28 de octubre de 2012

Etica: El amor y el odio

"Dos lobos luchan en el corazón de cada persona. El amor y el odio. ¿Cuál gana? El que alimentes mejor". ¿Cómo lograr que el amor prevalezca sobre el odio? ¿Cómo reconoceríamos el día sin la noche (y viceversa)? ¿Y cómo lo llamaríamos? ¿Cómo, al calor sin el frío? ¿Cómo, a lo áspero sin lo suave? ¿Cómo, al varón sin la mujer? Decía Carl Jung, padre la psicología arquetípica, que todo lo que puede ser nombrado lo es porque existe su opuesto. Pero no es sólo una cuestión de nombre, sino de entidad. Sin Polo Norte no hay Polo Sur; esa denominación nada querría decir. Lo mismo que no hay yo sin tú. Vivimos en un mundo de polaridades, que no es sinónimo de adversidades. Los polos son opuestos y complementarios, no adversarios. Si fueran adversarios hablaríamos de dualidad, habría que decantarse por una cosa o por la otra, sin espacio para integrarlas. El amor y el odio nos constituyen, son parte indisociable de nuestra vida emocional, como el coraje y el miedo, la audacia y la vergüenza, la debilidad y la fortaleza, la lucidez y la estupidez. Pero que nos constituyan no significa que nos determinan. Somos humanos porque contamos con la conciencia (a la que Viktor Frankl llamaba órgano de sentido). Ella nos hace libres en el verdadero sentido de la libertad: es decir, capaces de elegir, responsables de la elección, capacitados (y moralmente obligados) a responder a sus consecuencias. Sería imposible eliminar al odio para que prevalezca el amor. Seríamos seres sin elección, predeterminados. Vale el amor porque el odio existe. Construimos el amor con acciones y elecciones responsables. Ni el amor es mágico ni el odio es un demonio que nos gobierna. Somos responsables de nuestro amor, de cómo lo alimentamos y con qué. Del mismo modo en que alimentamos el odio. También de él somos responsables. Más allá de nuestra vida vegetativa, está nuestra vida elegida. Cuando el odio ruge quizá lo hace para que recordemos que el amor requiere que elijamos y respondamos a sus leyes.. (Sergio Sinay, La Naciòn, Octubre de 2012)

