20 de enero de 2016

Etica

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE FELICIDAD?

¿De qué hablan esos finales de los cuentos infantiles cuando dicen que héroes y heroínas vivieron felices por siempre? ¿Cómo es que habrán vivido esos personajes? Y, sobre todo, ¿cómo lograron el bienestar en sus vidas de cuento? Los seres humanos somos los únicos animales capaces de aumentar nuestro sufrimiento, por ejemplo, a través de los pensamientos distorsivos. Pero también tenemos la habilidad de poder potenciar nuestro bienestar. Sabemos que sentirse bien tiene un impacto positivo sobre las personas porque actúa como protector en el organismo. Que las personas, cuando se sienten bien, se enferman menos, viven más y tienen una mejor calidad de vida.
La ciencia se encarga de estudiar los procesos que involucran la felicidad para así poder establecer definiciones justas y precisas. Hoy en día la investigación se enfoca en describir estados que se relacionan con ella como el placer y también el llamado “bienestar”. Veamos de qué se trata.
Distintas corrientes filosóficas identificaron dos maneras de acceder al bienestar: una es la vía hedónica, que consiste en disfrutar de todo aquello que implica un placer inmediato (una comida, un paisaje, una reunión entre amigos, etc.); y la otra es la víaeudaimónica. Esta última reside en la satisfacción a largo plazo que se genera como consecuencia de los logros obtenidos, de conseguir los frutos que surgen del esfuerzo, el trabajo y la planificación. Ascender laboralmente, graduarse o superar un mal hábito son algunos ejemplos. Actualmente, más allá de que la ciencia mantiene esta división, la denominada psicología positiva la especifica a través de tres vías: la de la vida placentera; la de la vida con compromiso; y la de la vida con significado.
Para estudiar al ser humano en toda su complejidad es necesario una disciplina que no solo resuelva sus problemas sino que también ayude a construir cualidades positivas que permitan potenciar las fortalezas de las personas. Si nos proponemos mejorar nuestras vidas, es necesario rechazar algunas ideas falsas que resultan contraproducentes para alcanzar el bienestar. Una de ellas consiste en pensar que se lo encuentra un día de manera repentina. Por el contrario, este se construye y, generalmente, esta construcción requiere de un gran esfuerzo. Otra idea afianzada comúnmente es que el bienestar es algo que se tiene o no se tiene, sin medias tintas; mientras que, en realidad, podemos considerar que hay un continuum entre el malestar y el bienestar en el que nos hallamos a lo largo del día y, más aún, de la vida. Por último, las personas erróneamente tratamos de modificar las circunstancias de la vida (dinero, pareja, etc.) creyendo que eso traerá consigo un definitivo bienestar. Debemos saber que, producto de la adaptación hedónica (nuestra capacidad para asimilar grandes transformaciones en la vida), esos cambios “externos” no producirán bienestar duradero.


Existen numerosas actividades que podemos realizar para aumentar el bienestar y la salud emocional. Esto significa que pueden ser entrenadas, es decir, pueden desarrollarse y eso depende en gran medida de la voluntad. Gracias a la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones neuronales e incluso generar nuevas neuronas ligadas a la experiencia, estas actividades también pueden producir cambios estructurales y funcionales en el cerebro.
El ejercicio físico es muy beneficioso para la salud, ya que reduce la ansiedad, el estrés y el riesgo de contraer enfermedades. También tiene un rol importante en las funciones cognitivas como la consolidación de recuerdos y la memoria de largo plazo. La ejercitación física, a su vez, mejora el flujo cerebral en estados de reposo, incluso a partir de períodos cortos de entrenamiento. Asimismo produce bienestar en el corto y mediano plazo, ya que el ejercicio genera endorfinas, las hormonas que generan sensación de placer y bienestar, además de tener un efecto analgésico en el organismo.
Numerosas investigaciones han comprobado que meditar de manera regular modifica positivamente la estructura y el funcionamiento cerebral. Estos resultados también sugerirían que la meditación cumple un rol en la plasticidad sináptica, es decir, en la capacidad de las neuronas de generar mayor número de “conversaciones” entre ellas. También la meditación se correlaciona con mayores niveles de bienestar y menor número de enfermedades.
Tener y potenciar las emociones positivas es un recurso que también favorece el bienestar. En los últimos años empezamos a conocer el rol fundamental de las emociones positivas en nuestra vida. Una teoría muy aceptada demostró que no solo nos hacen sentir bien sino que buscan ampliar nuestro repertorio de recursos positivos y promueven la construcción de nuevas estrategias para mejorar la calidad de vida. Es así que cuando llevamos adelante un accionar que produce un resultado positivo, la emoción asociada nos impulsa a querer repetirla en el futuro. Podemos decir que la ciencia está comprobando que la expresión “ver la vida color de rosa” no estaría tan apartada de la realidad. Un estudio probó que cuando uno sonríe, el cerebro procesa la información proveniente de rostros con una expresión emocional neutra de la misma manera que cuando procesa rostros alegres.
Mantener relaciones sociales amistosas, afectivas y amorosas también son consideradas fundamentales por la ciencia para conseguir el bienestar. Se sabe que la presencia de seres queridos altera positivamente la respuesta del cerebro a situaciones amenazantes. Se demostró que las personas que atravesaban una situación estresante y recibían apoyo verbal de sus afectos tenían menores cantidades de cortisol en el organismo, una hormona relacionada en el proceso que se activa ante el estrés, que aquellas que atravesaban por la misma situación pero recibían apoyo verbal de un extraño o no recibían apoyo alguno.Algunas de las claves para lograr construir una vida plena se vinculan con utilizar nuestras propias fortalezas para lograr estar satisfecho. Las fortalezas de carácter son rasgos positivos que todas las personas tenemos en mayor o menor medida. La bondad, la gratitud, el amor, la integridad, la curiosidad, la valentía y la generosidad son algunas de ellas. Ser generoso, por ejemplo, produce una sensación de bienestar ya que activa un circuito neuronal asociado al placer y la recompensa, además de activar diferentes “químicos” asociados a la felicidad como la dopamina y la oxitocina. Las personas generosas reportan tener más amistades, dormir mejor y superar de mejor manera los obstáculos que las personas mezquinas. Pero vale la pena decir que lo esencial de esto es que, más allá del favor particular, redundan en un bienestar general porque promueven beneficios para toda la sociedad. Así, maximizar nuestras potencialidades solidarias nos ayuda a todos estar bienComo un círculo virtuoso, podemos reiterar que sentirse bien contribuye a nuestro bienestar. Aunque parezca una verdad de Perogrullo, más bien abunda en la idea de que la manera en que pensamos es la manera en que sentimos. Una posibilidad de escribir nuestro propio cuento con final feliz.
De El País. Enero de 2016
Facundo Manes es neurólogo y neurocientífico (PhD in Sciences, Cambridge University). Es presidente de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia, Dementia and Cognitive Disorders y Profesor de Neurología y Neurociencias Cognitivas en la Universidad Favaloro (Argentina), University of California, San Francisco, University of South Carolina (USA), Macquarie University (Australia)

