27 de agosto de 2013
Ètica y Deontol. prof. (RRHH): La posibilidad de ser feliz.
“LA GENTE FELIZ GENERA VÍNCULOS; LA INFELIZ COMPRA COMPULSIVAMENTE”
Un buen día la socióloga Roberta Paltrinieri dejó de mirar vidrieras. Repasó sus hábitos de consumo y no volvió a comprarse ropa, entre otras costumbres que abandonó. “Fue un viaje al interior de lo que sucedía en la crisis de la sociedad de la abundancia que me llevó a mí y a quienes me rodean a tomar conciencia”, dice Paltrinieri, doctora en Sociología y profesora de Sociología del consumo en la Universidad de Bologna, la más antigua del mundo occidental. Fue así como se propuso orientar su vida y la de su familia hacia una felicidad responsable, término con el que bautizó a su último libro. “Mi materia de estudio surge de mi autorreflexión sobre mi comportamiento cotidiano y el de mi familia -se sincera-. Y decidimos iniciar, como pequeño núcleo, una búsqueda de comportamientos de consumo sostenible.” Sus hijos -de 8 y 12 años- crecen sabiendo que no deben derrochar agua, que la basura se debe separar según su materia prima -orgánica, papel, plástico, vidrio- y que el trueque con otras familias es divertido, sustentable y sienta bien. “Mi vida no se ha empobrecido. Como docente empleada pública, es cierto que tengo mi sueldo congelado desde hace tres años, pero también cuento con la seguridad de que mes a mes recibo mi paga. Admito que no he sentido la crisis que veo a mi alrededor, pero esto no implica que en mí no se hayan activado modos de investigación para dar con formas más virtuosas de consumo”, dice la socióloga que también dirige el Centro de Estudios Avanzados sobre el Consumo y la Comunicación del Alma Mater Studiorum de la Universidad de Bologna y es parte de la Research Network Sociology of Consumption. Y allí fue Paltrinieri detrás de la felicidad responsable que, según ella, “es un modo distinto de pensar el bienestar individual y colectivo. Es la superación de un modelo cultural que hizo del ‘Consumo, luego existo’ el leitmotiv de los últimos treinta años, a favor de un modelo cultural que valorice las relaciones antes que los símbolos de status”.
¿Dónde busca la sociedad de hoy la felicidad?
Desde el punto de vista aristotélico, el concepto de felicidad se refiere a la obtención del placer a través de una acción. Sobre la base de esta dimensión aristotélica se ha ido construyendo la sociedad de consumo. En este sistema, a través de los objetos de consumo, los hombres deberían obtener aquel placer que, de algún modo, se presupone para una cierta felicidad. La sociedad del consumo como nosotros la conocimos en Europa, desde la posguerra, es decir desde los años ‘50 hasta los inicios de esta crisis en 2008, prometió la obtención del placer basándose paradojalmente en mecanismos que producen constantemente infelicidad. Desear comprar ha sido un imperativo para la sociedad de consumo europea. Consumir y desear seguir haciéndolo por más que se posean ya muchos bienes. El problema no es la posesión de bienes sino la insaciabilidad: una promesa constante de algo que se debe desear y que una vez obtenido no da satisfacción y por eso reenvía a la necesidad constante de continuar en este accionar. De aquí nacen los procesos de consumo compulsivo. La sociedad europea y la norteamericana son sociedades enfermas desde el punto de vista de la compulsividad, porque a través de este acto se intenta calmar un ansia que está dentro nuestro y que es el estado existencial de la subjetividad en una sociedad que progresivamente ha hecho desaparecer otras formas del placer.
Con este diagnóstico, ¿hoy es posible ser feliz?
Es necesario superar la dimensión instrumental del bienestar individual para estimular un nuevo modelo que ponga en el centro el bienestar colectivo entendido como relación que desarrolla confianza, reciprocidad. Las sociedades felices son las que producen relaciones, vínculos. Las infelices son las que en el lugar de las relaciones venden productos. En síntesis: la gente feliz genera vínculos; los infelices compran compulsivamente.
Usted ha señalado que la felicidad y el bienestar no han sido medidos adecuadamente
El primer texto que intenta superar la idea del PBI como único indicador del bienestar es el estudio que el ex presidente francés Nicolás Sarkozy encargó en 2008 al economista Joseph Stiglitz, donde se utiliza una serie de indicadores que arrojan luz sobre cómo medir el bienestar. A partir de esto, en Italia hemos desarrollado el índice de Bienestar Equitativo Sostenible -Benessere Equo e Sostenibile (BES)-. Es interesante porque hace foco en el bien relacional. De algún modo dice que la tutela del ambiente y las relaciones son fundamentales para medir el bienestar. Un elemento fundamental que está en la base de este nuevo modelo que estoy intentando promover de la felicidad responsable es la dimensión de la participación. Personas que participan en términos activos dentro de la propia comunidad son personas más felices.
¿Cómo se hace para hablar de bienestar colectivo en una sociedad de tanta desigualdad
El modelo económico al cual nos ha habituado la sociedad de consumo es un modelo en el que lo determinante es el bienestar individual medido económicamente. El verdadero problema es que se debe correr el bienestar individual al bienestar colectivo. De hecho, las personas no viven solas, aisladas. Pero la verdadera posibilidad de producir bienestar colectivo nace de la posibilidad de producir bienes relacionales. Una cosa importante en el interior de una comunidad para desarrollar el bienestar no es tanto el dinero cuanto una buena cualidad de las relaciones humanas. El bienestar colectivo debe ser producido a través de las relaciones humanas cualitativamente buenas. Bienes relacionales producen confianza, intercambio, reciprocidad. Las relaciones se vuelven importantes también en términos de desigualdad: si yo produzco relaciones dentro de un sistema, produzco formas de solidaridad y la forma de solidaridad produce cohesión social. Donde existe la desigualdad se pueden activar estos mecanismos de la solidaridad. Si produzco individualismo, no produzco cohesión social.
Da la sensación de que en la sociedad actual sólo participan activamente los que tienen tiempo o los que abrazan una causa y militan a favor de ella. ¿Cómo se crea esta conciencia de responsabilidad compartida en el ciudadano medio?
En Italia no estamos en una fase ascendente de la democracia sino decreciente. Crisis de gobernabilidad, altos niveles de desconfianza, temas que tal vez le resulten familiares a usted … Por eso es necesario crear un nuevo pacto de confianza. Y la responsabilidad social compartida como respuesta a la crisis nos compete a todos. Tenemos que dar el salto hacia una teoría colectiva de las relaciones. Buscar cómo podemos responder a la crisis a través de nuestras capacidades específicas.
¿Cuál es hoy la principal característica del comportamiento social?
Hoy es difícil hablar de una teoría del accionar colectivo porque de hecho vivimos en una sociedad donde los procesos de socialización retrocedieron en su capacidad de orientar las relaciones. Hoy más que nunca, en esto veo también el reflejo del paradigma económico neoliberal dominante, hablamos de sujetos individualizados. De hecho, el hombre está cada vez más solo y debe responder a los desafíos de una sociedad global. Hemos perdido los valores normativos que nos orientaban. Es como si el individuo tuviera constantemente que reflexionar sobre las propias acciones. Disminuyó la mediación de la estructura. En el pensar, el comportamiento social ha retrocedido. Esto quiere decir que no hay más un cuadro normativo de referencia sino que hay que proceder por autorreflexión. Se trata de una constante necesidad de encontrar dentro de sí las fuerzas, las capacidades para responder a la emergencia o a la urgencia que el ámbito social le impone.
En usted la crisis fue una ocasión para repensar su comportamiento como consumidora. La idea de crisis como oportunidad, ¿se puede aplicar a todas las clases sociales?
Es claro que desde un punto de vista sistémico esto puede ser una oportunidad para las clases medias y altas de reflexión para repensar el propio comportamiento. Por una cuestión de insostenibilidad, es preciso pensar en un nuevo modelo para la sociedad de consumo tal como la conocemos hasta ahora. Es claro que no tienen la misma posibilidad los sectores medio y bajo que hoy están experimentando un gran desgaste. La crisis como oportunidad también nos enfrenta al problema de la desigualdad. En Italia, como seguramente también sucede en Argentina, lo que está sucediendo respecto del pasado es que estamos viendo que los mecanismos del ascenso social ligados, por ejemplo, a la instrucción, no funcionan más. Mientras en el pasado era normal que el hijo del campesino o del obrero se convirtiera en médico, hoy ese ascensor social ya no existe. Estamos asistiendo a una autorreproducción de las castas y ya no hay mecanismo de movilidad ascendente entre generaciones. Es lo ineludible de un destino: los hijos de las clases bajas no tendrán posibilidad de superar su propio status. Las nuevas generaciones están experimentando condiciones de vida peores que las de sus padres.
¿Esto es válido para ricos y pobres?
Sí. El elemento central en este proceso de pobreza es que los hijos de las clases sociales medias-altas, los hijos de la burguesía, también experimentan condiciones de vida peores que las de sus padres. Yo estoy segura de que, si mis hijos no se van al exterior y se quedan en Italia, no tendrán la condición de vida ni las oportunidades que he tenido yo.
Desde la mirada argentina, es como si Europa, aquel Primer Mundo de nuestro imaginario, estuviera descubriendo algo que nosotros, lamentablemente, ya conocemos en carne propia en materia de crisis.
En realidad lo que muchos países latinoamericanos, Argentina en primer lugar, han experimentado como técnicas de supervivencia en un mundo globalizado -siempre a favor de un Primer Mundo que como consecuencia de este intercambio desigual venía favorecido-, hoy se convirtieron en las técnicas que estamos observando para responder a nuestra propia crisis. Los argentinos nos pueden enseñar mucho al respecto.
Marina Artusa, Clarìn.com Agosto 2013
19 de agosto de 2013
Etica Informàtica y Filosofìa de la Ciencia: Uso de las Redes Sociales
Facebook no te hace más feliz
A pesar de ayudar a conectar a las personas, el uso de la la red social liderada por Mark Zuckerberg reduce el bienestar de los usuarios, de acuerdo a un estudio realizado por la Universidad de Michigan
Cada vez que tiene la oportunidad de describir a su compañía, Mark Zuckerberg repite una y otra vez que Facebook ayuda a las personas a estar conectadas. En todo el mundo ya cuenta con más de 1100 millones de usuarios, y en la Argentina ya tiene 22 millones de suscriptos, de los cuales 14 millones ingresan de forma diaria.
