que aparte de no llegar al grado de gravedad de la sanción jurídica, no tienen por qué estar necesariamente institucionalizadas. Un ejemplo de sanciones sociales difusas -en este sentido de informalidad, cercanas a la moral- emitidas por la deontología puede ser la consideración de exclusión del colectivo profesional de un miembro, sin llegar ésta a ser una sanción no formalizada. No obstante, la deontología profesional tiene un mayor grado de institucionalización que la moral general, de tal modo que, para hablar de deontología profesional, es necesario un grado de institucionalización normativa -inferior a la del derecho pero superior a la de la moral. La moral, aunque es de carácter social, tiene un componente último que es individual, mientras que la instancia última de la deontología profesional es colectiva, común a todo el grupo profesional. Igual que se da el conflicto entre moral y derecho, cabe la confrontación del individuo con la deontología profesional a la que está sometido. La deontología es uno de los tres órdenes normativos que regulan el ejercicio de las profesiones, junto al Derecho y la moral. Cabe señalar que las normas deontológicas se encuentran a medio camino entre los otros dos órdenes normativos. Una característica fundamental de la deontología profesional es que tiene un fuerte componente de autorregulación, entendida en un sentido colectivo. Se trata de una interiorización de las normas propias de la profesión. Se diferenciaría del Derecho en que éste es creado por el Estado, y de la moral en que la deontología tiene un carácter colectivo, no se basa en los principios individuales. Otra diferencia clave frente al Derecho, es que éste tiene un marcado carácter coactivo, impone sanciones al incumplimiento de sus normas. La deontología, por su parte, puede o no incluir sanciones, y siempre serán menos graves que las relacionadas con el Derecho (surgidas de instituciones jurídicas). No obstante, la deontología puede institucionalizarse a través de los Códigos Deontológicos, la colegiación... (instrumentos o mecanismos que dotan de más efectividad a la deontología), pero siempre presenta una institucionalización mucho menor a la del Derecho. Las normas del Derecho son "ajenas" al mismo, mientras que lo característico de la deontología profesional es la autorregulación. Los profesionales son creadores, sujetos y objetos de las normas deontológicas de su profesión correspondiente. Participan (a través de sus asociaciones, por ejemplo) en la creación de los códigos deontológicos que, a su vez, deberán aplicar. La autorregulación es necesaria porque delimita campos de actuación, alerta sobre conductas alejadas del bien común y puede invitar al profesional a dirigir sus acciones por el fomento de valores que permitan una vida más humana. La Ética y los Recursos Humanos. Ya se ha señalado que, en el sentido más elemental, la ética es un conjunto de valores y reglas que definen los comportamientos correctos e incorrectos, señalan cuando es aceptable una acción y cuando resulta inadmisible. Lo que se considera ético depende de la óptica con que se traten los asuntos de orden ético. Las fuerzas que dan forma al comportamiento ético-deontológico son: 1- Normas y cultura de la sociedad Buena parte de las opiniones sobre lo que es ético proviene de la sociedad en que tienen lugar a los actos de los individuos. Los medios de comunicación exponen y dan cuenta de decisiones y procederes, que luego diferentes críticos y grupos de interés juzgan en forma pública. En 1966 grupos con intereses públicos presionaron a la Dirección de Salud Pública de Estados Unidos para que obligara a las compañías tabacaleras a poner leyendas de advertencia en los paquetes de cigarrillos. Estas compañías han sido blanco de ataques de ciudadanos que consideran que las compañías proceden sin ética. 2- Leyes y reglamentos Lo que la sociedad interpreta como ético o carente de ética a menudo termina por expresarse en leyes, reglamentos gubernamentales y decisiones judiciales. El empleo a voluntad es un concepto del derecho consuetudinario en que se plantea que los patrones están libertad de despedir a sus empleados por cualquier razón y en cualquier momento y que estos se hallan en libertad de renunciar a su trabajo por cualquier motivo y en cualquier momento. Las investigaciones sobre acciones ilegales de las empresas demuestran que dichas acciones son adversas a la reputación y rentabilidad de las organizaciones. 3- Práctica y cultura organizacionales Las organizaciones influyen en las acciones de los empleados de manera tanto formal como informal. Para ofrecer orientación formal a sus trabajadores, la empresa debe establecer políticas claras que definan las acciones éticas y las distingan de las que no lo son. Un código de ética plantea los principios que se esperan sigan los empleados en sus acciones y proceder dentro de la organización. Los códigos de ética ayudan a entender las normas y los valores de las compañías y ofrecen reglas básicas para decidir que comportamiento resulta aceptable. 