27 de noviembre de 2015

Etica Informática

La infoética o la ética de la información es el campo que investiga los asuntos éticos que surgen del desarrollo y aplicación de las tecnologías informáticas. Da un marco crítico para consider los asuntos morales sobre la privacidadinformacional, la agencia moral (por ejemplo, si los agentes artificiales pueden ser morales), nuevos asuntos medioambientales (especialmente como los agentes deberían comportarse en la infoesfera), problemas que surgen del ciclo vital (creación, colección, grabación, distribución, procedimiento, etc.) de información (especialmente la propiedad y copyright, la brecha digital). La infoética es relacionada con los campos de la ética informática y la filosofía de la información.
Dilemas en cuanto a la vida de información son cada vez más importantes en una sociedad que se define como "la sociedad de información". La transmisión y el alfabetismo informáticos son asuntos esenciales en establecer una fundación ética que promueve las prácticas justas, equitables y responsables. En términos generales, la infoética examina los asuntos relacionados con la propiedad, el aceso, la privacidad, la seguridad y la comunidad.
La informática afecta a los derechos fundamentales que involucran la protección de copyright, la libertad intelectual, la contabilidad y la seguridad.
Existen códigos profesionales que ofrecen una base para tomar decisiones éticas y aplicar soluciones éticas a situaciones que involucran la provisión y uso de información que reflejan la dedicación de una organización al servicio informático responsable. La evolución de los formatos y necesidades informáticos requiere reconsideración continua de los principios éticos y como se aplican estos códigos. La consideraciones en cuanto a la infoética influencian "las decisiones personales, la práctica profesional y la política pública". Por lo tanto, el análisis ético debe proveer una base para tomar en consideración "muchos y varios dominios" en cuanto a como se distribuye la información

23 de mayo de 2015

Etica y Deontología Profesional

EL PASAJE DEL MITO AL LOGOS

Mythos y logos no son dos conceptos radicalmente opuestos, sino complementarios, según una vertiente de análisis que se remonta a Nietzsche y que tiene a F. M. Cornford entre sus más fervientes defensores (este último advierte que en la filosofía de los jonios el mito aparece racionalizado). En ese orden, si bien la filosofía griega se desarrolla en el terreno del logos, éste no surgió ex-nihilo, sino que se articuló contrastándose con la idea de mythos; de igual modo, las preguntas clave que se formula la filosofía helénica surgen de la herencia mítica de ese pueblo.
Conviene recordar que la filosía griega parece nacer del propósito de Hesíodo por formular en suTeogonía una explicación teocosmogónica del mundo. Hesíodo era un poeta y, como tal, se valía de mitos -también lo harían, con variada fortuna, algunos de los filósofos presocráticos, por ejemplo, Parménides-, pero el poeta beocio los ordena y sistematiza racionalmente con el propósito de ofrecer la referida explicación de la physis que, para él, es de naturaleza teológica (el razonamiento mítico privilegia lo icónico; el lógico, lo discursivo). En la cultura griega las primeras manifestaciones literarias son poéticas; la prosa nace más tardiamente y como consecuencia del afán de los filósofos por apartarse del mito y sentar las bases de un pensamiento lógico. Tal circusntancia podría ser resumida, literariamente, a través de dos definiciones paralelas: la poesía es solidaria del mythos; la prosa, del logos.