Sin embargo, el cofundador y CEO de la compañía no dice nada acerca de la felicidad de los miembros de la plataforma. De hecho, su uso provoca una disminución en el bienestar del usuario, de acuerdo a un estudio elaborado por la Universidad de Michigan (UM), que examinó la influencia de la red social en el bienestar de sus miembros.
"A simple vista, Facebook proporciona un recurso valioso para la necesidad humana de conexión social. Sin embargo, en lugar de realzar el bienestar, encontramos que el uso de Facebook pronostica el resultado opuesto, socava el bienestar", dijo Ethan Kross, psicólogo social de la UM.
Los investigadores analizaron el comportamiento de 82 jóvenes adultos con teléfonos inteligentes y una cuenta de Facebook bajo un muestreo de experiencia, en donde recibían de forma aleatoria, cinco veces al día durante dos semanas, un mensaje de texto que les preguntaba cómo se sentían.
Las pregunta iba desde ¿cómo te sientes en este momento? o ¿cuán preocupado estás? hasta ¿cuán solitario te sientes en este momento?. De acuerdo a los resultados, el estudio de la UM determinó que las personas peor se sentían cuando más usaban Facebook.
Los investigadores no hallaron pruebas de que la interacción directa con otras personas ya sea por teléfono o en encuentros cara a cara influyeran negativamente en el bienestar. No obstante, sí encontraron que las interacciones directas con otras personas hacían que los participantes se sintieran mejor con el paso del tiempo..
4 de agosto de 2013
Etica Informàtica: Redes Sociales
Me cansé de ti, Facebook
¿La red social está perdiendo su brillo? 61% de los usuarios se estaría tomando un receso voluntario.
Ryan Wichert es actor. Vive entre Londres y Berlín y era un activo usuario de Facebook hasta el año pasado. Sin embargo, sus contactos han notado que no actualiza su estado desde Navidad.
"Me estoy tomando un descanso de Facebook porque no quería que mi vida girara en torno a lo que otros hacen. Me di cuenta de que me estaba afectando de manera personal, estaba preocupado, envidioso. Me estaba convirtiendo en una persona que no soy", le cuenta Wichert a BBC Mundo.
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"En vez de enfocarme en mi carrera y lo que es importante para mí, vivía preocupado de lo que otros hacían", explica el actor.
El joven actor no es la excepción. De hecho, es la regla.
Así por lo menos lo demuestra un estudio de Pew Internet & American Life Project, el cual asegura que un 61% de los usuarios de Facebook se han tomado un receso voluntario. Y un 27% planea gastar menos tiempo en la red social este año.
El estudio se realizó en Estados Unidos, donde la red social sigue siendo predominante: dos tercios de los adultos conectados son usuarios de Facebook, con o sin vacaciones.
Pero a pesar de que la red sigue siendo popular, las tendencias están cambiando.
Demasiado drama
Un quinto de los usuarios en receso aseguró que simplemente estaba "demasiado ocupado" o "no tenía tiempo" para gastar en el sitio web.
Pero lo más revelador es que casi un tercio de quienes se alejaron temporalmente de la red social lo hicieron por razones asociadas a sentimientos de rechazo como desinterés o disgusto (10%), pérdida de tiempo o contenido irrelevante (10%) o simplemente demasiado drama, chismes, negatividad o conflicto (9%).
"La gente asume que por tener Facebook pueden omitir otro tipo de contacto. Mis cercanos, que saben que no tengo Facebook, me llaman o me mandan mails en vez de invitaciones masivas"
Fernanda Becker
"Estaba cansado de comentarios estúpidos", "Se puso aburrido", "No me aportaba en nada", "Demasiado drama" o "La gente postea hasta lo que cena", son algunos de los comentarios que la consultora recibió de los encuestados.
Vacaciones permanentes
Algunos han sido más radicales. El 20% de quienes no usan Facebook hoy sí habían sido parte de la red con anterioridad, pero decidieron abandonarla de forma definitiva.
A miles de kilómetros de Ryan y con un océano de por medio, Fernanda Becker también se tomó vacaciones de Facebook. Pero de manera permanente.
La periodista y abogada chilena olvidó su clave de Facebook y al pasar por toda una odisea para recuperarla, decidió que la red social no era lo suyo.
Eso hace más de cuatro años. Sin embargo, sigue siendo saludada para sus cumpleaños, mencionada y etiquetada en fotos por sus contactos quienes parecieran no percatarse de su dimisión.
"Incluso me 'regalaron' un perfil y la clave, todo el trabajo listo y hecho para que lo empezara usar de nuevo, pero me da lata, porque no tengo tiempo y porque la gente asume que por tener Facebook pueden omitir otro tipo de contacto. Mis cercanos, que saben que no tengo Facebook, me llaman o me mandan mails en vez de invitaciones masivas", le cuenta Fernanda a BBC Mundo.
Hay algunos que aunque quieran no pueden tomarse vacaciones de la red social.
Sin embargo, haber renunciado definitivamente a la red tiene sus costos. "Lo desagradable es que no me recuerda los cumpleaños y que si publican una foto poco decorosa mi único recurso es la fuerza física para resguardar mi honra", bromea la periodista y abogada.
Nada es para siempre
Eso sí, el divorcio de hoy puede no durar para siempre. Al menos en las promiscuas redes sociales.
"A pesar de que los usuarios han ajustado su distribución de tiempo en el sitio según los criterios anteriores, la gran mayoría de los usuarios de redes sociales -92%- mantienen un perfil de Facebook", señala el estudio.
Según datos de la consultora, los usuarios de redes sociales se han disparado de 47% a 69% en los últimos tres años. Y en un día común y corriente, más de la mitad de los estadounidenses acceden a alguna red social.
BBC Mundo 2013
27 de junio de 2013
Etica en los RRHH
Etica y Deontología. La ética en las organizaciones. El hombre, desde los primeros años de su existencia, va creciendo con las ideas de “bien” y de “mal”, que le son inculcadas en su hogar, y luego reafirmadas, o incluso modificadas, por la sociedad en que vive. El modo de inculcación es casi siempre vivencial, y a veces sistemático, por ejemplo, a traves de la acción de la escuela y los medios masivos de comunicación. Pero es aproximadamente a partir del umbral de la adolescencia, que la persona piensa y reflexiona por sí sola, y se pregunta acerca de qué es lo bueno y qué es lo malo, por qué son malas algunas acciones y por qué otras son buenas, cuáles son los fundamentos de la moral, y cuál es la regla de moralidad a la que tiene que ajustar sus acciones. Estas, tal cual ya se ha visto, son las cuestiones que hacen al problema ético. Y son la prueba de que en todas las culturas existe un “hecho moral”, un “fenómeno moral” detrás del cual se esconde un sentido de responsabilidad. Dentro de la conciencia, se puede experimentar que todas las acciones van acompañadas de una sensación de responsabilidad sobre cada cosa que se hace. Las personas se sienten responsables de aquello que eligen y ejecutan libremente. Cuando la persona adulta se dispone a la reflexión, no puede escapar al planteo del problema ético. Quizás la reflexión como tal tarde en aparecer, pero al fin llega. Así, cada persona ansía saber si es realmente buena. Las apariencias de una moralidad puramente exterior no engañan a nadie, ni siquiera al propio sujeto. El cumplimiento de las leyes positivas no es suficiente, a veces, para hacer de la persona un ser “moralmente bueno”, pues hay muchos actos humanos que escapan a las leyes, y porque además no todas las leyes humanas son moralmente buenas, más allá de que debieran serlo. Efectivamente, la “moralidad” y la “legalidad” no son conceptos convertibles, y en los hechos no siempre un acto legal es moral, ni siempre un acto moral es legal. La única manera de juzgar bueno o malo moralmente un acto humano, es comprobar si se adecua, o no, a una determinada pauta, norma o criterio moral. De esta manera, si se llega a conocer mediante la reflexión filosófica, cuál es la norma de moralidad, se contará con el instrumento necesario que permitirá juzgar buena o mala una determinada acción. Por lo tanto, si armoniza con la norma establecida como resultado de una racionalización madura, será moralmente buena. Caso contrario, será mala, en proporción al grado o nivel de desarmonización. Por eso se concluye que la Ética debe constituir una estructura normativa, pero en tanto tal no es “vacía”, sino que es también un contenido de “valores”. La norma orienta, evita los desvíos, allana el camino, proporciona tranquilidad en el obrar, cuando el sujeto consciente procede con buena voluntad. Esto supone que existen “valores morales” que satisfacen el sentido del acto humano que se realiza; que hay “bienes” que perfeccionan la naturaleza humana mediante el ejercicio de actos virtuosos; que hay “fines” a los que se apuntan en la vida, y a los que se desea llegar voluntaria y libremente. En tanto la Ética proporciona normas para regular la conducta humana en general, cualquiera sea el estado, la edad, la profesión o el oficio de la persona, se puede hablar de una “Ética General”. Pero hay determinadas actividades humanas, como por ejemplo, las profesiones, que generan en quienes las ejercen obligaciones y derechos específicos, que no incumben a quienes no las ejercen. La Deontología no constituye una Ética aparte, sino que es la misma Ética que se refiere a las actividades concretas de cada profesión, especificando las aplicaciones que derivan racionalmente de los principios generales, e intentando conciliar estos últimos con las reglamentaciones del Derecho Positivo de cada país, para el ejercicio válido de cada profesión. El “objeto material” de la Ética son los actos humanos, considerando en esta categoría aquellos actos del hombre que se hacen conscientemente, libremente, y con el uso de la razón. El “objeto formal” de la Ética es la relación que los actos humanos tienen con la norma ideal de la conducta humana, de modo que puedan ser calificados como buenos o malos. El término “deontología profesional” hace referencia al conjunto de principios y reglas éticas que regulan y guían una actividad profesional. Estas normas determinan los deberes mínimamente exigibles a los profesionales en el desempeño de su actividad. Por este motivo, suele ser el propio colectivo profesional quién determina dichas normas y, a su vez, se encarga de recogerlas por escrito en los códigos deontológicos. A día de hoy, prácticamente todas las profesiones han desarrollado sus propios códigos y, en este sentido, puede hablarse de una deontología profesional periodística, de una deontología profesional médica, deontología profesional de los abogados, etc. El término deontología procede del griego: to deon (lo conveniente, lo debido) y logía (conocimiento, estudio…); lo que significa, en términos generales, el estudio o la ciencia de lo debido. El objeto de estudio de la Deontología son los fundamentos del deber y las normas morales. El concepto de deontología fue acuñado por Jeremías Bentham en su obra Deontología o ciencia de la moral, donde ofrece una visión novedosa de esta disciplina. Para Bentham, la deontología se aplica fundamentalmente al ámbito de la moral; es decir, a aquellas conductas del hombre que no forman parte de las hipótesis normativas del derecho vigente, aquellas acciones que no están sometidas al control de la legislación