4- Puntos de vista individuales Los individuos tienen sus valores e ideas sobre lo que es correcto y lo que no. En ocasiones el punto de vista personal converge con la perspectiva de su organización y de la sociedad en su conjunto, pero no siempre es así. Los estudios psicológicos sobre el comportamiento ético sugieren que las personas desarrollan la moral en buena medida como lo hacen físicamente, desde la infancia hasta la edad adulta. 5- Razones aceptables legalmente para despedir a los empleados. Incompetencia en el desempeño que no responde a la capacitación o al puesto. Insubordinación grave o constante. Infracciones a los derechos civiles, como las prácticas de hostigamiento. Ausencias injustificadas. Acciones ilegales, como el robo. Retrasos constantes Actividades relacionadas con narcóticos en el trabajo. Agresión verbal Violencia física Falsificación de expedientes Embriaguez en el trabajo 6- Razones Inaceptables legalmente para despedir a los empleados Hacer notar la conducta ilegal de los empleadores (por ejemplo, oponerse o hacer públicas las políticas o practicas del patrón que infringen las leyes, como la ley antimonopolio, la de protección al consumidor o las leyes de protección ambiental) Cooperar en la investigación de un cargo en contra de la empresa Informar sobre las infracciones a la Dirección de Seguridad y Bienestar Ocupacional Presentar cargos por discriminación ante la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el empleo o ante un organismo estatal o municipal de defensa de la igualdad en el trabajo. Presentar cargos por prácticas laborales injustas ante el Consejo Nacional de Relaciones Laborales o ante un organismo estatal. Presentar una demanda de indemnización laboral. Participar en actividades concertadas para protestar por salarios, condiciones laborales o riesgos de seguridad. Participar en actividades sindicales, siempre que no haya violencia o comportamientos fuera de la ley. Protestar o dar testimonio sobre infracciones a las leyes de igualdad en el salario o en los horarios Protestar o dar testimonio sobre peligros de seguridad o rehusar una labor si se considera que es peligrosa. Identidad y ética del profesional de Recursos Humanos Debe plantearse la necesidad de un código ético del profesional de Recursos Humanos, como punto de partida hacia una mayor identificación de su rol en las organizaciones y la sociedad argentinas. A la vez, facilitará la toma de decisiones y permitirá un desarrollo más consistente y claro para quienes ejercen hoy la profesión y, muy especialmente, en el futuro. El ejercicio de actividades referidas a las relaciones del trabajo - más comúnmente conocidas como "recursos humanos" -, ha alcanzado un desarrollo suficiente como para ser considerada una profesión equivalente a cualquier otra de las que son reconocidas en la sociedad. Sin embargo, en nuestro país y en los inicios del siglo XXI, no ha logrado el rango de profesión, entre otros motivos, por la inexistencia de límites éticos claros que darían fundamento a la práctica. En otras palabras, "ética" y "profesión" son términos complementarios que otorgan identidad y es poco probable que quienes se encuentren ejerciendo las actividades referidas a los recursos humanos - hoy y en el futuro -, puedan continuar su desarrollo sobre bases tan difusas. Por este motivo, se torna necesario iniciar un análisis y un debate sobre este aspecto puntual, que además coincide con el crecimiento del interés por la ética empresarial, uno de los ámbitos frecuentes de actuación. ¿Qué se entiende por "identidad"? Sin llegar a entrar en perspectivas psicológicas o filosóficas, aún cuando éstas podrían aportar definiciones enriquecedoras, la identidad es una construcción social, que implica no sólo la comprensión de sí mismo y el rol que desempeña en la sociedad, sino que debe completarse con la visión de los otros. La práctica visible de una actividad permite construir la identidad. Nadie podría considerarse pintor si no pinta, o chofer de taxi si no sabe conducir un automóvil. Las habilidades y el desempeño de ciertas funciones otorgan identidad, en la medida en que son manifiestas, comprobables en la realidad, no sólo por el que las ejecuta sino también por quienes las perciben o son sujetos de sus acciones. Aquí nos enfrentamos, además, con un problema central: ¿cómo llamar al profesional de Recursos Humanos? Las distintas carreras de grado han optado por distintas denominaciones respondiendo más a razones de marketing que de contenidos u objetivos. En las empresas existe una heterogeneidad similar: Personal, Recursos Humanos, Relaciones