Martín Velasco, al comentar la exégesis cassireana sobre el mito, señala: "Para la ciencia el todo resulta de sus partes, para la conciencia mítica, se identifica con ella: pars pro toto. La parte es realmente el todo porque es portador de su poder." Tal lucubración, demostrada en la última década merced a la clonación de seres a partir de una célula germinal, no hace otra cosa que corroborar la intuición de Th. Haecker cuando, al ocuparse del estilo inimitable de Virgilio, destaca su atención al todo, ya que en toda obra reputada como clásica, si hay algo que no puede desatenderse, es la idea de totalidad, principio ya advertido por Aristóteles cuando explica que lanatura naturans nunca omite una cosa: ¡el todo.


Hugo Francisco BauzáQué es un mito. Una aproximación a la mitología clásica. Bs. As., FCE, 2012, pp.115-116.

12 de noviembre de 2014

Filosofía de la ciencia y Etica y Deontología Profesional: Las redes y la educación.

¿Educar en la realidad virtual?
Navegando sin brújula
Por Luciana Chairo
lucianachairo@elpsicoanalitico.com.ar
 
- “Por favor dice Alicia al gato de Chesire, ¿Podría decirme qué camino debo tomar a partir de aquí?
-Eso depende mucho del lugar a dónde se dirija, dice el gato
-No me importa mucho a dónde sea, dice Alicia.
-Entonces tampoco importa mucho qué camino tome, dice el gato
-…con tal de que llegue a alguna parte, agrega Alicia a modo de explicación
-Oh, seguramente llegará allí, dice el gato, si camina durante bastante tiempo.”
 
[1] 







¿Cómo podría escogerse un camino posible, cuando no se tiene claro hacia dónde nos dirigimos? Esta es una de las preguntas que orienta el presente escrito; interrogante que oficia de brújula para reflexionar acerca de la relación-controvertida por cierto- entre el avance acelerado de las nuevas tecnologías y el estado de la educación en nuestra sociedad.
Si partimos de la premisa de que el conocer y el actuar del hombre son indisociablemente psíquicos e histórico-sociales, cabe entonces suponer que dicho avance tecnológico transformará a la sociedad como un todo y por ende a sus fabricaciones sociales, es decir, a los sujetos que la hacen ser. La educación, en este sentido, como una de las principales instancias de socialización de los individuos, se verá sin más transformada o, simplemente, implicada en este profundo proceso de cambio histórico social. ¿Cuáles son los alcances y limitaciones de este avance tecnológico sobre la praxis educativa de la sociedad y, más específicamente, sobre la constitución subjetiva de las nuevas generaciones?
Hoy día se oyen posiciones diferentes y hasta contrapuestas tanto respecto de las consecuencias del progreso tecnológico, como de las acciones a llevar a cabo frente a dicho avance sobre la esfera educativa: algunos sostienen que la educación debería adaptarse a este mundo que cambia. Se legitima de este modo el paradigma de la racionalidad instrumental desde la cual se ve a la educación como una mercancía más que debería contribuir a que las sociedades enfrenten con éxito los retos de la competencia y la innovación. Otros estigmatizan la tecnología, al afirmar que necesitamos una educación que sirva para cambiar el mundo, humanizándo. Es la perspectiva desde la cual se busca formar sujetos de transformación, con capacidades para incidir en las relaciones económicas, sociales, políticas y culturales.
Y aquí retorna el interrogante inicial ¿Cómo elegir un solo camino cuando no se conoce el destino al que quisiéramos arribar? Trataremos de no caer en antinomias que obstaculicen la elucidación crítica, poniendo en tensión las diferentes posiciones. La idea es desustancializar por un lado, a la “tecnología” (que por momentos se presenta como un cuerpo autónomo que amenaza la sociedad) y, por otro, analizar el impacto que ésta supone sobre las subjetividades y la sociedad en general.
En la actualidad se observa claramente cierto desconcierto, desorientación, acerca del “para qué” y del “hacia dónde” de muchas de las instituciones sociales, entre ellas la escuela, la educación. ¿Con qué objetivo mandamos a nuestros niños a la escuela?; ¿Qué debería transmitirse?, ¿Para qué?; ¿Qué educación necesitamos?; ¿Qué hacer como docente con los saberes que los niños y jóvenes traen adquiridos de otros espacios y con nuevas lógicas? Lo mismo puede pensarse en relación con la tecnología: ¿Con qué objetivo utilizarla?; ¿Cómo capitalizar su desarrollo para que contribuya con ciertos fines instituidos socialmente? ¿Quién orienta hoy el avance de la técnica? Puede hipotetizarse que dicha desorientación es producto de la ausencia de las garantías que antaño servían para sostener determinados valores y principios directrices. Hoy se hace prioritaria, entonces, una reflexión crítica acerca de qué queremos como sociedad, qué educación elegimos para nuestros niños, que relación al pasado y al futuro adoptamos, es decir, hacia dónde deseamos dirigir nuestro proyecto colectivo.