pública. Esto sugiere una de las intenciones de la redacción de los códigos deontológicos: explicitar la dimensión estrictamente moral de una profesión, aquellos comportamientos exigibles a unos profesionales, aunque no estén delimitados jurídicamente, o quizá, por ello mismo. La primera alusión al término deontología la hizo Bentham en su obra Science de la Morale (París, 1832). Con dicha alusión al, se quiso dotar de un enfoque algo más liberal al concepto de ética y convertir en un concepto laico el término, hasta entonces religioso, “moral”. En otras palabras, pretendía lograr la fórmula kantiana, esquivando la carga de subjetividad de la moral y la ética. Se apela así al racionalismo, con un mecanicismo casi matemático con el que valorar los comportamientos por su utilidad. Sin embargo, el intento de Bentham por cambiar el contenido de la moralidad por un concepto más “aséptico” y menos valorativo, no logró esa transformación por el mero hecho de acuñar un nuevo término. Es decir, aun hoy, cuando nos referimos al término deontología, seguimos relacionando ésta con la ética y/o la moral. Bentham considera que la base de la deontología es el utilitarismo, lo que significa que los actos de las personas se consideran buenos o malos en función de la felicidad global que puedan generar. Según este marco teórico, el fin de una acción debe ser conseguir la máxima felicidad para el mayor número de personas. De este modo, toda acción que conduzca a ese fin, será aceptada como moralmente correcta. ¿Qué es aquello a lo que podemos denominar bien en sí o bien incondicional? En nuestro contexto sociocultural actual, es la dignidad de cada persona, que debe ser admitida y garantizada jurídicamente y defendida políticamente. La dignidad es aquello que debe constituir el núcleo principal de toda ética filosófica y de toda deontología profesional que se precie. A través de la deontología, la ética profesional adquiere un reconocimiento público; y es que la moral individual se hace trascendente en el campo de la profesión. La deontología surge como una disciplina que se ocupa de concretar normas en el ámbito profesional para alcanzar unos fines. Si se parte de considerar a la ética como una ciencia filosófica-normativa y teórico-práctica que estudia los aspectos individuales y sociales de la persona, bajo la luz de la razón, y teniendo siempre como fin el “bien honesto”, o la honestidad, se podrán deducir los siguientes elementos: a- Objeto material: realidad que constituye el objeto de estudio. En ética es la persona, el ser y la configuración virtuosa o viciosa que se dé a sí o cada uno a través de las acciones. Son susceptibles de calificarse como éticas pues, las acciones humanas que son libres (dependen de la voluntad de la persona). b- Objeto formal: Punto de vista según el cual las acciones son calificadas como buenas o malas. Se denomina “moralidad” y se basa en valores y normas. c- Conocimiento (Ciencia): Aquello que se sabe de manera cierta y sus causas. Doctrina ordenada que constituye una rama particular del saber humano. d- Disciplina filosófica: La ética como disciplina filosófica intenta a través de métodos de análisis y experiencia propios de la filosofía, elaborar los conceptos y argumentos para comprender la dimensión moral de la persona. Todo profesional está y debe estar sometido a controles sociales más o menos rigurosos que permitan exigirle responsabilidades de muy diversa índole en relación con sus actos, de ahí la necesidad de establecer unos principios éticos. Independientemente de la propia conciencia, que debiera ser quién más rigiera el cumplimiento de los códigos morales, existe la figura de los colegios profesionales para mantener, promover y defender la deontología. Éstos vigilan el cumplimiento de determinados niveles de exigencia, de competencia y de calidad en el desempeño del trabajo de sus colegiados. El Estado, al convertir a los colegios profesionales en corporaciones a través de mecanismos legales, propicia el modo de mantener la deontología profesional. Les encarga funciones públicas y les dota de la potestad de imponer una determinada disciplina a todos los profesionales pertenecientes a este colectivo. Para que se pueda pedir responsabilidad por actuaciones profesionales se precisan dos requisitos: la independencia y la libertad. El profesional debe ser independiente en el momento de tomar decisiones y debe ser enteramente libre de ejecutarlas. La deontología es de sumo interés para el mundo profesional, y en concreto, para profesiones que comportan una elevada responsabilidad social (médicos, abogados, docentes, psicólogos, periodistas…). Esa deontología busca un equilibrio entre un determinado estilo de vida moral (el denominado êthos o carácter moral) y un alto nivel de profesionalidad técnico-científica. Esta doble dimensión ha de tratarse con armonía y equilibrio para una mayor dignificación de cualquier actividad laboral. Una de las diferencias cuando hablamos de "ética" y "deontología" es que la primera hace directamente referencia a la conciencia personal, mientras que la segunda adopta una función de modelo de actuación en el área de una colectividad. Por ello, con la concreción y diseño de códigos deontológicos, además de autorregular esta profesión, se invita al seguimiento de un camino muy concreto y a la formación ética de los comunicadores. De forma teórica, podríamos diferenciar dos grandes grupos: la ética social y la ética individual. Dentro de la ética individual se diferencia, también, una ética interpersonal que es la que rige el comportamiento que tenemos en relación a otros individuos. Aquí se puede situar la ética profesional ya que rige el comportamiento del profesional en su actividad laboral. Los principios que rigen la profesión se obtienen a través de métodos similares a los de la ética general: dialógico, inductivo y deductivo. Para conocer el fundamento ético y moral de un código ético, se requiere el estudio de la actividad profesional en sí misma y no es suficiente la labor de un filósofo que desconozca la profesión. La ética de las profesiones se mueve en el nivel intermedio de las éticas específicas o “aplicadas”. El profesional se juega en el ejercicio de su profesión no sólo ser un buen o mal profesional sino también su ser ético. No acaba de ser considerada una persona éticamente aceptable quien en todos los ámbitos actuase bien y cumpliese con sus deberes menos en el ejercicio de sus responsabilidades profesionales. La ética general de las profesiones se plantea en términos de principios: el principio de beneficencia, el principio de autonomía, el principio de justicia y el principio de no maleficencia El deontologismo plantea los temas éticos en términos de normas y deberes. Los principios se distinguen de las normas por ser más genéricos que éstas. Los principios ponen ante los ojos los grandes temas y valores del vivir y del actuar. Las normas aplican los principios a situaciones más o menos concretas, más o menos genéricas. Las normas suelen hacer referencia a algún tipo de circunstancia, aunque sea en términos genéricos. Pero también los principios se hacen inteligibles cuando adquieren concreción normativa y hacen referencia a las situaciones en las que se invocan y se aplican. En términos generales un principio enuncia un valor o meta valiosa. Las normas, en cambio, intentando realizar el principio bajo el que se subsumen, dicen cómo debe aplicarse un principio en determinadas situaciones. Tanto las normas como los principios son universales aun cuando el ámbito de aplicación de los principios sea más amplio y general que las normas específicas que caen bajo dicho principio. Desde la perspectiva de la ética profesional, el primer criterio para juzgar las actuaciones profesionales será si se logra y cómo se logra realizar esos bienes y proporcionar esos servicios (principio de beneficencia). Como toda actuación profesional tiene como destinatario a otras personas, tratar a las personas como tales personas, respetando su dignidad, autonomía y derechos sería el segundo criterio (principio de autonomía). Las actuaciones profesionales se llevan a cabo en un ámbito social con demandas múltiples que hay que jerarquizar y recursos más o menos limitados que hay que administrar con criterios de justicia (principio de justicia). Y, en todo caso, habrá que evitar causar daño, no perjudicar a nadie que pueda quedar implicado o afectado por una actuación profesional (principio de no maleficencia). En un sentido vulgar se habla de deontología en referencia al buen hacer que produce resultados deseables, sobre todo en el ámbito de las profesiones. Un buen profesional es alguien que, en primer lugar, posee una destreza técnica que le permite, en condiciones normales, realizar su tarea con un aceptable nivel de competencia y calidad. Las reglas del buen hacer –perfectum officium, acción llevada a cabo conforme a los imperativos de la razón instrumental– constituyen, sin duda, deberes profesionales. Y esto no es en modo alguno ajeno al orden general del deber ético. Aún más: las obligaciones éticas comunes para cualquier persona son, además, obligaciones profesionales para muchos En definitiva, cuando nos refiramos a una profesión determinada, podemos hablar de la existencia de una ética y de una deontología determinada. La primera se podría centrar en determinar y perfilar el bien de una determinada profesión (aportación al bien social) y la deontología, por su parte, se centraría en definir cuáles son las obligaciones concretas de cada actividad. La “conciencia individual” implica la condición de ser una conciencia responsable. La “conciencia ética” nos responsabiliza en la forma de trato hacia esas otras personas. Además de estas dos hay una clase de conciencia más, constituida como un concepto muy importante relacionado con la deontología profesional: la conciencia profesional. La “conciencia profesional” es una dimensión esencial de la conciencia ética, a la que se añade la responsabilidad que cada persona tiene. Se manifiesta en un comportamiento socialmente responsable acerca de los deberes específicos de una profesión después de haber interiorizado, asumido y personalizado un código de valores referentes a dicha profesión, para después analizar, aplicar y resolver problemas específicos de la profesión con la mejor competencia y rectitud posibles y socialmente exigibles. Se puede hablar de cuatro niveles de la conciencia profesional: 1) Nivel individual, pues la conciencia profesional es intransferible e individual, nadie es responsable por ninguna otra persona. 2) Nivel de los deberes específicos, aprendidos, asumidos y personalizados por socialización ética. Cada persona tiene que haberse socializado en el código deontológico de su profesión. 3) Nivel de madurez y equilibrio psíquico, pues para que la conciencia profesional pueda funcionar hay que gozar de un grado de madurez mínimo. 