25 de octubre de 2012

Etica: El sentido del bien y del mal

Un interrogante que desafia a la religión y la filosofía La paradoja del mal Por Diana Cohen Agrest Hace unos días murió Christopher Hitchens, sin renunciar a un ateísmo militante que condensó en su libro Dios no es bueno . Con pasión blasfémica, en sus páginas acusa a la religión de ser la fuente ilusoria de un mal moral "que envenena todo". En su alegato, sostiene que los monoteísmos son un "plagio de plagio" hermanados por el mito de un mundo enseñoreado por un Dios que presuntamente premia la virtud y castiga el pecado. Pero, a juzgar por los resultados, hasta los depravados -dice- se escandalizan ante quienes, cobijados por una inverificable justicia divina, cometen los actos más atroces. La religión, aduce Hitchens, no sólo condujo a que "muchas personas no sólo no se comporten mejor que otras, sino a que consideren aceptable comportarse en modos que harían que los encargados de un burdel o de una limpieza étnica fruncieran el ceño". La existencia del mal -tanto el mal moral (aberraciones como los homicidios o las violaciones) como el mal natural (desde los tsunamis hasta las enfermedades)- descansa en la profesión de fe en un Dios omnisciente, bueno y omnipotente que nos revela, no obstante, la paradoja siguiente: si Dios es omnisciente, conoce el sufrimiento y el dolor en el mundo. Si es bueno, quiere desterrarlos. Si es omnipotente, es capaz de impedirlos. De todo lo cual parece que debemos concluir que o bien Dios no es omnisciente y desconoce las tragedias del mundo, o bien Dios no es bueno y es indiferente ante el mal. O bien Dios no es omnipotente y no puede hacer nada para evitarlo. Una respuesta que soslaya la paradoja del mal es la recogida por Hitchens, quien proclamó que Dios es apenas una ficción creada por el hombre. De ser así, se invierte el relato bíblico, pues no fue el hombre aquel creado a imagen y semejanza de Dios, sino que fue Dios quien fue creado a imagen y semejanza del hombre. Ya Jenófanes, un contemporáneo de Sócrates, habría dicho que "si los caballos? tuviesen manos y con ellas pudiesen dibujar y realizar obras como los hombres, los caballos dibujarían figuras de dioses semejantes a los caballos? y formarían sus cuerpos a imitación del propio". En los albores del pensamiento cristiano, San Agustín se confronta a la paradoja de la existencia del mal en un mundo creado por Dios en donde todo ser, en su condición de creatura divina, es bueno. En un orden -en y por su origen- perfecto, ¿cómo se explica, entonces, el mal? La respuesta es que así como la oscuridad es ausencia de luz, el mal no es un ser, no es nada positivo, sino una dirección: el hombre peca cuando elige desviarse hacia los bienes mundanos en lugar de orientarse hacia los bienes eternos. Pero como las atrocidades continuaron sucediéndose sin sabáticos en la historia humana, el hombre se vio urgido a justificar, una y otra vez, la existencia del mal. Tiempo después, Leibniz intentó compatibilizar en su Teodicea la existencia del mal en el mundo con la bondad divina. Alegó entonces que Dios creó "el mejor de los mundos posibles", pero que el hombre, por su finitud, es incapaz de observar el diseño perfecto de todo el universo. De allí que aquello que el hombre vive como un mal, en el plan divino es un bien. La aceptación de los designios de Dios como fuente insondable para la finitud humana resuena todavía hoy cuando, ante lo que parece estar fuera del poder humano, el creyente se consuela murmurando "Dios lo quiso así". Pero ya entonces no faltaron razones que nutrieran a los incrédulos: el terremoto de Lisboa de 1755 fue suficiente para que Voltaire interpelara el optimismo ingenuo de Leibniz, ironizando que si éste es "el mejor de los mundos posibles", cómo serán los otros. Una de las explicaciones más fascinantes y desconsoladoras del sufrimiento se narra en la historia de Job, un piadoso que vivía feliz hasta que Dios lo pone a prueba: quiere saber si Job seguirá siéndole tan fiel en el infortunio. Un día, narra la Biblia, Satán compareció ante Dios para contarle los pecados que los hombres cometían desobedeciendo la ley divina. Prontamente, Dios replicó: "¿Has visto a mi siervo Job? No hay nadie como él en la Tierra, un hombre profundamente bueno que no peca jamás". Satán, insistente, lo hostiga una vez más: "Por supuesto, Job es piadoso y obediente. Y Tú lo premias