Laborales, Relaciones con el Personal, Relaciones del Trabajo, etc. Para confirmar aún más la ambigüedad sobre las que nos movemos, hagamos el ejercicio de suponer cómo describirían al "buen" profesional de Recursos Humanos personalidades tan distintas como los presidentes de distintas empresas. ¿Qué se entiende por "profesional"? La aproximación más eficaz respecto de la definición de los términos que utilizamos es el diccionario, cuya función principal es, precisamente, fijar el significado de las palabras y sus posibles acepciones. Según el diccionario Webster, una profesión es "un llamado, vocación o cargo que requiere conocimientos especializados y frecuentemente, una larga e intensa formación académica". Para ser definida como profesión debe poseer no menos de seis condiciones: 1- Un cuerpo de conocimientos común. 2- El establecimiento de estándares de desempeño. 3- La existencia de una organización profesional representativa. 4- Otorgamientos de matrícula. 5- Reconocimiento externo de la profesión. 6- Un código de ética. 1- Un cuerpo de conocimientos común. A pesar de que las carreras de grado en la especialidad tienen, en Argentina, una historia corta (algo más de 30 años), se ha constituido un cuerpo de conocimientos sólido, a partir del ejercicio de la docencia y las investigaciones. No obstante, existe una gran dispersión en los temas centrales y los avances alcanzados respecto de técnicas, estudios o metodologías de intervención. En principio, aunque se justifica por el reducido mercado, hay baja producción nacional de textos de la especialidad y de irregular calidad, excepto muy calificadas excepciones: Leonardo Schvarstein, Abraham Pain, Jorge Etkin, Aldo Schlemenson, Ernesto Gore y otros pocos. La bibliografía predominante proviene de traducciones de autores estadounidenses, donde solemos encontrarnos con textos de una pobreza intelectual formidable, aunque pese a ello suelen convertirse en best-sellers. 2- Establecimiento de estándares de desempeño. Es más fácil reconocer estándares en algunas áreas técnicas, tales como Remuneraciones, Capacitación, Legislación Laboral, etc., pero la consistencia se diluye cuando se abordan temas referidos a las relaciones laborales, interpersonales o referidas a la ética profesional, por lo cual es ésta una cuestión pendiente. 3- Existencia de una organización profesional representativa. Existen en la actualidad distintas asociaciones profesionales con personería jurídica, pero no se ha establecido un Consejo Profesional. Es una carencia que, en caso de ser debidamente institucionalizada y administrada, perfilaría los alcances de la profesión de un modo más concreto. 4- Otorgamientos de certificación. Hoy día nos encontraríamos con muchas dificultades en el otorgamiento de matrículas profesionales debido a que las personas que ejercen provienen de distintos ámbitos académicos (psicología, derecho, sociología, ingeniería, ciencias económicas, etc.), por lo que sería necesario establecer una transición que reconocieran la experiencia, los conocimientos y competencias de cada profesional para ser habilitado. 5- Reconocimiento externo de la profesión. En este punto claramente se está a medio camino, ya que la profesión no se encuentra totalmente reconocida en la sociedad. Es la consecuencia de muchas de las situaciones planteadas más arriba, respecto de la diversidad de títulos académicos referidos a los mismos objetivos y contenidos, más el hecho de que cualquier profesional proveniente de otras ramas del saber, o simplemente idóneos, son los que ocupan los cargos o funciones correspondientes a los profesionales de recursos humanos. En este punto es necesario detenerse y retomar el término “profesión”, vinculado al término “vocación”, pues hay una diferencia abismal entre ejercer vocacionalmente una profesión o, simplemente, desempeñar un trabajo remunerado. En muchas oportunidades, se destina al área de Recursos Humanos a quienes no se puede despedir por distintas razones (económicas, en nombre de viejas lealtades, etc.), y se parte del supuesto de que cualquiera puede ejercer una función en dicha área. Es parte de la definición que, quien ejerce, debe ser remunerado por ello, pero la remuneración no reemplaza ni reemplazará los fundamentos vocacionales que debieran sustentar la práctica profesional. 6- Un código de ética. A pesar de las deficiencias que se vienen anotando hasta aquí respecto de las condiciones necesarias para considerar profesionales a quienes se desempeñan en el área de Recursos Humanos, se tiende a poner de manifiesto la importancia de la ética como marco de referencia para todo aquel que desempeñe una función cuyo objeto sea la administración de los recursos humanos. Un ejemplo práctico es la referencia al juramento hipocrático, base del desempeño de los profesionales de la medicina.