4) Aptitud profesional para el ejercicio digno de una profesión. Las costumbres y la responsabilidad profesional Las costumbres son normas que crean una sociedad y que le dan un hecho jurídico palpable. Tienen al igual que ocurre con las leyes, consecuencias cuando son violadas. El profesional debe regirse por su código de ética propio, pero también tiene que tener en cuenta un marco de costumbre. La gran mayoría de los autores coinciden al señalar que el fundamento de la responsabilidad es la libertad de la voluntad. El sentimiento de responsabilidad también se puede ir desarrollando a lo largo de la trayectoria vital y profesional de una persona. Una profesión cualquiera debe tener un periodo de aprendizaje, una preparación previa especializada y casi siempre formal, que se debe completar con una formación permanente que se completa con el paso del tiempo y la vivencia de distintas situaciones en la vida profesional a las que enfrentarse. Colegios profesionales Los Colegios Profesionales, tal como los define la ley, “son corporaciones de derecho público, amparadas por la ley y reconocidas por el Estado, con personalidad jurídica propia y plena capacidad para el cumplimiento de sus fines, entre los que se encuentra la ordenación del ejercicio de las profesiones”. Además, son las corporaciones que elaboran los códigos deontológicos. Los códigos deontológicos cumplen una triple función: a) Fijar una serie de criterios de carácter científico-funcional para el ejercicio de la profesión, con el objetivo de dar operatividad y eficacia a las actividades ejercidas en el ámbito cubierto por las normas establecidas. b) Refundir orientaciones éticas para el ejercicio de la profesión y plasmarlas en códigos de deontología profesional. c) La posibilidad de imponer sanciones disciplinarias a los colegiados que incumplan los dictados de los códigos deontológicos. Esta función tiene la singularidad de conferir a éstos relevancia jurídica estatal, lo que otorga a la deontología ciertas coincidencias con el Derecho en lo que se refiere a la utilización de un procedimiento judicial. Una diferencia importante entre la deontología profesional y el derecho reside en el origen de estos dos órdenes normativos reguladores del ejercicio de una profesión. La fuente del derecho es el poder legislativo del Estado -que emana del ejercicio de la Soberanía Popular-, mientras que el origen de la deontología profesional no es "estatal", sino que emana del propio colectivo profesional, y desde una labor de autorregulación. En casos excepcionales, la iniciativa de un código deontológico puede partir del Estado o de una entidad supraestatal, como es el caso paradigmático del Código deontológico de los periodistas del Consejo de Europa, aunque es una condición necesaria que el colectivo profesional lo incorpore a su actividad y ejerza una labor de autorregulación. Sin estas dos condiciones, este código normativo se convertiría en derecho y no en deontología profesional. Por lo tanto, no es necesariamente excluyente de la deontología profesional un código de origen externo a la propia profesión, si pasa por el filtro de la autorregulación. En el caso de las profesiones que requieren colegiación profesional, como la abogacía y la medicina, existe una institucionalización de la sanción. Sin embargo, hay profesiones como el periodismo, que se ejercen sin colegiación obligatoria. En estos casos, el incumplimiento de las normas deontológicas lleva aparejada una sanción similar a la que corresponde a la vulneración de las normas morales: mala imagen pública, reproche, expulsión del grupo, etc. Esto las diferencia de las profesiones de colegiación obligatoria, caracterizadas por la institucionalización de la sanción. Pero no implica falta de gravedad. Un profesional puede considerar que una sanción por infracción del código de deontología profesional tiene más importancia que una sanción administrativa. Retomando la idea de que la deontología profesional es uno de los órdenes reguladores del ejercicio de una profesión, en una situación intermedia entre el derecho y la moral, es necesario hacer una serie de precisiones. Las normas de la deontología profesional, aun sentidas como vinculantes entre los miembros del colectivo, se alejan del carácter coercitivo del derecho. El derecho es siempre coactivo, y la deontología profesional puede o no imponer sanciones y, en el caso de aplicarse, son menos graves que las impuestas por el derecho. La sanción más grave que puede imponer la deontología profesional es la exclusión de la profesión. Por otro lado, las sanciones de la deontología profesional en aquellas profesiones que no exigen para su ejercicio la colegiación obligatoria son sanciones sociales difusas; es decir, que aparte de no llegar al grado de gravedad de la sanción jurídica, no tienen por qué estar necesariamente institucionalizadas. Un ejemplo de sanciones sociales difusas -en este sentido de informalidad, cercanas a la moral- emitidas por la deontología puede ser la consideración de exclusión del colectivo profesional de un miembro, sin llegar ésta a ser una sanción no formalizada. No obstante, la deontología profesional tiene un mayor grado de institucionalización que la moral general, de tal modo que, para hablar de deontología profesional, es necesario un grado de institucionalización normativa -inferior a la del derecho pero superior a la de la moral. La moral, aunque es de carácter social, tiene un componente último que es individual, mientras que la instancia última de la deontología profesional es colectiva, común a todo el grupo profesional. Igual que se da el conflicto entre moral y derecho, cabe la confrontación del individuo con la deontología profesional a la que está sometido. La deontología es uno de los tres órdenes normativos que regulan el ejercicio de las profesiones, junto al Derecho y la moral. Cabe señalar que las normas deontológicas se encuentran a medio camino entre los otros dos órdenes normativos. Una característica fundamental de la deontología profesional es que tiene un fuerte componente de autorregulación, entendida en un sentido colectivo. Se trata de una interiorización de las normas propias de la profesión. Se diferenciaría del Derecho en que éste es creado por el Estado, y de la moral en que la deontología tiene un carácter colectivo, no se basa en los principios individuales. Otra diferencia clave frente al Derecho, es que éste tiene un marcado carácter coactivo, impone sanciones al incumplimiento de sus normas. La deontología, por su parte, puede o no incluir sanciones, y siempre serán menos graves que las relacionadas con el Derecho (surgidas de instituciones jurídicas). No obstante, la deontología puede institucionalizarse a través de los Códigos Deontológicos, la colegiación... (instrumentos o mecanismos que dotan de más efectividad a la deontología), pero siempre presenta una institucionalización mucho menor a la del Derecho. Las normas del Derecho son "ajenas" al mismo, mientras que lo característico de la deontología profesional es la autorregulación. Los profesionales son creadores, sujetos y objetos de las normas deontológicas de su profesión correspondiente. Participan (a través de sus asociaciones, por ejemplo) en la creación de los códigos deontológicos que, a su vez, deberán aplicar. La autorregulación es necesaria porque delimita campos de actuación, alerta sobre conductas alejadas del bien común y puede invitar al profesional a dirigir sus acciones por el fomento de valores que permitan una vida más humana. La Ética y los Recursos Humanos. Ya se ha señalado que, en el sentido más elemental, la ética es un conjunto de valores y reglas que definen los comportamientos correctos e incorrectos, señalan cuando es aceptable una acción y cuando resulta inadmisible. Lo que se considera ético depende de la óptica con que se traten los asuntos de orden ético. Las fuerzas que dan forma al comportamiento ético-deontológico son: 1- Normas y cultura de la sociedad Buena parte de las opiniones sobre lo que es ético proviene de la sociedad en que tienen lugar a los actos de los individuos. Los medios de comunicación exponen y dan cuenta de decisiones y procederes, que luego diferentes críticos y grupos de interés juzgan en forma pública. En 1966 grupos con intereses públicos presionaron a la Dirección de Salud Pública de Estados Unidos para que obligara a las compañías tabacaleras a poner leyendas de advertencia en los paquetes de cigarrillos. Estas compañías han sido blanco de ataques de ciudadanos que consideran que las compañías proceden sin ética. 2- Leyes y reglamentos Lo que la sociedad interpreta como ético o carente de ética a menudo termina por expresarse en leyes, reglamentos gubernamentales y decisiones judiciales. El empleo a voluntad es un concepto del derecho consuetudinario en que se plantea que los patrones están libertad de despedir a sus empleados por cualquier razón y en cualquier momento y que estos se hallan en libertad de renunciar a su trabajo por cualquier motivo y en cualquier momento. Las investigaciones sobre acciones ilegales de las empresas demuestran que dichas acciones son adversas a la reputación y rentabilidad de las organizaciones. 3- Práctica y cultura organizacionales Las organizaciones influyen en las acciones de los empleados de manera tanto formal como informal. Para ofrecer orientación formal a sus trabajadores, la empresa debe establecer políticas claras que definan las acciones éticas y las distingan de las que no lo son. Un código de ética plantea los principios que se esperan sigan los empleados en sus acciones y proceder dentro de la organización. Los códigos de ética ayudan a entender las normas y los valores de las compañías y ofrecen reglas básicas para decidir que comportamiento resulta aceptable. 4- Puntos de vista individuales Los individuos tienen sus valores e ideas sobre lo que es correcto y lo que no. En ocasiones el punto de vista personal converge con la perspectiva de su organización y de la sociedad en su conjunto, pero no siempre es así. Los estudios psicológicos sobre el comportamiento ético sugieren que las personas desarrollan la moral en buena medida como lo hacen físicamente, desde la infancia hasta la edad adulta. 