derramando riquezas y bendiciones sobre él. Quítale esas bendiciones y verás cuánto tiempo continúa siendo Tu siervo obediente". Aceptando el desafío demoníaco, Dios permite que Satán destruya la hacienda y mate a los hijos de Job. Anegado en el infortunio, éste persiste en su fe. Entonces Dios permite que Satán cubra su cuerpo de heridas putrefactas, convirtiendo cada instante de su vida en una tortura. Sus amigos visitan a Job y procuran encontrar una explicación de los castigos: la dicha de los malos es breve; el infortunio de los justos prueba su virtud; el sufrimiento es un castigo de faltas cometidas por ignorancia o por debilidad. Hasta el Talmud explicaría, más tarde, el sufrimiento como una prueba que Dios envía a quien El sabe que es capaz de soportarlo. Cuando el alfarero nos ofrece sus vasijas de arcilla, como argumento de venta las golpea con un palo para demostrar que son fuertes y sólidas. Pero el alfarero sabio golpea solamente las vasijas más fuertes, jamás las débiles. Así, también, Dios envía esas pruebas sólo a quienes sabe capaces de sobrellevarlas, de tal modo que ellas y los demás puedan conocer la magnitud de su fortaleza espiritual. Este dudoso criterio parece guiar la elección de Job como aquel que, pese a todos sus infortunios, no renunciará a su devoción. Tan firme persiste en su fe que Dios lo recompensa con otra hacienda y otros hijos. En las conmovedoras páginas de Cuando la gente buena sufre , Harold Kushner interpreta la historia de Job en los términos de la paradoja del mal: si Job es justo, entonces deberíamos negar de Dios su omnisciencia (Dios era perfectamente consciente de lo que hacía, hasta se dio el lujo de apostar con el diablo) o bien su bondad (aunque Kushner sostiene que el autor del Libro de Job cree tanto en la bondad de Dios como en la del infortunado Job) o bien su omnipotencia. Pero negar su omnipotencia hace de Dios un ser sabio y bueno, aunque indigente: antes de ser recompensado, Job le reclama a Dios la injusticia de su infortunio. En una teofanía en la que Dios se le manifiesta a Job bajo el aspecto de un viento huracanado, lo increpa furioso: "¿Cómo te atreves a cuestionar el modo en que dirijo el mundo? ¿Tienes un brazo tú como el de Dios y truena tu voz como la suya?". El día que sea capaz, lo reprende, de hacer lo que Dios hace, sólo entonces, "Yo mismo te alabaré por la victoria obtenida con tu mano". El mensaje celestial podría significar que una vez creado el mundo según leyes universales y necesarias que ya no necesitan del concurso divino, y una vez creado el hombre dotado de libertad, el costo es la existencia del mal natural y del mal moral. En ese escenario, ni Dios es capaz de evitar que la crueldad y el caos se cobren víctimas inocentes. Y sólo así podemos reconocer un Dios que comparte nuestro desamparo y sufre con nuestro dolor: la ira o la compasión que sentimos es la misma ira o compasión de Dios que se expresa en nosotros. Ese Dios que el papa Ratzinger invocó en términos semejantes en su homilía, poco antes de la Nochebuena, cuando imploró que "Dios demuestre su poder" haciendo que reine la paz en el mundo. La fe no sólo es una promesa de salvación eterna. También puede ser una respuesta a la búsqueda terrenal de consuelo cuando el ser humano, en su vulnerabilidad, padece las inclemencias del dolor o avizora la proximidad de la muerte, como si hubiese un Dios que vuelve comprensible lo incomprensible. Aunque se trate de una fe temerosa, hasta apócrifa, mantenida a sabiendas de que ese Dios puede ser apenas una ilusión útil portadora de esperanzas para un espíritu desgarrado. Confrontados a la paradoja del mal, nos resta todavía otra respuesta, tal vez la más difícil, pero tal vez la más auténtica para quien no se conforma con un Dios insondable o indigente: aceptar el orden ciego de una naturaleza contingente que no sabe ni del bien ni del mal, donde los encuentros son tan fortuitos como impredecibles. En cualquier análisis, reconciliados o no con la fe, pretendemos volver inteligible lo que no tiene respuesta. Pero buscar una lógica cuando el mal expresa el más estrepitoso fracaso de la razón ante la fuerza del sentimiento significa renunciar a su comprensión, resignándonos a un testimonio que se anuda en el núcleo mismo de lo inexpresable. La autora es doctora en Filosofía y ensayista. Su último libro es Ni bestias ni dioses. (La Naciòn, Enero de 2012)