Sujetos a la red y enredos en la escuela
Actualmente los niños y jóvenes que concurren a la escuela, se encuentran en una relación constante y fluida con los medios de comunicación y con lo que se ha dado en llamar “ciberespacio”. Hoy, la televisión, Internet, los celulares, video juegos cada vez más sofisticados -como productos del avance tecnológico- entran a jugar un papel central en la vida cotidiana y se entraman en la producción y en la transformación de la subjetividad. Ofrecen, así, coexistencia de temporalidades diversas, menos presencia de la narrativa que de la imagen y tiempos de procesamiento de la información más acelerados. Hoy los niños llegan a la escuela con muchos saberes que no tienen la forma de lo lineal, secuencial y vertical instituida históricamente. La lógica de lo simultáneo, procesos de traducción y elaboración de la información diferentes, descolocan a los maestros quienes ven cuestionada la legitimación de su transmisión. Los alumnos, por su parte, no se interesan por aquello que aprenden, se aburren, y el desconcierto mutuo iza su bandera. En el cotidiano los jóvenes comparten con sus pares experiencias virtuales donde efectivamente despliegan otras habilidades cognitivas que van desde lo perceptual hasta el pensamiento deductivo; otros modos de metabolizar y compartir la información; aprenden a colaborar en redes y a participar de otras formas de interacción, otras modalidades del lazo (hoy llamadas “conexión”) que los aprendidos tradicionalmente en el ámbito escolar.
Surge entonces la pregunta por el papel de la escuela y por los desafíos que tendrá que enfrentar para estar a la altura de su tiempo histórico, marcado actualmente por la globalización y el desarrollo de nuevas tecnologías que plantean rupturas para el escenario escolar y social.
En el campo educativo se entrama una compleja red de significaciones sociales; estas producciones de sentido logran materializarse a partir de su consolidación y reproducción a través de rituales, emblemas y mitos, que sostienen a una sociedad. Esto es lo que C. Castoriadis denomina imaginario social instituido: “…hay pues una unidad en la institución total de la sociedad; esta unidad es, en última instancia, la unidad y la cohesión interna de la urdiembre inmensamente compleja de significaciones que empapan, orientan y dirigen toda la vida de la sociedad considerada y a los individuos concretos que corporalmente la constituyen…” [2]. Los sujetos que una sociedad fabrica pertenecen a ella porque participan en las significaciones imaginarias sociales, en sus normas, valores, mitos, representaciones, proyectos, tradiciones, porque comparten la voluntad de ser de la sociedad y de hacerla ser continuamente.
La escuela como construcción social, entonces, tiene la función de mantener el orden social vigente en cada momento histórico. Pero podemos pensar que no sólo interactúan en ella movimientos de mera conservación de lo instituido, sino que también alberga un movimiento transformador, instituyente, el cual inventa nuevos conjuntos de significaciones que dan cuenta de ciertas grietas provocadas por las mismas subjetividades que participan en su proceso. Este movimiento transformador es visto como amenazante por la sociedad y por la misma escuela, cuando ve cuestionados los valores y emblemas que sostenían su existencia. Esta dimensión “del ser por hacerse”, motor inagotable de transformación, se enfrenta permanentemente con lo reproductivo, con aquello ya instituido en la sociedad. El avance tecnológico rompe, de este modo, con aquel conservadurismo educativo que debe desafiar sus propios cercos para elegir qué lugar darle a esta nueva realidad que no sólo transforma las significaciones sociales, sino sobre todo a las subjetividades, materia prima de la praxis educativa.
La técnica ha desplazado su propio sentido, ha dejado de ser un mero instrumento para conformar una dimensión estructural y estructurante de la sociedad contemporánea y de la fabricación de sus individuos. La escuela, por el contrario, ha sufrido un proceso inverso de vaciamiento de sentido al instrumentalizarse. A pesar de las grandes revoluciones técnicas, provenientes de la comunicación y la virtualidad, la institución escolar continúa anclada al pasado: escolarizando, disciplinando, homogeneizando y desconociendo, así, en muchos casos, la dimensión subjetiva.
Jesús Martín Barbero [3] plantea que la nueva razón técnica ha contribuido a formar nuevos sujetos, desafiando de este modo a larazón escolar socializadora por excelencia y tradición. Ante tal desacople, la escuela exige a sus alumnos dejar en otra parte las nuevas sensibilidades, los nuevos intereses, los nuevos modos de procesamiento de la información…. La escuela resiente la presencia de la nueva tecnología. Si bien vemos como, en muchos casos, se ha priorizado el suministro de los equipamientos tecnológicos necesarios en las aulas para articular con el aprendizaje, no se ha realizado una reformulación de los contenidos; se incorpora la máquina pero no la racionalidad tecnológica que le es propia como la hipertextualidad, la interactividad y la conectividad. En este sentido, al carecer la escuela de un replanteamiento epistemológico y filosófico que oriente y de sentido a sus prácticas, mediadas por las nuevas tecnologías, sostiene un conservadurismo que la refuerza en su papel de reproductora o repetidora de instituidos que no llevan a la producción y la invención de nuevas significaciones.