5- Razones aceptables legalmente para despedir a los empleados. Incompetencia en el desempeño que no responde a la capacitación o al puesto. Insubordinación grave o constante. Infracciones a los derechos civiles, como las prácticas de hostigamiento. Ausencias injustificadas. Acciones ilegales, como el robo. Retrasos constantes Actividades relacionadas con narcóticos en el trabajo. Agresión verbal Violencia física Falsificación de expedientes Embriaguez en el trabajo 6- Razones Inaceptables legalmente para despedir a los empleados Hacer notar la conducta ilegal de los empleadores (por ejemplo, oponerse o hacer públicas las políticas o practicas del patrón que infringen las leyes, como la ley antimonopolio, la de protección al consumidor o las leyes de protección ambiental) Cooperar en la investigación de un cargo en contra de la empresa Informar sobre las infracciones a la Dirección de Seguridad y Bienestar Ocupacional Presentar cargos por discriminación ante la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el empleo o ante un organismo estatal o municipal de defensa de la igualdad en el trabajo. Presentar cargos por prácticas laborales injustas ante el Consejo Nacional de Relaciones Laborales o ante un organismo estatal. Presentar una demanda de indemnización laboral. Participar en actividades concertadas para protestar por salarios, condiciones laborales o riesgos de seguridad. Participar en actividades sindicales, siempre que no haya violencia o comportamientos fuera de la ley. Protestar o dar testimonio sobre infracciones a las leyes de igualdad en el salario o en los horarios Protestar o dar testimonio sobre peligros de seguridad o rehusar una labor si se considera que es peligrosa. Identidad y ética del profesional de Recursos Humanos Debe plantearse la necesidad de un código ético del profesional de Recursos Humanos, como punto de partida hacia una mayor identificación de su rol en las organizaciones y la sociedad argentinas. A la vez, facilitará la toma de decisiones y permitirá un desarrollo más consistente y claro para quienes ejercen hoy la profesión y, muy especialmente, en el futuro. El ejercicio de actividades referidas a las relaciones del trabajo - más comúnmente conocidas como "recursos humanos" -, ha alcanzado un desarrollo suficiente como para ser considerada una profesión equivalente a cualquier otra de las que son reconocidas en la sociedad. Sin embargo, en nuestro país y en los inicios del siglo XXI, no ha logrado el rango de profesión, entre otros motivos, por la inexistencia de límites éticos claros que darían fundamento a la práctica. En otras palabras, "ética" y "profesión" son términos complementarios que otorgan identidad y es poco probable que quienes se encuentren ejerciendo las actividades referidas a los recursos humanos - hoy y en el futuro -, puedan continuar su desarrollo sobre bases tan difusas. Por este motivo, se torna necesario iniciar un análisis y un debate sobre este aspecto puntual, que además coincide con el crecimiento del interés por la ética empresarial, uno de los ámbitos frecuentes de actuación. ¿Qué se entiende por "identidad"? Sin llegar a entrar en perspectivas psicológicas o filosóficas, aún cuando éstas podrían aportar definiciones enriquecedoras, la identidad es una construcción social, que implica no sólo la comprensión de sí mismo y el rol que desempeña en la sociedad, sino que debe completarse con la visión de los otros. La práctica visible de una actividad permite construir la identidad. Nadie podría considerarse pintor si no pinta, o chofer de taxi si no sabe conducir un automóvil. Las habilidades y el desempeño de ciertas funciones otorgan identidad, en la medida en que son manifiestas, comprobables en la realidad, no sólo por el que las ejecuta sino también por quienes las perciben o son sujetos de sus acciones. Aquí nos enfrentamos, además, con un problema central: ¿cómo llamar al profesional de Recursos Humanos? Las distintas carreras de grado han optado por distintas denominaciones respondiendo más a razones de marketing que de contenidos u objetivos. En las empresas existe una heterogeneidad similar: Personal, Recursos Humanos, Relaciones Laborales, Relaciones con el Personal, Relaciones del Trabajo, etc. Para confirmar aún más la ambigüedad sobre las que nos movemos, hagamos el ejercicio de suponer cómo describirían al "buen" profesional de Recursos Humanos personalidades tan distintas como los presidentes de distintas empresas. ¿Qué se entiende por "profesional"? La aproximación más eficaz respecto de la definición de los términos que utilizamos es el diccionario, cuya función principal es, precisamente, fijar el significado de las palabras y sus posibles acepciones. Según el diccionario Webster, una profesión es "un llamado, vocación o cargo que requiere conocimientos especializados y frecuentemente, una larga e intensa formación académica". Para ser definida como profesión debe poseer no menos de seis condiciones: 1- Un cuerpo de conocimientos común. 2- El establecimiento de estándares de desempeño. 3- La existencia de una organización profesional representativa. 4- Otorgamientos de matrícula. 5- Reconocimiento externo de la profesión. 6- Un código de ética. 1- Un cuerpo de conocimientos común. A pesar de que las carreras de grado en la especialidad tienen, en Argentina, una historia corta (algo más de 30 años), se ha constituido un cuerpo de conocimientos sólido, a partir del ejercicio de la docencia y las investigaciones. No obstante, existe una gran dispersión en los temas centrales y los avances alcanzados respecto de técnicas, estudios o metodologías de intervención. En principio, aunque se justifica por el reducido mercado, hay baja producción nacional de textos de la especialidad y de irregular calidad, excepto muy calificadas excepciones: Leonardo Schvarstein, Abraham Pain, Jorge Etkin, Aldo Schlemenson, Ernesto Gore y otros pocos. La bibliografía predominante proviene de traducciones de autores estadounidenses, donde solemos encontrarnos con textos de una pobreza intelectual formidable, aunque pese a ello suelen convertirse en best-sellers. 2- Establecimiento de estándares de desempeño. Es más fácil reconocer estándares en algunas áreas técnicas, tales como Remuneraciones, Capacitación, Legislación Laboral, etc., pero la consistencia se diluye cuando se abordan temas referidos a las relaciones laborales, interpersonales o referidas a la ética profesional, por lo cual es ésta una cuestión pendiente. 3- Existencia de una organización profesional representativa. Existen en la actualidad distintas asociaciones profesionales con personería jurídica, pero no se ha establecido un Consejo Profesional. Es una carencia que, en caso de ser debidamente institucionalizada y administrada, perfilaría los alcances de la profesión de un modo más concreto. 4- Otorgamientos de certificación. Hoy día nos encontraríamos con muchas dificultades en el otorgamiento de matrículas profesionales debido a que las personas que ejercen provienen de distintos ámbitos académicos (psicología, derecho, sociología, ingeniería, ciencias económicas, etc.), por lo que sería necesario establecer una transición que reconocieran la experiencia, los conocimientos y competencias de cada profesional para ser habilitado. 5- Reconocimiento externo de la profesión. En este punto claramente se está a medio camino, ya que la profesión no se encuentra totalmente reconocida en la sociedad. Es la consecuencia de muchas de las situaciones planteadas más arriba, respecto de la diversidad de títulos académicos referidos a los mismos objetivos y contenidos, más el hecho de que cualquier profesional proveniente de otras ramas del saber, o simplemente idóneos, son los que ocupan los cargos o funciones correspondientes a los profesionales de recursos humanos. En este punto es necesario detenerse y retomar el término “profesión”, vinculado al término “vocación”, pues hay una diferencia abismal entre ejercer vocacionalmente una profesión o, simplemente, desempeñar un trabajo remunerado. En muchas oportunidades, se destina al área de Recursos Humanos a quienes no se puede despedir por distintas razones (económicas, en nombre de viejas lealtades, etc.), y se parte del supuesto de que cualquiera puede ejercer una función en dicha área. Es parte de la definición que, quien ejerce, debe ser remunerado por ello, pero la remuneración no reemplaza ni reemplazará los fundamentos vocacionales que debieran sustentar la práctica profesional. 6- Un código de ética. A pesar de las deficiencias que se vienen anotando hasta aquí respecto de las condiciones necesarias para considerar profesionales a quienes se desempeñan en el área de Recursos Humanos, se tiende a poner de manifiesto la importancia de la ética como marco de referencia para todo aquel que desempeñe una función cuyo objeto sea la administración de los recursos humanos. Un ejemplo práctico es la referencia al juramento hipocrático, base del desempeño de los profesionales de la medicina.
17 de mayo de 2013
Etica Informàtica y Filosofìa de la Ciencia y de la Tècnica: La Cultura de las Pantallas.
LEER EN UN MUNDO DE PANTALLAS
Si en la mayoría de los hogares argentinos se frecuentan más las pantallas que los libros, como revelan estudios recientes, no debería sorprender que los chicos que viven rodeados de televisores, celulares y computadoras prefieran los medios tecnológicos a los gráficos. Tampoco, que lean y escriban en soportes digitales antes que en papel. Esta tendencia ha modificado el ejercicio de leer y ha dado lugar a nuevas formas de narrativa y de adquisición del conocimiento, entre otras importantes transformaciones.
Así opina Roxana Morduchowicz, autora del libro Los adolescentes del siglo XXI (Fondo de Cultura Económica), basado en las conclusiones de una encuesta nacional sobre consumos culturales del Ministerio de Educación de la Nación. Con esta postura coinciden destacados especialistas extranjeros, como Néstor García Canclini y Martín Jesús Barbero, que estudian el impacto de las tecnologías en la sociedad.
"Los sondeos de consumos culturales se repiten cada cinco años porque se estima que en ese lapso pueden surgir importantes modificaciones de actitudes y conductas -explicó Morduchowicz, responsable del diseño y la dirección de las investigaciones de 2006 y 2011-. Al tratarse de estudios cuantitativos (el último abarcó a 1200 adolescentes entre 11 y 17 años de todo el país), tienen la enorme virtud de funcionar como una radiografía: indican qué leen, qué escriben, qué ven, qué escuchan, por dónde navegan. Apuntamos al consumo cultural en el tiempo libre para conocer qué eligen los chicos cuando pueden elegir."
El panorama de 2011 reflejó la rapidez con la que se concretan los cambios tecnológicos y la velocidad con la que se instalan entre los más jóvenes. Dice la investigadora: "Hace cinco años ningún chico hablaba de redes sociales. Hoy el 95 por ciento tiene un perfil en Facebook. Hace cinco años, los jóvenes escuchaban música con CD y hoy la mayoría utiliza el teléfono o la computadora. En 2006 muchos todavía veían películas en DVD y hoy, muy pocos. Hace cinco años, el uno por ciento tenía un i-Pod y en la actualidad es el soporte más común. Incluso el celular, que antes tenía menos del 50 por ciento de los encuestados, ahora no le falta a ningún joven".
Estos resultados confirman una presunción de padres y docentes: "El mundo de los adolescentes es visual; un universo de pantallas", afirma Morduchowicz, doctora en Comunicación por la Universidad de París y especialista en Educación. "Tres pantallas -la del televisor, el celular y la computadora- enmarcan la vida diaria de los adolescentes. Los chicos pasan con ellas la mayor parte de su tiempo libre."
LECTORES DIFERENTES
Una cuestión que llamó la atención de los encuestadores fue por qué los chicos se consideran a sí mismos lectores si sólo la mitad dice que en su casa hay muchos libros (más de seis títulos) que no son para la escuela. Y sólo tres de cada diez tienen alguno de esos libros en su habitación.
"¿Cómo es el vínculo de los adolescentes del siglo XXI con la lectura? -plantea la autora-. La mayoría de los jóvenes (siete de cada diez) dice que le gusta leer, aun cuando no ubica los libros entre sus preferencias. En el último año, el 85 por ciento de los chicos leyó libros para la escuela. Pero sólo la mitad eligió alguno que no fuera de estudio. Y de ellos, la mayoría terminó sólo uno o dos títulos en todo el año. Los libros son los únicos bienes culturales que los chicos consideran 'viejos', posiblemente por su lectura lineal y en blanco y negro. Para los adolescentes, los libros están asociados con la escuela. La lectura de libros es una práctica en esencia solitaria y excluyente: se lee en soledad y sin realizar ninguna otra actividad en simultáneo (navegar por Internet o hablar por el celular)."