18 de octubre de 2012

Etica Informàtica: los secretos revelados.

Google revela su secreto mejor guardado La empresa mostró por primera vez uno de sus centros de datos. Allí se aloja la información de cientos de miles de usuarios de Internet. 50 MIL SERVIDORES. Google aloja ahí la información de miles de usuarios. Google abrió una ventana al interior de uno de sus enigmáticos centros de datos, ubicado en Lenoir, Carolina del Norte, EE.UU. Se trata del corazón de la compañía, donde se alojan físicamente los correos de Gmail, los videos de YouTube y su motor de búsqueda. Estas "granjas" de información de alta seguridad se exhiben a través de su página web ("Google centros de datos"). Las imágenes que mostró Google resultan novedosas dado lo exclusivo que fue hasta ahora el acceso a este tipo de infraestructuras que conforman lo que se llama "la nube" y a las que millones de ciudadanos y empresas confían su datos más privados. Estas infraestructuras, cada vez más requeridas a medida que crece ese ciberespacio que es la "nube", consumen en torno al 1,5% de la energía mundial porque requieren una gran cantidad de electricidad para sus computadoras y los sistemas de refrigeración. Desde que Google se constituyó como empresa en 1998, instaló más de 1 millón de servidores (rebasó esa marca en 2008). Solo en el centro de datos de Lenoir, en Carolina del Norte hay actualmente casi 50.000 servidores operativos. Actualmente, Google cuenta con 8 centros de datos, 6 de ellos en EE.UU. y dos en Europa, unas estructuras de película futurista con complejas redes de cañerías con los colores de la empresa y filas interminables de procesadores. En su intento por acercar sus almacenes al usuario, la empresa californiana aplicó su tecnología de vista callejera de sus mapas o "Street View" para poder dar un paseo visual por las instalaciones de Lenoir.