Tecnología y descomposición en la educación
Si se pretende realizar una lectura lúcida y reflexiva en torno de los efectos de la tecnociencia sobre la educación de nuestra sociedad, es importante enmarcar la cuestión en lo que se presenta como crisis-descomposición [4] de la sociedad occidental y sus repercusiones en la subjetividad. Para ello tomaremos a Cornelius Castoriadis, quien realiza aportes claves en lo que respecta a la caracterización y análisis de nuestro tiempo. El autor refiere que vivimos en una época de conformismo generalizado, definida por la privatización de la vida social, y esto como producto de la crisis de las significaciones imaginarias sociales. Esta crisis se conjuga con una crisis del proceso identificatorio, que reproduce y agrava la situación. Castoriadis pone el acento en el debilitamiento o dislocación de aquellos lugares por donde pasaba la socialización en otros tiempos históricos; hoy esos lugares no se instituyen como moradas de sentidos y, siguiendo al autor, “no se ha creado aún ninguna totalidad de significaciones imaginarias sociales que pueda hacerse cargo de esta crisis de apuntalamientos particulares” [5]. Tanto la familia como la escuela, instituciones centrales en la humanización del individuo, atraviesan actualmente, junto a otras instituciones sociales, una fuerte crisis de sentidos y valores, lo cual lleva a una gran desorientación de las nuevas generaciones.
Hoy habitamos una sociedad caracterizada por el aislamiento entre los sujetos, donde se reemplazan valores y normas, legitimadas en otros tiempos, por “el nivel de vida”; “el bienestar”; el confort y el consumo; la “conexión virtual” desprovista del cuerpo a cuerpo; una “colección de individuos” uniformizados y homogeneizados que no se interesan por los asuntos públicos, políticos [6]. “En nuestra sociedad occidental el individuo no es más que una marioneta que realiza espasmódicamente los gestos que le impone el campo histórico social: hacer dinero, consumir y gozar. Supuestamente ‘libre’ de darle a su vida el sentido que quiera, en la aplastante mayoría de los casos no le da sino el sentido que impera, es decir el sinsentido del aumento indefinido del consumo.” [7]
Actualmente son muchos los que ven en la tecnología misma la fuente de ciertos conflictos sociales, como si ella pudiera tomar cuerpo y autonomizarse de la mano del hombre. Y quizá allí esté el problema, en esa ilusión social de omnipotencia, donde nadie pareciera poder controlar y orientar su funcionamiento. Así, la tecnología se presenta tomando un poder absoluto, difícil de cuestionar y sobre todo extranjerizándose de la construcción propia de los individuos de la sociedad. De este modo, colocando a la técnica como ese gran Otro, extrasocial y amenazante, podemos -como sociedad absolutamente heterónoma- adjudicarle los problemas y reclamar ante las consecuencia propias de lo que se encuentra “sin brújula”.
Olvidamos, de este modo, que somos creadores de nuestro mundo, que –como tales- podríamos orientar y controlar los avances tecnológicos hacia el lugar que como sociedad deseemos darle. ¿Qué es lo que queremos, hacia dónde ir, qué pensamos hacer? Preguntas que -de surgir - permitirían reflexionar acerca de esta problemática, así como de muchas otras que nos atañen como sujetos histórico sociales para construir, quizás, un camino alternativo. Sería deseable, aunque no es posible predecir su aparición, la instalación de una tal actividad instituyente, la cual se ha visto degradada por el progreso acelerado de la técnica librada casi por completo a las necesidades de mercado.
El sistema educativo, desde hace ya varias décadas, sufre una crisis de los contenidos y de la misma relación educativa. La relación transferencial, necesaria para que alguien aprenda, ha sido desplazada -en la actualidad- por una relación absolutamente instrumental. No existen criterios claros en lo que respecta a los roles que deben cumplir los docentes, los estudiantes y sus padres. En palabras de Silvia Bleichmar [8] “…la posmodernidad mina transferencias y destrona al sujeto supuesto saber, todo saber, y con él conduce a un relativismo que mercantiliza de modo insospechado hasta hace algunos años las relaciones sociales…”, por ejemplo la del docente con sus alumnos. Castoriadis dirá “…La verdad sobre la educación ya fue dicha por Platón hace veinticinco siglos: ‘sin Eros no hay educación’. Si los adolescentes no se enamoran, de una u otra manera de su maestro, y si los maestros no son capaces de inspirar ese amor porque ellos aman lo que hacen y porque en cada adolescente aman la promesa de algo nuevo, y no solamente de otro ser humano al que hay que inculcarle ciertos conocimientos, entonces ya no hay educación” [9]
La educación ya no esta investida como educación para aquellos que hacen ser a este proceso. Se habla de una “inversión instrumental”. Los diferentes actores de la realidad educativa han instrumentalizado su labor, ha ganado el terreno lo procedimental, se ha valorizado lo rentable, lo cuantitativo y aquello que pueda ser producto de intercambio, por ejemplo el papel que certifique los estudios, para un trabajo el día de mañana…si es que llega.
La educación del individuo humano, paideia, es inherente a toda política que se oriente hacia la autonomía. El objeto de toda verdadera pedagogía es ayudarnos a devenir seres humanos y reflexivos. Una educación para la autonomía y hacia la autonomía, es aquella que induce a interrogarse constantemente acerca de las instituciones de la sociedad para, llegado el caso, transformarlas; es aquella que contribuye a potenciar la actividad colectiva, lúcida y reflexiva.
Castoriadis plantea que la crisis actual de la humanidad es política en el sentido más amplio del término, crisis tanto de la creatividad, de la imaginación como de la participación política de los individuos. En este sentido, la privatización y el individualismo reinantes orientan hacia lo arbitrario de los aparatos; hacia la marcha autónoma de la tecnociencia. Los objetos, en este sentido, cobran un rol protagónico y ejercen cierto poder que pareciera “incontrolable”.
Ahora bien, como ya se ha afirmado, podemos pensar que no por estar ligados a las técnicas, estamos determinados por ellas; por el contrario, como sujetos sociales constructores de nuestra historia podemos pensar en un campo de acción política, de potencia y de resistencia que acompañe tal avance y lo oriente en función de nuestros deseos como sociedad.
Debemos tratar de imaginar y procurar construir redes técnicas que sean compatibles con la justicia social, con la libertad, y otros fines políticos claves de la educación de cualquier sociedad que se pretenda reflexiva y autónoma.