Aseguran que les gusta leer pero no están apegados a los libros. Mucho menos si no son de lectura obligatoria para el colegio. "Cuando dicen que leen, no piensan sólo en los medios gráficos", asevera Morduchowicz. Entonces, ¿qué leen? ¿Textos en pantallas? "Efectivamente, lo que más leen es información en Internet. Seis de cada diez chicos consideran sus búsquedas en la Web como lectura. El 30 por ciento menciona los blogs y perfiles en las redes sociales, y el 20 por ciento cita los diarios digitales", completa la especialista.
Es por eso que tanto ella en su trabajo como García Canclini en el libro Lectores, espectadores e internautas (Gedisa) y la española Gemma Lluch, doctora en Filología de la Universidad de Valencia, que estudia las narrativas paraliterarias y audiovisuales para adolescentes y las prácticas de lectura 2.0, hablan de nuevos lectores.
En "Leer ya no es lo que era" (texto que acompaña la Encuesta nacional de lectura. Informes y evaluaciones realizada en México en 2006), García Canclini plantea:
Quienes nos interesamos en promover la lectura nos interrogamos con frecuencia por qué se lee tan poco, a qué se debe que las nuevas generaciones lean menos, cómo hacer que se lea más y no sólo best-sellers. Este artículo parte de una sospecha: quizá hay otras preguntas clave que no estamos enunciando y tal vez sean indispensables para entender lo que está sucediendo con la lectura.
Unos ejemplos: ¿realmente los jóvenes leen menos, o están leyendo en otros lugares, de otra manera y con fines distintos? Y si no leen tanto como en otras épocas ¿por qué debieran leer más y qué valdría la pena que leyeran? ¿Se puede conseguir que aumente la lectura formando e incitando a los individuos, o la frecuencia y el tipo de lo que se lee depende de condicionamientos socioeconómicos y culturales? [.]
El punto de partida es averiguar cómo conviven ahora la cultura letrada, la cultura oral y la audiovisual. Efectivamente, los saberes y los imaginarios contemporáneos no se organizan, desde hace al menos medio siglo, en torno de un eje letrado, ni el libro es el único foco ordenador del conocimiento.
Crítica de la postura de quienes señalan Internet como responsable del escaso interés de los más jóvenes por los libros, Morduchowicz afirma: "Uno de los mayores temores de la generación adulta, ya sean los padres o los docentes, es que, con el auge y la presencia de las pantallas en la vida de los adolescentes, ellos ya no leen. Los estudios de consumo de aquí y del mundo demuestran lo contrario: no es que leen menos sino que lo hacen de manera diferente, en otros soportes y con otros fines. Internet ha revalorizado la lectura y la escritura: los chicos buscan información, ya sea para la tarea de la escuela, sobre su grupo musical o equipo de fútbol preferido. Participan en las redes sociales, en sitios interactivos. El blog de la autora de Crepúsculo, Stephenie Meyer, por ejemplo, está lleno de opiniones de adolescentes que comentan lo que ella escribe, le hacen preguntas, sugerencias. Hasta debaten sobre la historia y los personajes".
Otro fenómeno similar en Internet son los sitios web que administra el español Javier Ruescas, tomados literalmente por jóvenes y fanáticos lectores. El periodista madrileño, de 25 años, autor de la trilogía Cuentos de Bereth (Editorial Versátil), Tempus Fugit. Ladrones de Almas (Alfaguara) y Play (Montena), lleva adelante www.crepusculo-es.com (página en español sobre los libros de Meyer), que tiene más de 100.000 usuarios registrados. Ruescas es, además, redactor y fundador de la revista digital de literatura juvenil www.eltemplodelasmilpuertas.com , que ofrece artículos, entrevistas, reseñas y foros de discusión sobre el género y recomienda títulos (novedades y clásicos) en formato papel.
Un sitio ideal para que visiten padres e hijos es el de la revista digital Imaginaria ( www.imaginaria.com.ar ), especializada en literatura infantil y juvenil. Fundada en 1999 por los escritores Roberto Sotelo y Eduardo Abel Giménez, tiene frecuencia quincenal y en su sumario se destacan noticias sobre el género, comentarios de libros, galería de autores y textos para leer en pantalla. Entre los links recomendados está el de la Asociación de literatura infantil y juvenil: www.alija.com.ar
"Para los chicos, la búsqueda de información es lectura. Y tienen razón -continúa la autora de Los adolescentes del siglo XXI-. Esto es un desafío para los adultos, que deberíamos empezar a hablar de lecturas en plural. Porque no sólo hay diferentes maneras de leer sino que también hay diferentes tipos de lectura y de lectores. Todo debe ser en plural. Incluso, los programas de lectura de los ministerios de Educación nacional y provinciales, que son muy buenos, deberían llamarse 'planes de lecturas'."
En la actualidad, el Plan Nacional de Lectura contempla básicamente fomento de libros en papel y de la narración oral, aunque ofrece a los docentes programas de capacitación 2.0 como "Literatura y medios: puentes entre lo analógico y lo digital". Además, les explica dónde y cómo conseguir versiones digitales de clásicos de la literatura universal.
"Autores como García Canclini y Barbero sostienen que vivimos en una sociedad multicultural no sólo por las diferentes etnias y religiones, sino también porque en una misma sociedad conviven la cultura letrada, la audiovisual, la digital, la oral -continúa Morduchowicz-. Entonces, es necesario que los chicos manejen las tecnologías, pero también que los adultos entiendan que todas las formas son válidas. Enseñar a apreciar una película o a navegar por la Web es hoy en día tan fundamental como leer un libro, un diario o una revista en papel."
MULTIPROPÓSITO Y MULTITAREA
Los resultados de la encuesta nacional del Ministerio de Educación confirman lo que padres y maestros ven a diario en los hogares y las aulas: apenas el 15 por ciento de los adolescentes utiliza un solo medio por vez; el 85 por ciento restante lo combina con otros en forma simultánea.
"Hablamos de una generación multimedia no por la variedad de medios y tecnologías de los que disponen sino porque las usan al mismo tiempo. Mientras ven televisión, hablan por celular, navegan por Internet, escuchan música y hacen la tarea", describe Morduchowicz.
Ilustración: Pablo Vigo.
La modalidad de multiprocesos simultáneos, tal vez la única forma válida para los adolescentes, provoca espanto y terror en muchos adultos. "Algunos creen que una atención tan fragmentada seguramente perjudicará la tarea escolar. No hay estudios en el mundo, quizá porque es muy pronto, que digan que un chico que abre cinco ventanas a la vez en distintos soportes o pantallas repruebe la escuela. Sí tienen una atención diferente. Para esta generación, el zapping no es una actitud frente al televisor, como hacemos los adultos con el control remoto, sino ante la vida. Hacen zapping permanentemente, abren ventanas sin cerrar las anteriores, los medios se superponen. Tienen una manera de aprender, de leer, de concebir el mundo, diferente de los adultos de hoy, pero no por eso mejor, peor o menos profunda", asegura la especialista.
El sociólogo Alberto Quevedo, integrante del consejo académico de Flacso, se ubica en la misma línea, ya que considera que el concepto "multitasking (multifunción) formatea a los jóvenes en una destreza de la atención diversificada" y que es, además, el modo de adquirir los bienes culturales.
Si bien el historiador francés Roger Chartier, director de estudios de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París, no cuestiona el uso intensivo de las pantallas que hacen los adolescentes, en sus investigaciones define las técnicas de lectura en soporte digital como "una forma de zapping, de discontinuidad, de secuencias breves". En una entrevista para adncultura, realizada por Gustavo Santiago, el autor de El mundo como representación declaró:
Estamos frente a nuevas generaciones de lectores que han construido sus hábitos frente a una inscripción textual que no tiene mucho que ver con la práctica clásica del libro, del diario. En esos casos es probable que surjan dificultades en la lectura por una inapropiada aplicación a los textos impresos de la manera de leer que se ha construido frente a la pantalla y que supone la segmentación, la fragmentación. Éste es un desafío fundamental, que debe considerar -y que ya considera- la escuela.
Los programas Conectar Igualdad, del gobierno nacional, y Plan Sarmiento, del gobierno porteño, responden al desafío que plantea Chartier: que la computadora (y todo lo que esa tecnología implica) no quede fuera de la escuela.
PANTALLA O PAPEL
Las transformaciones suscitadas por los hipertextos que leen chicos y grandes en la Web (de la lectura lineal al hipervínculo) son, en la actualidad, tema de estudio de sociólogos, historiadores, lingüistas, comunicadores, educadores y hasta editores y autores.
Francisco Albarello, doctor en Comunicación Social, centró su tesis de doctorado en el impacto de las pantallas y volcó las conclusiones en el libro Leer/navegar en Internet. Las nuevas formas de lectura en la computadora (La Crujía). Consultado por adncultura, opinó: "Estos cambios pueden ser analizados desde dos enfoques: desde el lugar del dispositivo de lectura y desde la perspectiva del lector".
En relación con el primer punto, el profesor de la Facultad de Comunicación y de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral explicó: "Sabemos que hemos pasado de una lectura limitada al texto impreso como dispositivo especializado -es decir, con el que no se puede hacer mucho más que leer- a pantallas multimedia con las que se pueden realizar muchas otras actividades. Los cambios en el nivel físico del acto de lectura no tienen que ver solamente con las características del texto digital sino también con el hecho de que usamos aparatos multifunción convergentes. En mi investigación sobre la lectura en la computadora de escritorio (realizada entre 2003 y 2008), una de las conclusiones fue que los jóvenes eligen leer en pantalla porque allí pueden realizar muchas cosas a la vez, entre otras, leer. Pero esto, al mismo tiempo, es el principal factor que hace a un tipo de lectura superficial, dispersa, distraída. Entonces, el principal atractivo de la pantalla es a la vez la principal limitación para leer en forma concentrada".
Autor del blog www.hiperlecturas.blogspot.com , Albarello dice que dependerá de las metas de lectura de cada individuo que resulte posible o no leer textos largos en pantalla sin perder la concentración. "Los jóvenes eligen los dispositivos digitales o los libros de acuerdo con sus diversos intereses de lectura. Tal vez elijan leer en forma concentrada en papel para un examen de la escuela o la facultad, porque reconocen que de ese modo no se distraen con los estímulos de la pantalla. Pero deciden leer en ésta otro tipo de textos, más pragmáticos y breves como las conversaciones a través de las redes sociales, y para esto no hay nada mejor que los dispositivos móviles (notebooks, netbooks, tablets y smartphones). Las redes sociales como Facebook y Twittter representan hoy una mezcla de oralidad y escritura donde la velocidad de interacción (esto es, escritura y lectura a la vez) marca el ritmo de una conversación fugaz e infinita; los textos se entremezclan con las imágenes y se hibridan los géneros textuales tradicionales. El concepto de lectura ha entrado en crisis: hoy asistimos a una lectura/navegación en la que es tan importante el contenido de lo que se lee como las competencias digitales para acceder a aquello que se lee."