14 de octubre de 2012

Filosofìa: ¿ Quièn es filòsofo?

"Un filósofo es el hombre en quien la intimidad se eleva a categoría racional; sus conflictos sentimentales, su encuentro con el mundo, se resuelve y se transforma en una teoría". "El filósofo no se contenta con gustar de la vida, sino que quiere penetrar en ella, reduciéndola, haciéndola consciente, transparente a su razón". María Zambrano. Fue una filósofa y ensayista, discípula del famoso filósofo José Ortega y Gasset. Precursora de la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer.

18 de septiembre de 2012

Filosofìa y Lògica: Las dimensiones de la filosofìa.

Filosofía: La pasión por saber. Jesús Mosterín: La enorme pasión por saber. “La filosofía es una dimensión humana. En la medida en que los seres humanos seamos curiosos y reflexivos y críticos, pues en alguna medida todos somos filósofos”. Quien así habla es el Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia, Jesús Mosterín (Bilbao, 1941), próximo protagonista de “Pienso, Luego Existo”, el programa de La 2 que retrata a los principales pensadores de nuestro país. Mosterín, uno de los máximos representantes españoles de la lógica formal y de la filosofía analística, explica durante el programa por qué aunque la gran filosofía tiene que ver con las grandes cuestiones que importan a todos, si uno pretende “hacer gran filosofía” necesita tener el rigor intelectual que pretende tener la ciencia y, por tanto, “uno necesita ser también un científico”. Precisamente, el papel de las ciencias en la comprensión del mundo, la biología y la cultura humana, y, sobre todo, de la relación con los animales y del valor esencial que para él tiene el concepto de libertad serán algunos de los temas que se abordarán durante el programa del próximo domingo. ENORME PASIÓN POR SABER Es definido por sus amigos como un gran intelectual. De hecho, el también filósofo Javier Sádaba, con quien ha compartido viajes y conversaciones, le define en este episodio como “una persona con una gran cabeza, que le interesa todo y aprende rápido de todo”. “Es un hombre con una enorme pasión por saber, enorme. Y sabe de todo. Creo que tiene una cultura filosófica en el sentido amplio de filosofía tremenda. Sin haber perdido nunca, obviamente, es especialista, contacto con la ciencia”, recalca. Para el sociólogo Salvador Giner, es “uno de los filósofos de la ciencia españoles más interesantes”. “Tiene una capacidad expositiva extraordinaria, de sencillez envidiable ante problemas complejos. Y tiene una visión del avance de la ciencia, del avance del conocimiento objetivo, que debe de fomentarse”, añade. También Pilar Rahola tiene palabras para Mosterín muy definitorias: “es un bicho rato, es un tipo complicado, difícil, peculiar, de una inteligencia vivaz, muy rápida, de una capacidad de profundizar y reflexionar de muchos niveles, con una cultura amplísima, heterodoxo, un animal salvaje, que no está en ninguna jaula conocida, que no está en ningún territorio definible, que no es políticamente correcto”. Lo resume con un: “es un gran intelectual”. VIVIR CON LOS OJOS ABIERTOS Él no hace más que recalcar que “la vida es muy breve”, y que, precisamente por eso, “una de las cosas más importantes a las que podemos aspirar en esta breve vida es a vivir con los ojos abiertos”, en sintonía con el universo, y esa sintonía toma, en gran parte, la forma del “conocimiento”. Su defensa de los animales es uno de los motivos por los que es ampliamente conocido: “los seres vivos son milagros, sin cosas rarísimas, son excepciones totales”. Durante el programa, desarrolla ampliamente ese concepto y esa defensa. Subraya, además, que la aventura intelectual más apasionante de los últimos años ha sido el desciframiento de los genomas y sostiene, durante el programa, que hasta este momento “el cerebro es el sistema del universo que peor entendemos”. Se muestra de acuerdo con Hume en que las dos emociones morales fundamentales son, por un lado, el amor a uno mismo, es decir, el egoísmo, y por otro lado, la compasión”; sostiene que todo el pensamiento filosófico y científico moderno ha consistido en una huida del antropocentrismo y resalta que el valor político fundamental es el valor de la libertad. “El progreso político que tengamos en un futuro próximo se medirá por la capacidad que tengamos de que las cotas de libertad vayan aumentando”, añade. Mosterín confiesa en el programa, finalmente, que no tiene mucho interés en que le recuerden, pero que si lo hacen le gustaría que le recordaran como “alguien que trató de vivir bien y de no hacer sufrir a los demás; y que trató de no engañarse a sí mismo ni de engañar a los demás”. (De RTVE.ES, Diciembre de 2011)