 
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Notas
 
[1] Carroll, Lewis. Alicia en el País de las Maravillas
[2] Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria en la sociedad, pág. 556, Ed. Tusquets, Barelona, 1983
[3] Barbero, Jesús Martín. La razón técnica desafía a la razón escolar en La razón técnica desafía a la razón escolar. Construcción de identidades y subjetividades políticas en la formación. Varios autores. Comps. Martinez Boom Alberto; Narodowski, Mariano; Ospina, Hector. Novedades Educativas, Bs. As, 2006.
[4] Castoriadis, Cornelius, El avance de la insignificancia, Eudeba, Bs. As, 1996. Pág. 113. Eudeba, Bs.As, 1996.
[5] Ibid op. cit. (4) Pág. 155. Eudeba, Bs.As, 1996.
[6] Ibid op. cit. (4) Pág. 30. Eudeba, Bs.As, 1996.
[7] Ibid op. cit. (4) Pág. 80. Eudeba, Bs.As, 1996.
[8] Bleichmar, Silvia. Acerca del “malestar sobrante” en Subjetividad en Riesgo. Pág 20. Topia, Bs. As, 2005
[9] Castoriadis, Cornelius. Conferencia: “giro del capitalismo contemporáneo”. UBA 1996
 
Bibliografía
 
 Varios autores. Comps. Martinez Boom Alberto; Narodowski, Mariano; Ospina, Héctor. La razón técnica desafía a la razón escolar. Construcción de identidades y subjetividades políticas en la formación. Novedades Educativas, Bs. As, 2006.

 Bleichmar, Silvia. La Subjetividad en Riesgo, Topia, Bs. As, 2005

de "El Psicoanalítico", Noviembre de 2014
 

12 de septiembre de 2014

Filosofía de la Ciencia y de la Técnica: Optimismo y pesimismo digital

Tecnoptimistas y ateos de la era digital

Progreso interpelado. Un sistema que inventa constantemente objetos genera entusiasmo y escepticismo sobre sus virtudes y el lugar del ser humano.