Gemma Lluch, investigadora de la Universidad de Valencia (España), subraya la influencia del lenguaje audiovisual en la escritura: "Hay cambios en los textos, especialmente porque la escritura en las pantallas se realiza al mismo tiempo que la lectura. Es decir, el relato se narra mientras ocurren los hechos y otros lo leen. Por lo que la identificación entre autor y lector es mucho mayor que en el papel. Pero más allá del texto, los cambios más importantes son los que ha aportado la Web 2.0 al acto de leer: como en épocas anteriores, la lectura volvió a ser pública y compartida".
NATIVOS Y RESIDENTES DIGITALES
Quienes todavía piensen que los chicos usan la computadora o se conectan a Internet sólo por los videojuegos desconocen qué sucede en realidad. El 75 por ciento de los encuestados dijo que utiliza la Web para entrar en alguna red social, donde tiene perfil propio y se comunica con sus amigos. Con respecto al tiempo que pasa conectado durante el día, el 55 por ciento respondió que lo hacía entre dos y cuatro horas.
"En las pantallas, los adolescentes encuentran textualidades diferentes. Las redes sociales y en especial Facebook, que es el gran lugar de los jóvenes, supone un tipo de escritura que no tiene las reglas de la escuela. En principio porque es fragmentaria, quebrada, no respeta las reglas ortográficas; sin embargo, hay narrativas que mezclan distintos recursos como palabras, imágenes, videos, música, ilustraciones -dice Quevedo-. Esto no es desechado por la escuela, que muchas veces, para actos o trabajos prácticos, recurre a chicos que tienen capacidad de armar una estructura narrativa que no sea puramente textual."
Así como algunos especialistas dividen la actitud frente a la tecnología con los conceptos "nativos digitales" o "inmigrantes digitales", el sociólogo es partidario de otra clasificación: residentes y usuarios. "Los usuarios son como yo: llego a mi trabajo, prendo la computadora, la utilizo, navego, pero cuando termino, la apago y listo. No estoy conectado. Uso la tecnología porque es una herramienta para trabajar, pero nada más. Los residentes, como mi hija de 19 años, están conectados todo el día. Residen en el mundo de la tecnología."
Usuario tecnológico pero no fanático, Quevedo confiesa que fue su hija quien lo convenció de que Twitter es más interesante que Facebook: "El desafío de los 140 caracteres genera escrituras donde se valora la ironía, el humor, la inteligencia del autor. Roberto Arlt decía que un buen artículo es el que empieza con un cross a la mandíbula. Los tuiteros sólo tienen golpes a la mandíbula como desafío. La restricción opera como un desafío a la creatividad. Hay que poder escribir 140 caracteres y ser original. En eso se enganchan más los pibes que los adultos".
Autores de libros infantiles como Fernando de Vedia (Las increíbles historias de Morton Fosa es favorito entre los fanáticos de las historias de terror) tienen en cuenta los cambios de hábitos provocados por la tecnología cuando piensan en sus jóvenes lectores. De Vedia los describe así: "Son nativos digitales, que nacieron en una época dominada por la imagen, Internet, el teléfono móvil, el chat, Facebook, YouTube y televisión con cientos de señales. Que leen más que nunca, pero de manera fragmentada y no necesariamente libros; que escriben más que nunca pero no cuentos sino con los dos pulgares. A ellos, la escuela y los libros les permiten viajar, conocer otros mundos, otras vidas, aprender y alimentar la imaginación".
Su página web ( www.fernandodevedia.com ) es un buen ejemplo de un sitio pensado para chicos internautas: es interactiva (los navegantes pueden escribir el final de un cuento, por ejemplo); tiene un diseño atractivo, con actividades para el aula, vínculos para saltear la lectura lineal, videos, dibujos, fotos y hasta organiza sorteos. Hay, además, un link al blog del autor, que se presenta como un espacio para el fomento de la lectura y la creatividad.
Otros escritores, como Ana María Shua y Liliana Bodoc, no creen que la lectura en pantalla modifique, por ahora, la producción literaria: "Cuando apareció la imprenta, muchos fundamentalistas de la caligrafía exquisita consideraron el nuevo soporte como un franco deterioro de la relación palabra-escritura. Algo semejante se repite con relación a estos nuevos soportes -dice Bodoc-. Yo sigo eligiendo los libros, pero entiendo que es necesario apropiarse de estas nuevas e inevitables circunstancias. Los futuros lectores harán lecturas más intertextuales, más interactivas y, sobre todo, más caóticas si las comparamos con nuestra estricta organización capitular. La literatura va a encontrar su casa en este nuevo mundo y seguirá imponiendo su gracia sobre la mediocridad".
Para Shua, "este tema, que es sin duda fascinante y está produciendo enormes cambios sociales, por el momento no tiene gran influencia sobre la literatura. Las personas a quienes interesa la ficción son hoy, igual que siempre, una pequeña minoría. El soporte no influye sobre los contenidos. La Eneida se puede leer en un papiro, en un códice, en un libro, en un Kindle o en una tablet. Es cierto que las renovaciones tecnológicas provocan cambios también en la literatura, y no sólo cambios de paisaje. La novela, por ejemplo, es hija de la imprenta. Todavía no sabemos qué novedades literarias traerá la revolución informática".
Natalia Blanc, La Naciòn, Mayo de 2013
7 de mayo de 2013
Etica Informàtica: Vivir sin Internet.
Un redactor de un popular blog de tecnología se desconectó por completo durante 365 días. Cómo fue su experiencia.
En este mundo hiperconectado... ¿es posible vivir sin Internet? Un redactor del popular blog de tecnología estadounidense The Verge se propuso el curioso experimento de desconectarse un año de la Web, y "sobrevivir" para contarlo. Y lo logró.
Paul Miller tiene 26 años. El 1° de mayo de 2012 emprendió su aventura. "Lo hice pensando que Internet me estaba haciendo improductivo, que estaba 'corrompiendo mi alma'", dice Miller, quien durante 365 días se convirtió en una persona "Internet free". Jura que pasó todo ese tiempo sin chequear el correo, navegar por Internet ni utilizar ninguna red social. Volvió al mundo online hace una semana, el 1° de mayo, y en el blog contó su experiencia.
Al principio, dice Miller, estaba contento con el cambio. "Mi vida se lleno de acontecimientos: encuentros con personas en la vida real, paseos en bici, y literatura griega. Sin saber cómo, escribí la mitad de mi novela y conseguí entregar mi artículo a tiempo cada semana", cuenta. Sin embargo, empezaron a aparecer las complicaciones: "Es difícil decir qué cambió exactamente. Supongo que en los primeros meses estaba tan bien porque sentía la ausencia de las presiones de Internet. Mi libertad era tangible. Pero cuando dejé de mirar mi vida en el contexto de 'Yo no uso Internet', la existencia offline se me antojó vulgar y sacó lo peor de mí". Durante el experimento, su mejor amigo se mudó a China y dejaron de conectarse, al igual que con un compañero que cambió de trabajo y a quien le perdió el rastro.
En este año, una conferencia en Nueva York a la que asistió le resultó reveladora. Allí, el teórico de la red Nathan Jurgenson habló sobre cómo hay "mucha realidad en lo virtual y mucha virtualidad en lo real". Así, Paul entendió que Internet es parte de su vida. Así lo cuenta él: "No voy a decir que mi vida era diferente sin Internet, pero tampoco era la vida real". La experiencia le dejó a Miller siete kilos menos y mucho para opinar sobre la incidencia de la Web en nuestras vidas. "Cuando vuelva a Internet, quizás no la use bien. Quizás gaste tiempo, o me distraiga, o clickee en los links equivocados. No tendré tanto tiempo para leer, para la introspección o para escribir la gran novela de ciencia ficción americana. Pero por lo menos, estaré conectado", concluye su reportaje.
Clarìn. Internet. Mayo de 2013
5 de mayo de 2013
Filosofìa de la ciencia y de la tècnica: las formas de la lectura.
Cómo llevar un paraíso en el bolsillo
Por Ariel Torres | LA NACION
El jueves empezó la Feria del Libro. Van 39 ediciones. Recuerdo cuando empezó. Era un adolescente entonces, y ya estaba irremediablemente enamorado de la lectura.
Dos días antes, el martes, se celebró el Día del Libro y del Idioma. La fecha fue elegida porque el 23 de abril de 1616 fallecieron Cervantes y Shakespeare (y Garcilaso El Inca). En rigor, Cervantes murió el 22, pero su deceso fue registrado el 23.
Sin embargo, casi 400 años después -más de 550 desde la invención de la imprenta de tipos móviles- el libro está en un entredicho. Entre el video (parece que sin video no podemos entender ni cómo se usa el control remoto de la tele) y el e-book, al libro de papel se le adjudica un cierto tufillo a pasado de moda.
Ya he dicho en otra columna que lo que importa no es el libro, sino la lectura ; incluso he trazado las diferencias entre el papel y el e-book . Pero me viene quedando algo en el tintero, si me permiten el arcaísmo.
Es algo que no tiene que ver con la utilidad de leer. Con Alicia Bañuelos hablamos largo y tendido, este verano, sobre la misión fundamental de la lectura en la formación de un individuo. Pero esta vez no me voy a centrar en ese aspecto, pese a su urgente importancia. Desesperante importancia, me atrevo a decir.
Hoy quiero responder una simple pregunta. ¿Por qué leemos? Quiero decir, los lectores impenitentes, ¿por qué leemos? ¿Porque es útil? ¿Para volvernos más cultos? ¿Más inteligentes?
No, señor.
Leemos por placer.
HELADO DE CHOCOLATE
Suena trillado, ya lo sé, pero no lo es. Porque cuando se habla del placer de la lectura, hoy se lo hace con una asepsia quirúrgica. Se habla de este deleite sin la menor convicción, y esto se nota, los lectores lo notamos. Es raro que se afirme que el helado es placentero, ¿no? A lo sumo, un fabricante dirá que sus helados son los más ricos del planeta, pero nada más. Todo el mundo sabe que comer helado da placer. No hace falta mencionarlo. Entonces, ¿por qué se habla del placer de la lectura? Peor: ¿por qué se lo menciona con tanta ceremonia?