26 de agosto de 2012

Filosofìa de la Ciencia y de la Tècnica: el rol actual de las redes sociales.

Los ciberadictos empiezan a llegar a las consultas para recuperar la vida real "no es fácil reconocer que uno tiene un problema por su manera de usar internet", explica la doctora Susana Jiménez. La unidad de Juego Patológico del hospital de Bellvitge ya atiende a 52 adictos a las redes sociales. No son muchos, pero ya suponen el 2,1% de los pacientes que tratan. "Cuesta mucho llegar al tratamiento, porque no es fácil reconocer que uno tiene un problema por su manera de usar internet y que necesita ayuda para salir", explica la doctora Susana Jiménez, la responsable del equipo. Llegan hasta esta unidad -es la más potente, pero en Catalunya funcionan otros seis equipos expertos en este tipo de adicciones- arrastrados por la familia o al menos, empujados por ella. Porque la diferencia principal entre un uso exagerado de todo lo que te puede dar una pantalla y ser un adicto se encuentra más en lo que se deja de hacer que en lo que se hace. "Me di cuenta un día que había dejado de hacer tortilla de patatas a cambio de algo rápido a la plancha para ponerme ante el ordenador; había dejado de pasear el perro con mi marido, ya no veíamos la tele juntos por la noche y llegaba a ponerme el despertador a las cinco para cuidar mi huerto en Facebook antes de ir a trabajar", describe M. A., 52 años, un buen empleo, casada desde hace 31 años y dos hijos en casa pero independientes económicamente. "Tienes un problema cuando el día no puede empezar sin encender la pantalla (del móvil, del ordenador, de la tableta) para mirar mensajes o consultar correos, la cuenta de Facebook, los tuits", enumera la psiquiatra de la unidad de Bellvitge. "Cuando esa conexión es la primera actividad de tu día y probablemente la última, cuando la vida on line pasa por delante de todo lo demás y llegas a abandonar el resto de tu vida off, la de comer, dormir, cuidar a los niños, acompañarlos en los deberes o charlar con los compañeros durante el almuerzo, sufres una adicción, estás enganchado". SEÑALES DE ALARMA Cada vez se necesita más para obtener igual satisfacción Comparte perfil con todas las adicciones asociadas a la conducta y es muy distinta de las adicciones a una sustancia. Pero, igual que ocurre cuando uno se engancha a una droga, los adictos a las redes, a internet o a los videojuegos on line -las videoconsolas ya son una preocupación del pasado- se genera tolerancia. Y cada vez se necesita más actividad para obtener la misma estimulación. "Estamos viendo casos con picos de actividad de quince y dieciséis horas diarias y con una dedicación media, entre mensajes, búsqueda en internet y juegos de las propias redes, de 7 y 8 horas diarias", explica la doctora Susana Jiménez. Uno de sus pacientes más absorbidos estaba dedicado en cuerpo y alma a su otra vida, la de Second Life, un juego de realidad virtual que existe desde hace una década y sigue, aunque se oiga poco de él. El adicto llegaba a dormir sobre el teclado. "Acudió a nuestra unidad muy presionado por sus familiares, que temían por las consecuencias de la falta de sueño, pero él estaba encantado con su otra vida. Obtener en la vida real lo que tenía en la virtual era cansadísimo". Por eso la abstinencia le daba horror. "Muchos pacientes tienen esa sensación de angustia frente a la abstinencia y no pueden someterse a ella de forma inmediata. A los jóvenes les cuesta especialmente y hay que armarse de paciencia, porque la motivación para frenar en esa actividad a la que están enganchados es cero", cuenta la psiquiatra. PERFIL DE VULNERABILIDAD Entre la impulsividad y la dificultad para dirigir su vida El potencial adictivo de las redes sociales es enorme: acceso las 24 horas, en el entorno que quieras, con cifras (amigos agregados, puntos del juego, seguidores en Twitter) que refuerzan continuamente el ánimo. "Pero para generar adicción, y un problema importante por lo tanto, se combina con una personalidad en la que suele haber impulsividad, siempre en busca de sensaciones, baja autoestima y poca confianza en uno mismo para manejarse ante una dificultad", relata la doctora Jiménez. También coexiste con una baja capacidad de autodirección, personas a las que le cuesta llevar las riendas de su vida, persistir, creer en uno mismo y les es fácil dejarse llevar por el impulso del momento. "Pero no todas las personas enganchadas son iguales, como no lo es lo que les lleva a engancharse a las redes sociales", señala la psiquiatra. "Hay quien encuentra una vía