POR NICOLÁS MAVRAKIs

El debate que enfrenta los beneficios del desarrollo tecnológico con los perjuicios para las formas habituales con las que, hasta ese momento, se entendía y experimentaba el mundo, no es una discusión entre el espíritu de progreso de la Humanidad y los espectros de su propia nostalgia, como la versión simplificada (pero siempre seductora) de la carrera mítica entre Aquiles y la tortuga. Analizada con cuidado, esa también es la historia paradójica del acercamiento continuo de un sujeto —tan rápido como el miedo— hacia un objeto —tan moroso como el progreso— que, sin embargo, mantiene una distancia constante. Como plantea el psicoanálisis lacaniano —un protocolo de lectura en sí mismo “nuevo” ante el “viejo” paradigma freudiano—, no se trata de que Aquiles no pueda adelantarse a la tortuga sino de que no pueda alcanzarla. En términos psicológicos, por lo tanto, el sujeto persigue su deseo de una manera constante pero también imposible, y es en ese circuito donde se resuelve el goce. ¿No es el coro de voces conservadoras (o reaccionarias), advirtiendo contra las amenazas del progreso tecnológico —en un arco que va desde la imprenta de Gutenberg hasta el Facebook de Zuckerberg—, algo parecido a la carrera de Aquiles detrás de su tortuga imposible? ¿Qué lograrían el miedo y el pesimismo crónicos que enfrenta cada paso de la evolución tecnológica desde sus principios si, por algún motivo, lograran prevalecer y “alcanzaran a la tortuga del progreso”?Por supuesto, no es la clase de especulación filosófica que preocupa a la enorme mayoría de los 2.800 millones de usuarios actuales de la Web —por mencionar el avance más significativo de las últimas décadas, y el que todavía divide aguas—, ni a los vectores de una economía digital en expansión global que, en países como el Reino Unido, alcanza hasta el 8% del PBI. Pero sí es el terreno donde se resuelve algo más sutil y profundo: el imaginario que intenta dar un sentido a los cruces inevitables entre tecnología y civilización. Ante ese panorama, hoy la nueva ola de “tecnopesimistas” parece haber abandonado los espectros fallidos de una disolución masiva de las individualidades personales, comunitarias e incluso nacionales con el advenimiento de la Web para comenzar a apuntar con más cuidado al corazón material del presente tecnológico. Para el ensayista inglés Mark Bauerlein, una de las cuestiones clave de la tecnología actual es la forma en que disuelve la capacidad cognitiva de los jóvenes y su capacidad de concentración, asunto que desarrolla en La generación más tonta: cómo la era digital estupidiza a los jóvenes americanos y hace peligrar nuestro futuro (2008), libro que, además de una importante repercusión en el mundo científico, tiene una elocuencia absoluta.

El centro del argumento “tecnopesimista”, sin embargo, puede sintetizarse en una pregunta: ¿quedan trabajos realizados por humanos que no puedan ser reemplazados por algoritmos, robots o drones? Más allá de las ventajas o desventajas que eso implique para el producto final, la certeza —insisten los pesimistas— es que el sistema económico nunca ha dejado de estar dispuesto a hacer lo que resulte más barato y produzca mejores beneficios (para el sistema económico) y, en esa ecuación, el elemento humano tiene pocas ventajas en comparación con la tecnología. A partir de este esquema, el renacimiento del ludismo —un movimiento obrero que como respuesta a los bajos salarios y la inestabilidad laboral durante la revolución industrial profesaba “el odio hacia las máquinas”— promete transformarse en la nueva pared de sonido contra la que deberán enfrentarse las voces favorables del desarrollo.
Entre los oradores clásicos del “tecnoptimismo”, mientras tanto, a sus 70 años Nicholas Negroponte, fundador del MIT Media Lab y autor del clásico Ser Digita l (1995), sigue predicando que la edad digital no puede detenerse y que su deriva “natural” es favorecer una armonía superior entre las personas. Para el ensayista estadounidense Kevin Kelly, autor de Lo que la tecnología quiere (2010), la base de esa armonía todavía está en las herramientas de intercambio colectivo que vuelven predominante una cultura de la colaboración. Con ese horizonte, la respuesta esencial de los “tecnoptimistas” al neoludismo es señalar algo que la Historia ha demostrado desde la invención de la rueda: cada vez que la técnica alteró las formas de producción, convirtiendo en obsoletas viejas prácticas y oficios, también se ocupó de crear nuevas ocupaciones y profesiones.
Las redes sociales, mientras tanto, plantean un desafío aparte. Entre la especulación constante y un discurso inasible sobre sus efectos, la dinámica de su progreso ininterrumpido parece darle a cualquier juicio de valor a su alrededor una relevancia tan evanescente como la de un tweet en Twitter o un post en Facebook.
Un análisis de Weibo —la versión china de Twitter— demostró sobre unos 70 millones de mensajes de 200.000 usuarios que el enojo es una emoción con la capacidad de esparcirse más rápido y de manera más efectiva que la alegría. “El enojo es más influyente”, concluyeron Rui Fan, Jichang Zhao, Yan Chen y Ke Xu en su paper de la Beihang University en Beijing. La propagación de emociones, la influencia de los sentimientos y su análisis cuantitativo en las redes también fueron motivo de un experimento reciente en Facebook, con el mismo resultado. Desde una perspectiva “a favor” o “en contra”, que los sentimientos negativos se propaguen más que los sentimientos positivos —a través de un volumen de 1.600 millones de usuarios si se combinan Facebook y Twitter— sirve a los analistas para medir el tiempo de respuesta virtual ante distintos conflictos y reclamos sociales (y la conclusión es una demostración empírica de que, cuando las cosas marchan mal, las personas reaccionan más rápido y de manera más vehemente que cuando marchan bien). Pero es la paradoja representada en el hecho mismo de que un enorme volumen de “negatividad” pueda medirse y transformarse, en un aporte “positivo” al conocimiento lo que, por otro lado, enmarca la zona abierta al debate. Tal como repite Julian Assange, la solución a las vulnerabilidades provocadas por la tecnología está, al mismo tiempo, en el uso más conciente de la tecnología.
¿Pero no es el plano literario el espacio donde la disputa entre los modos en que se asimila la realidad puede realmente desarrollarse? Desde que a finales de los 40 Arthur C. Clarke escribió la historia del primer satélite artificial —una década antes de que el primero se pusiera en órbita, en la tradición anticipatoria de Julio Verne—, autores como Philip K. Dick, Kurt Vonnegut, J. G. Ballard, Michel Houellebecq o Dave Eggers —cuya última novela retrata un mundo dominado por una corporación como Google—, transformaron el distanciamiento social, la realidad virtual y la clonación en sus temas, en versiones que van del horror a la celebración. Que la tecnología sea el motivo de buena parte de la creatividad contemporánea tal vez sea el alegato más interesante que pueda argumentarse a favor del desarrollo tecnológico. La posición optimista, en ese sentido, mantiene la delantera incluso cuando la sombra pesimista de Aquiles se acerca, tal vez porque se niega a convertir a la tecnología en el chivo expiatorio de los grandes problemas económicos y sociales. ¿Qué es un “tecnoptimista” sino alguien que intenta nadar en las aguas agitadas por la rabia de la modernidad sin la poesía frágil de otro tiempo?