Porque es una mera etiqueta, por eso. Si algo está discursivamente apartado de la lectura, en nuestro tiempo, es el placer. El placer -en los mensajes, en el discurso- aparece asociado a otras actividades y objetos, no a los libros, no a la lectura. En los libros está, quizá, la cultura (de pie, por favor), pero no el disfrute.
Por eso, cada vez que alguien me invita a un debate sobre e-books versus libros convencionales me doy cuenta de que desconoce el placer de leer. De otro modo sabría que los lectores consumimos casi cualquier cosa legible, sin importar demasiado el sustrato, la tipografía o la calidad del papel. Nos molesta mucho más una traducción obtusa que una mala encuadernación. O que la impertérrita pantalla de tinta electrónica.
Es cierto que muchos nos inclinamos por el libro tradicional; nos llaman dinosaurios y cosas así. Nunca se preguntan el porqué de esta preferencia. Nos prejuzgan nostálgicos (¡obvio, si nos gusta leer estamos obsoletos!). Pero nada que ver. La preferencia por el libro de papel se debe a que la lectura se disfruta con todo el cuerpo. Leer es un placer sensual.
Reitero: leer es un placer sensual.
Está tan lejos de ser un abstracto ejercicio intelectual como lo están la danza o el escalar montañas. O el helado de chocolate, para el caso.
(Que el texto sea el único capaz de profundizar en las materias más abstractas no hace sino testimoniar la extraordinaria naturaleza de la escritura. Todo bien con el video y las PPT, pero si vamos a hablar en serio de física, matemática, política, historia, filosofía o crítica literaria, por citar sólo un puñado de asuntos, vamos a tener que aventurarnos en extensas jornadas de texto. Es eso o resignarnos a un mero barniz de conocimiento.)
La obra literaria se vive con todo el cuerpo, y así, el tomo de papel, con su peso, su volumen, su textura y su perfume, integra su propia corporeidad a esta experiencia. En cambio, los e-books son textos descarnados, incorpóreos, y sus emisores, los e-readers, huelen, en el mejor de los casos, a plástico; en ellos pesa lo mismo Madame Bovary que Rayuela ; cuesta habituarse a eso.
Pero, como dije, no nos importa demasiado. A la larga, no nos importa. Leer nos causa tanta felicidad que seguiríamos regocijándonos con nuestras páginas favoritas aunque tuviéramos que volver a la arcilla sumeria. Una buena edición ayuda, concedido. Pero este placer es silencioso, eterno e independiente de lo accesorio. Los lectores tendemos a preferir el libro de papel, pero nos enamoramos de los e-books el día que nos damos cuenta de que nos permiten acceder, mediante Internet, a casi cualquier obra publicada. Parafraseando a Borges, es como llevar el paraíso en el bolsillo.
¿Qué sentimos cuando nos sentamos a leer? Como 1000 veces más entusiasmo que cuando se apagan las luces y empieza la película. Eso es lo que hoy vengo a reclamar, el placer de leer, la exaltación que nos proporciona la página impresa. Reclamarlo, digo, porque a la lectura se la trata cada vez más como si fuera un jarabe para la tos. "Tomalo, nene, que te hace bien. No es tan divertido como un video, pero te hace bien."
EL BÚNKER DE PAPEL
Es al revés. Ninguno de nosotros lee por razones pragmáticas. Ni para darnos corte. No leemos porque esté bien leer. Leemos porque nos gusta, así de simple. No le busquen más vueltas porque no las hay. Leemos porque nos causa placer, de una forma muy semejante a como nos causa placer oír música o caminar por la playa o hamacarnos o conversar con amigos.
Compramos libros para leerlos. Parece obvio, pero en ese caso no entiendo por qué cada tanto algún visitante me pregunta: "¿Y vos leíste todo eso?"
Compramos libros para leerlos, y la mayoría de las veces los leemos ese mismo día. O esa misma semana. A veces, es cierto, destrozamos la tarjeta de crédito y no damos abasto para leer todos esos volúmenes enseguida. Pero daremos cuenta de ellos minuciosa y sistemáticamente. ¿Por qué? Porque nos encanta leer. Arrasar una winery, llevarnos un par de Malbec de leyenda y dos kilos de delicatessen que nos envidiarían en Síbaris es un pálido reflejo de lo que los lectores sentimos cuando compramos libros.
Otro mito: no, no leemos todos los días. Cuando estamos atravesando una mala época, con problemas o conflictos, con duelos, con tristezas, no leemos o lo hacemos apenas, tal vez para encontrar una palabra de aliento. Por la misma razón dejamos de oír música y hasta se nos corta el apetito. Cuando uno está mal no tiene ningún ánimo festivo, y para nosotros leer es una fiesta.
Y sí, claro que existe un hambre de lectura. Si alguien no se hace tiempo para leer es porque todavía no ha germinado en él esa hambre, que es voraz, que no admite postergaciones y que a veces se calma con sólo picar algunos párrafos al azar. Por eso, también, cultivamos bibliotecas.
Lo que me lleva a otro detalle que concierne a los e-books. Es muy difícil tener un libro electrónico. En el mejor de los casos son archivos digitales e intangibles. Dadas algunas de sus virtudes, les perdonamos esto, pero a los lectores nos gusta caminar frente a los estantes y tomar un volumen aquí y otro allá, hojearlos, leer una página, una estrofa, recitarla en voz alta. Creo que nadie sabe lo que es sentirse seguro si nunca se refugió entre sus libros.
AH, ESA PREGUNTA...
Pero, ¿qué es exactamente lo que tanto nos gusta de leer? Mire al sujeto que lee. Está casi inerte, lo único que mueve son sus ojos -un poco como el que sueña, aunque por otros motivos- y, sin embargo, está siendo sacudido por imágenes, sensaciones y vivencias. Un buen libro es como una Matrix portátil que se alimenta del más poderoso motor de 3D y efectos especiales de la naturaleza: la mente humana. Si alguien ve en un libro sólo una aburrida secuencia de páginas llenas de letra es que todavía le falta despertar esa facultad dormida en su cerebro.
Los lectores vemos los libros de otra forma. Son pasajes a otros mundos. No ventanas. Pasajes.
Pero esa imaginería que nos transporta a nuevos escenarios y otros tiempos es sólo el comienzo de este deleite. Después está el texto en sí.
¿Por qué veneramos a Cortázar, García Márquez, Rulfo o Saer (y la lista podría seguir por más de una hora, y aun así no sería ni remotamente exhaustiva)? Los veneramos porque el texto bien tejido es una forma de la felicidad. Como nos deleita el aria de la Reina de la Noche, de La flauta mágica , también nos embriagan esas palabras en particular ordenadas en esa secuencia específica, ese enhebrarse de las oraciones, ese delicado tejido cuya naturaleza varía de autor en autor, de obra en obra. Los lectores tenemos en nuestra memoria, clara y distinta, la sensación que nos deja cada estilo, y hemos desarrollado una sensibilidad que es al texto lo que el oído a la música. En no pocos casos, recordamos de memoria los pasajes que nos han marcado para siempre. Los que nos cambiaron la vida.
Y de ninguna manera la lectura termina en eso. Todavía queda ese perturbador poder que tiene el escritor para suscitar nuestras emociones. El leer puede volverse tan intenso que resulta insoportable. Quizás estaba demasiado tierno cuando intenté Crimen y castigo por primera vez, y recuerdo que terminé apartándolo espantado en el Capítulo V. No volvería a esa obra por más de una década, cuando la horrenda impresión que me había dejado aquella escena empezó a desvanecerse. Sin embargo, me basta volver a visitarla para regresar a mis 12 o 13 años y sentir de nuevo, 40 años después, esa violenta repulsión. Tales son las tormentas a las que estamos habituados los lectores.
En este sentido, la poesía alcanza, lo sabemos, las cimas más altas. Leemos y releemos a Dickinson, a Vallejo, a Rimbaud, a Thomas, a Whitman (y muchos más) porque nos empujan hasta los mismísimos límites de la conciencia humana y nos atraviesan el alma y el cuerpo no sólo con las emociones que anhelamos u odiamos, sino también con aquellas que no sabíamos que podíamos sentir.
He releído estos días fragmentos de El paraíso perdido . En mi smartphone. En voz alta, como corresponde. La pantalla táctil y los pixeles se volvieron enseguida insignificantes, transparentes. Desaparecieron y dieron paso a la tremenda voz de un Milton sexagenario y completamente ciego, una voz tan poderosa que viajó 349 años sin atenuarse en absoluto. Ah, y ya que estamos, el smartphone mejoró la experiencia al permitirme buscar con un toque, en el diccionario integrado, las palabras cuyo significado no recordaba. Mire qué cosa. Vino a resultarme más apto para leer un poeta del siglo XVII este smartphone del siglo XXI.
DE RATONES Y OTROS REPTILES
La imagen que suele pintarse de los lectores como ratones de biblioteca es tan falsa como sintomática. Quienes la esgrimen se exponen más de lo que imaginan: se les nota que nunca se asomaron al placer de la letra escrita. Una pena. Se lo pierden.
Casi sin fisuras, el arquetipo del lector es representado por un sujeto timorato, debilucho, un alfeñique de lentes (como si usar lentes fuera un estigma) que lee mucho porque vive poco. Salir a comer, ir al cine, ir a bailar o tomar sol en la plaza sí que es vivir. Leer, no. Por favor.
Pero hay otra cosa. No se me ocurre una mejor forma de vivir la vida que habiendo recorrido las grandes páginas, no sólo porque el que no sabe es como el que no ve, y los libros enseñan mucho, sino, y sobre todo, porque leer es como experimentar muchas vidas, muchas veces, en muchos lugares. A fin de cuentas, ¿cuántos de los que nos critican por vivir poco han sido Ismael en el Pequod? ¿Cuántos fueron Holden Caulfield? ¿Cuántos han sido, en esta vida, Tristán, Isolda, Estanislao e Irene?
***
Leer es útil. Muy útil. Es conveniente y ventajoso. Ayuda a entender el mundo y la vida. Te puede conseguir un mejor empleo y a salir de una crisis; al menos, a sobrellevarla. Leer te forma y te informa, te brinda argumentos, te abre los ojos, te procura perspectiva, te libera del demagogo. Hasta te ayuda a mirar mejor las películas y los videos. A encontrarle nuevos sentidos a tu música predilecta. Se vive más y mejor gracias a la lectura, porque leer es ampliar la conciencia.
Pero, sobre todo y antes que ninguna otra cosa, leer es una dicha...
De "La Naciòn", Mayo de 2013
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