de escape, de evasión y quien consuela su soledad". "Mi adicción creo que tiene relación con ser una compradora compulsiva. Para alejarme del gasto absurdo me refugié en el ordenador. Primero sólo miraba el correo y hacía solitarios, y un día alguien me invitó a Facebook y empecé a jugar", explica M.A., una de los 52 ciberpacientes de Bellvitge. "Pero creo que influyó el momento que vivía. Mis hijos ya no me necesitaban, me aburren los deportes que tanto gustan a mi marido. Él tenía su pasión, yo no". Entre los rasgos de los pacientes tanto se detectan casos exageradamente extrovertidos como lo contrario. Unos buscan más el número de contactos y el riesgo; los otros, compensar esa dificultad de relacionarse. Pero todos los enganchados acaban dedicando un número enorme de horas a esa vía de placer-compensación. Y eso genera problemas con los suyos de la vida off y les conduce a exponerse a más riesgos, sobre todo sexuales, en la vida on. Y no saben cómo salir. CÓMO SALIR Reconocer todo lo que está pasando y frenar Casi todos los pacientes llegan de la mano o de la amenaza de la familia. Ellos sí se dan cuenta. "Y me lo decían: ¿qué haces siete horas del sábado en el ordenador, mamá? Y fui al médico de cabecera y él me remitió a la unidad de Bellvitge. Creo que tuve mucha suerte y me cogieron muy a tiempo", reconoce M. A., en tratamiento desde enero. Lo primero fue no usar el ordenador. "Mis hijos pusieron una contraseña para ayudarme a no entrar. No es que cueste mucho, pero los primeros días pensaba continuamente en cómo estarían mis siembras en la granja de Facebook y que todo se habría podrido". La restricción va cediendo poco a poco. Al mes, sus familiares abrían el ordenador para ella un tiempo corto y vigilaban. M. A. asegura que en ese momento ya no sentía grandes deseos de entrar en las redes, podía contenerse bien. "Pero, sobre todo, me fue muy útil hablar: explicarlo me permite verlo". El tratamiento es diferente según el caso. Hay muchos adictos a los que no se puede proponer la abstinencia total, sino una reducción. "Y no sirve para nada quitarles el router o el móvil a los adolescentes", advierte la doctora Jiménez. "Puede incluso provocar una reacción violenta". El objetivo es el aprendizaje del uso razonable, calcular mejor los riesgos, reducirlos en las personas más vulnerables, ayudar a aflorar los recursos que tiene uno para protegerse ante la fascinación de una herramienta sin fin. Y eso lleva su tiempo "A veces se notan síntomas de abstinencia, ansiedad, molestias intestinales, dolores de cabeza, aunque mucho menos intensos que en el juego con apuestas y dinero de por medio", explica la experta en juego patológico. PREVENIR Una vida off más estimulante y compartir un poco la on M. A. cree que es imprescindible la complicidad de su familia en el tratamiento. "La monotonía también nos influyó y mis hijos y mi marido están poniendo mucho de su parte. Yo, también". La mayoría de los adolescentes que llegan casi de los pelos a la consulta consideran la vida off extremamente aburrida. "Las familias tienen mucho que hacer, empezando por jugar un rato con ellos en la pantalla, aunque te repatee", señala Susana Jiménez. Eso proporciona más información acerca de lo que sienten los hijos ante la pantalla y a la vez les permite a estos no ver a los adultos como absolutamente ajenos a su estimulante actividad. Como en el caso de M.A., hay que encontrar estímulos off line, recuperar amigos, conversaciones, cine, aficiones. Ella ya es "libre" para conectarse a la red de amigos con la que quedó atrapada, pero no puede jugar, "al menos de momento; es lo más adictivo". Ha eliminado uno a uno a más de 200 amigos totalmente desconocidos y, si alguno de los 400 conocidos le invita a jugar, lo rechaza. DESMITIFICAR Disciplina para no caer en la fascinación La inmediatez, la velocidad a la que un ciudadano de a pie puede ser leído en millones de móviles de todo el mundo por escribir en Twitter una frase ingeniosa; la aparición de continuas novedades tecnológicas y el prestigio de tener siempre lo último; el pertenecer a una comunidad al margen de la edad y la capacidad de éxito; el estar on en cualquier momento del día y de la noche y recibir continuos ding porque alguien te envía un Whatsapp "son fuerzas muy potentes", explica el el psicólogo Ricard Cayuela. "Por eso deberíamos concretar una especie de disciplina para hacer frente a esa fascinación, ser conscientes de las trampas, de que 500 agregados no te convierten en un tipo popular". (La Vanguardia.com Barcelona, Agosto de 2012)