Revista de Cultura Ñ, septiembre de 2014

27 de agosto de 2014

Etica Informática: Censura en Internet

Argentina figura a la cabeza entre las naciones que no realizan censura en internet, según los resultados de un relevamiento de la compañía IVPN sobre las restricciones que los países aplican en la navegación por la web.
Así, Argentina forma parte de un grupo de 16 países que no obstaculizan el tráfico de datos en la red, según el trabajo publicado por IVPN -una empresa que ofrece una plataforma para navegar online de forma segura y anónima-, un relevamiento en más de 60 países en todo el mundo, para el que utilizó datos de 2013.


En América hay otras dos naciones que no censuran el acceso a internet, losEstados Unidos y Guyana Francesa, mientras que las restantes imponen algún nivel de censura en la entrada a la red, según el reporte.
En Europa los países que no obstaculizan el ingreso son Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Ucrania, Eslovaquia, Estonia, Georgia y Armenia.
En el caso del África, sólo dos países tienen acceso irrestricto: Sudáfrica y Kenia, mientras que en el caso de Asia Oceanía, las naciones que no presentan limitaciones para el ingreso son Japón, Filipinas y Australia.
El informe señala que la censura se medía de acuerdo a tres grandes factores: los límites aplicados sobre el contenido online, los obstáculos para acceder a la Red y las violaciones de derechos de usuarios. Según esas medidas se catalogaban los países bajo tres etiquetas: libre, parcialmente libre y sin libertad.
"La libertad online es un tema caliente y uno de los asuntos políticos más importantes de nuestros días. Desde su concepción, el Internet ha revolucionado las comunicaciones, promoviendo siempre la libertad de discurso en todo el Globo. Sin embargo, algunos gobiernos ven el internet como un peligro y algo incendiario. Buscan regular la Red, evitando que los ciudadanos se comuniquen y colaboren", explican desde IVPN.
China está a la cabeza de la censura pero no es el único país. En la lista también figuran Irán, Pakistán, Vietnam, Siria, Arabia Saudí, Etiopía y Sudán como las naciones más censuradoras. En menor medida  pero con restricciones estánVenezuela, Rusia, Ecuador, México, Indonesia, Libia, Marruecos o Turquía.
(Diario Los Andes, Agosto de 2014)

18 de junio de 2014

Etica Inormàtica: Què es la Infoètica

La infoética o la ética de la información es el campo que investiga los asuntos éticos que surgen del desarrollo y aplicación de las tecnologías informáticas. Da un marco crítico para consider los asuntos morales sobre la privacidadinformacional, la agencia moral (por ejemplo, si los agentes artificiales pueden ser morales), nuevos asuntos medioambientales (especialmente como los agentes deberían comportarse en la infoesfera), problemas que surgen del ciclo vital (creación, colección, grabación, distribución, procedimiento, etc.) de información (especialmente la propiedad y copyright, la brecha digital). La infoética es relacionada con los campos de la ética informática y la filosofía de la información.
Dilemas en cuanto a la vida de información son cada vez más importantes en una sociedad que se define como "la sociedad de información". La transmisión y el alfabetismo informáticos son asuntos esenciales en establecer una fundación ética que promueve las prácticas justas, equitables y responsables. En términos generales, la infoética examina los asuntos relacionados con la propiedad, el aceso, la privacidad, la seguridad y la comunidad.
La informática afecta a los derechos fundamentales que involucran la protección de copyright, la libertad intelectual, la contabilidad y la seguridad.
Existen códigos profesionales que ofrecen una base para tomar decisiones éticas y aplicar soluciones éticas a situaciones que involucran la provisión y uso de información que reflejan la dedicación de una organización al servicio informático responsable. La evolución de los formatos y necesidades informáticos requiere reconsideración continua de los principios éticos y como se aplican estos códigos. La consideraciones en cuanto a la infoética influencian "las decisiones personales, la práctica profesional y la política pública". Por lo tanto, el análisis ético debe proveer una base para tomar en consideración "muchos y varios dominios" en cuanto a como se distribuye la información.