16 de agosto de 2012

Filosofìa de la ciencia y de la Tècnica: Filosofìa y Ciencia.

Filosofía y ciencia. La relación entre filosofía y ciencia generalmente se concibe de dos maneras. En un caso, se supone que la filosofía debe ser enteramente compatible con la ciencia y que la debe tomar como referencia, siendo ésta la filosofía científica. En el otro caso, se supone que la filosofía ha de tener vida propia sin responder a ninguna otra rama del conocimiento, a la que podríamos denominar filosofía especulativa. La filosofía científica implica un sistema cognitivo cuyas partes coinciden, o son compatibles, con las diversas ramas de la ciencia experimental. El conocimiento filosófico del pasado se ha ido restringiendo a medida que crecía y se afianzaba la ciencia, quedando, sin embargo, la posibilidad de integrar todo el conocimiento existente en la forma utilizada por los realizadores de los antiguos sistemas filosóficos. La síntesis del conocimiento es esencial, ya que existe una diferencia importante entre conocer y comprender, siempre que asignemos a la palabra “conocer” la simple disponibilidad de información parcial, mientras que asignamos la palabra “comprender” a la integración de todos los conocimientos bajo una síntesis organizada, o sistema cognitivo. La opinión de Reichenbach Hans Reichenbach escribió: “Los sistemas filosóficos, en el mejor de los casos, han reflejado la situación del conocimiento científico de su época; pero no han contribuido al desenvolvimiento de la ciencia. El desarrollo lógico de los problemas es labor del científico; su análisis técnico, aun cuando a menudo se halla dirigido hacia pequeños detalles y rara vez se realiza con propósitos filosóficos, ha ampliado la comprensión del problema hasta que, con el tiempo, el conocimiento técnico fue lo suficientemente completo para poder dar respuesta a las preguntas filosóficas”. “Los libros de texto de filosofía generalmente incluyen un capítulo sobre la filosofía del siglo XIX escrito en el mismo tono que los que tratan de la filosofía de los siglos anteriores. Este capítulo menciona nombres como los de Fichte, Schelling, Hegel, Schopenhauer, Spencer y Bergson, y comenta sus sistemas como si fueran creaciones filosóficas situadas en la misma línea de los sistemas de los periodos precedentes. Pero la filosofía de los sistemas termina con Kant, y es un error de la historia de la filosofía el discutir sistemas posteriores en el mismo nivel que los de Kant o Platón. Los sistemas anteriores reflejan la ciencia de su tiempo y dieron pseudo-respuestas cuando no podían darse otras mejores. Los sistemas filosóficos del siglo XIX fueron construidos en los momentos en que se estaba elaborando una nueva filosofía; son el producto de hombres que no se dieron cuenta de los descubrimientos filosóficos inmanentes a la ciencia de su tiempo y que desarrollaron, bajo el nombre de filosofía, sistemas de ingenuas generalizaciones y analogías. En ocasiones fue el persuasivo lenguaje de sus exposiciones, en otras la sequedad pseudo-científica de su estilo, lo que impresionó a sus lectores y contribuyó a su fama. Pero, considerados históricamente, estos sistemas podrían compararse más bien al término de un río que después de correr por fértiles tierras terminara por secarse en el desierto”. Los sistemas filosóficos “El filósofo de la escuela tradicional muchas veces se ha rehusado a reconocer al análisis de la ciencia como filosofía, y continúa identificando la filosofía con la invención de sistemas filosóficos. No se da cuenta como que los sistemas filosóficos han perdido su significación y de que su función ha sido asumida por la filosofía de la ciencia. El filósofo científico no teme este antagonismo. Deja al filósofo anticuado que siga inventando sus sistemas filosóficos –para los que puede haber todavía un lugar dentro del museo filosófico que lleva el nombre de historia de la filosofía- y se pone a trabajar” [editar]Causalidad y teleología Puede observarse una diferencia básica entre filosofía y ciencia ya que en el primer caso es esencial el concepto de teleología o finalidad, mientras que en el segundo caso es esencial el concepto de causalidad. Sin embargo, debe tenerse presente que el concepto de “finalidad implícita” puede aparecer en la ciencia toda vez que se utilicen sistemas realimentados en la descripción del mundo real. El objetivo a alcanzar, dentro de dichos sistemas, cumple un rol similar al de “finalidad”, empleado en filosofía. Hans Reichenbach escribió: “La selección en la lucha por la existencia es un hecho irrefutable, y la causalidad en combinación con la selección produce orden. No hay escapatoria de este principio. La teoría darviniana de la selección natural es el instrumento por medio del cual la aparente teleología de la evolución se reduce a causalidad”. Filosofía especulativa Hans Reichenbach escribió: “La filosofía especulativa quería certeza absoluta. Si era imposible predecir acontecimientos individuales, al menos se consideraba que podían conocerse las leyes generales que rigen todos los acontecimientos; estas leyes podían derivarse mediante el poder de la razón. La razón, legisladora del universo, revelaba a la mente humana la naturaleza íntima de todas las cosas. Esta tesis se encontraba en la base de todas las diversas formas de sistemas especulativos. Por otra parte, la filosofía científica se rehúsa a aceptar cualquier clase de conocimiento del mundo físico como absolutamente seguro. Los principios de la lógica y de las matemáticas representan el único terreno en que puede alcanzarse la certeza; pero estos principios son analíticos y vacíos. La certeza y la vaciedad son inseparables: la síntesis a priori no existe”. “Y a pesar de todo, todavía hay filósofos que se niegan a aceptar la filosofía científica como una filosofía, que quieren incorporar sus resultados a un capítulo introductorio de la ciencia y que pretenden que existe una filosofía independiente, que no tiene nada que ver con la investigación científica y que puede alcanzar directamente la verdad. Estas pretensiones, creo yo, revelan una falta de sentido crítico. Los que no ven los errores de la filosofía tradicional no quieren renunciar a sus métodos o resultados y prefieren seguir un camino que la filosofía científica ha abandonado. Reservan el nombre de filosofía para sus falaces empeños en busca de un conocimiento supercientífico y se rehúsan a aceptar como filosófico un método de análisis construido sobre el modelo de la investigación científica”.